Nación
20 menores quemados: la pólvora vuelve a encender las alarmas en Colombia
La pólvora no es un juego, no es tradición, no es alegría. Es un artefacto peligroso que puede convertir una celebración en tragedia.
El uso de la pólvora durante las festividades decembrinas sigue siendo una práctica que pone en riesgo la vida y la integridad de cientos de personas en Colombia. A pesar de las campañas de prevención y de las advertencias reiteradas de las autoridades, cada año, niños, jóvenes y adultos resultan lesionados. La pólvora, lejos de ser un símbolo de celebración, se ha convertido en un detonante de tragedias que dejan cicatrices físicas, emocionales y sociales.
Las cifras nacionales son contundentes y deberían bastar para generar conciencia. Con corte al 7 de diciembre, ya se han registrado 102 personas quemadas por pólvora en el país. Lo más alarmante es que 20 de esos casos corresponden a menores de edad, quienes deberían estar protegidos por sus familias, pero terminan expuestos a riesgos que pueden marcar sus vidas para siempre.
En este contexto, Santa Marta ya reporta su primer caso de lesionado por pólvora en la temporada. Se trata de un hombre de 27 años que sufrió quemaduras de segundo grado y ruptura de tímpano. Este hecho, ocurrido en los primeros días de diciembre, es una muestra de cómo la problemática no distingue edades ni regiones, y de cómo la indiferencia frente al peligro sigue abriendo espacio a tragedias que pudieron evitarse. La ciudad, como el resto del país, enfrenta el reto de erradicar el uso de la pólvora como parte de las celebraciones.
El marco legal en Colombia es claro y busca responsabilizar a los adultos que permiten que menores manipulen pólvora. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), las Comisarías de Familia e incluso la Fiscalía General de la Nación pueden abrir investigaciones por protección de menores. Si un niño resulta lesionado, el caso puede llegar a un escenario penal. El artículo 220 del Código Penal establece que el adulto responsable podría enfrentar cargos por lesiones personales culposas y por omisión de cuidados. Además, la sanción pecuniaria contempla multas de hasta cinco salarios mínimos legales vigentes cuando un menor sufre quemaduras o daños corporales por pólvora. Estas medidas no son simples advertencias, son consecuencias reales que buscan frenar la irresponsabilidad y proteger a los más vulnerables.
Sin embargo, más allá de las sanciones legales y económicas, lo que está en juego es la vida. La pólvora no es un juego, no es tradición, no es alegría. Es un artefacto peligroso que puede convertir una celebración en tragedia. La ciudadanía debe entender que cada vez que se enciende un cohete o se manipula un artefacto explosivo, se abre la posibilidad de una lesión irreversible y de un proceso judicial que marcará a las familias.
La comunidad tiene herramientas para actuar y prevenir. Las líneas de atención están disponibles para denunciar y proteger: emergencias al 123, bomberos al 3188763338 y protección de niños, niñas y adolescentes al 141. Cada llamada puede salvar una vida, evitar una tragedia y enviar un mensaje claro de rechazo a la pólvora. Denunciar los lugares clandestinos donde se comercializa es un acto de responsabilidad colectiva que protege la vida y la seguridad de todos.
No se necesitan más quemados para comprender que la pólvora no es tradición, sino peligro. La verdadera celebración está en el cuidado mutuo, en la unión familiar y en las expresiones culturales que no ponen en riesgo la vida.
