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ICE. Helados de indignación

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Por Pedro Luis González Escorcia

Helados: Así se encuentran muchos estadounidenses ante los sucesos que han tenido lugar al interior de su país como consecuencia de las políticas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos, (ICE, por sus siglas en inglés). El nombre de este organismo, que en ingles significa “hielo”, es el origen de este título, que busca, a través de los hechos, esclarecer los sucesos que hoy tienen a la potencia del norte ad portas de una guerra civil, ya no por la liberación de los esclavos, sino por la lucha contra el abuso y el oprobio.

La política migratoria del ICE, en el segundo mandato del presidente Trump se ha dirigido principalmente contra los inmigrantes del mal llamado “tercer mundo”: desde el sur del rio Bravo hasta la Patagonia, pasando por África, y las naciones pobres de Asia. Para el primer mandatario, estas personas son un fortín de delincuencia común y del narcotráfico, que poseen las costumbres más insanas y monstruosas como el consumo de caninos y felinos domésticos, señalamiento este que expresó el presidente Trump en el debate presidencial de la cadena ACB, cuando aseveró: “En Springfield, se están comiendo a los perros. La gente que entró se está comiendo a los gatos. Se están comiendo a las mascotas de la gente que vive allí.”. La acusación iba dirigida a los inmigrantes haitianos residentes de ese sector, sin evidencia alguna constatada por las oficinas de las autoridades locales que luego desmintieron la infamia. Ese fue el pistoletazo de aviso de los que se venía en poco tiempo.

Para el 10 diciembre de la pasada anualidad en Pensilvania, Trump sin tapujos arremetió contra el continente africano, con todo el desparpajo y la seguridad que le da su cargo, expresó: “¿Por qué solo aceptamos gente de países de mierda, no podemos tener gente de Noruega, Suecia, Dinamarca, solo unos cuantos, gente amable…, pero siempre llevamos gente de ¡Somalia!, países que son un desastre, sucios, asquerosos, repugnantes, plagados de delincuencia, lo único que se les da bien es perseguir barcos.” . Las palabras se convirtieron en hechos. El 15 de enero de 2026, el gobierno de los Estados Unidos suspendió la expedición de visas para 75 países, incluida Colombia, como es de esperar la medida no afecta a suizos, daneses, noruegos o alemanes y un inmenso etcétera de personas que comparte las cualidades idóneas deseadas por la administración actual: blancos, con dinero y preferiblemente de ojos claros.

Con esta carta verde, el ICE, bajo el mando de su jefe incuestionable Gregory Bovino, comenzó lo que se convertiría en una cacería sin precedentes. En EE. UU, al igual que en la mayoría de democracias en el mundo, para que un agente del estado con funciones de policía pudiese entrar a una residencia privada, requería la orden de un juez. Ello fue así hasta mayo de 2025, cuando se emitió un memorando interno de la oficina del ICE conocido recientemente, que autoriza a sus fuerzas entrar a las viviendas que consideren sin una orden judicial, ampliando el margen de búsqueda y posterior captura de inmigrantes. En entrevista con CNN, Mark Graber, experto en derecho constitucional y profesor de la Universidad de Maryland dijo que “La Carta de los Derechos, pensábamos, eran las primeras diez enmiendas, con el memorando recién descubierto, supongo que ahora solo nos quedan nueve”.  Desde entonces es común ver a estos agentes revestidos de la autoridad federal entrar y salir de las residencias de los estadounidenses a placer.

Feral ha sido la escalada de la violencia, recientemente se viralizaron imágenes de cinco oficiales del ICE estrellando el rostro de un inmigrante contra el gélido asfalto, cuatro de ellos lo doblegan mientras otro le acribilla la cara a rodillazos. La indignación crece en un país en el que los ciudadanos, amparados por la segunda enmienda están armados hasta los dientes. Según un artículo de CNN, esa nación es la única del orbe en la que hay más armas que personas: 120 armas por cada 100 habitantes, lo que supondría que los nacionales poseen 393 millones de las 857 millones de armas civiles disponibles en el mundo, el 46% del arsenal civil mundial. Un solo disparo contra un miembro del ICE podría encender la mecha de una confrontación interna definitiva.

La línea entre la persecución y el asesinato, terminó por romperse con Silverio Villegas, inmigrante mexicano, baleado en Chicago por miembros del ICE. Silverio había emigrado a EE. UU hace dieciocho años, padre de dos hijos por quienes había luchado incansablemente por su custodia. Tras dejar a sus hijos en la escuela fue perseguido por las autoridades migratorias, al percatarse de la presencia de los uniformados, Silverio se dio a la huida, en la persecución encontró la muerte, su automóvil se estrelló contra la defensa posterior de un camión con su cuerpo inerte al volante.  La patrulla fronteriza asevera que el inmigrante trató de atropellar a un agente y por eso se vieron obligados a disparar. Ningún video o evidencia respalda esta teoría hasta el momento. Silverio no tenía una sola anotación criminal en sus antecedentes.

Las tragedias no discriminan, esta vez la víctima fue una ciudadana norteamericana de nacimiento, blanca y una madre ejemplar, con todos los valores que enorgullecen al norteamericano promedio. Los sucesos tuvieron lugar en la Calle East 34th Street y Portland Avenue, Mineápolis, Minnesota. Renee Nicole Good de 37 años. El pasado 7 de enero, Renee, madre de tres hijos acababa de dejar a uno de ellos en la escuela cuando es rodeada por agentes del ICE, aterrorizada dialoga con sus perseguidores, les expresa que está bien y que solo quiere irse, los agentes tratan de abrir la puerta de su vehículo, la madre gira el volante hacia la derecha en busca de una ruta de escape, Jonathan Ross de las fuerzas del ICE inicia fuego, y descarga los proyectiles, la camioneta se desplaza unos cuantos metros para estrellarse contra otro automóvil al que sobrepasa para finalmente ser detenida por un poste. Al igual que Silverio, la humanidad de Renee descansó por última vez sobre el manubrio.  Según reporte de los bomberos de Mineápolis, la víctima tenía cuatro disparos en su cuerpo, dos en el pecho, uno en el hombro y otro que se alojó en el rostro. Desde entonces la tensión en Minnesota ha escalado, marchas, protestas, insultos contra miembros de la patrulla fronteriza no se han hecho esperar. El pueblo estadounidense exige justicia. El presidente Trump calificó a la víctima como “irrespetuosa”. Frente a las dudas de la prensa el vicepresidente J.D Vance, respaldó a Ross alegando que el goza de “inmunidad absoluta”.

Pero el cenit de la historia no llega aún. En la calle 26 con avenida Nicollet, Mineápolis, Minnesota. La nueva y mortal víctima fue Alex Pretti de 37 años. El enfermero de profesión se encontraba en una marcha contra el ICE, indignado por la muerte de Renee Good, cuando se percata que miembros del ICE forcejean con una mujer a la que arrojan al frío piso, lo que envalentona a Pretti y sale en su defensa, inmediatamente es rociado con gas pimienta; mientras su mano izquierda sostenía el celular, con la derecha intentaba cubrirse del químico. Los miembros del ICE lo redujeron violentamente y le quitaron el arma que gracias a la segunda enmienda portaba de manera legal, arma que nunca desenfundó para amenazar la vida de nadie. Una vez desarmado y sometido, recibió una lluvia de golpes que culminó que un disparo que acabó con su vida. Mientras el ICE se alejaba de la escena del crimen, su cadáver, solo, abrazado únicamente por el invierno, arropado por la nieve, daba el estertor final. Agentes del ICE aseguraron que Pretti estaba armado y que por ende actuaron en defensa propia, horas más tarde, la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, calificó a Pretti como “terrorista doméstico”. A pesar de que los videos y testigos presenciales de los hechos demuestran la falsedad de esta acusación, el gobierno defiende a ultranza a sus gregarios del ICE. Al igual que Silverio y Renee, Alex fue víctima de la defensa propia del Estado.

Los sucesos perturbadores no cesan. Esta vez el ilegal inmigrante detenido por ICE fue Liam Conejo Ramos de cinco años de edad, fue retenido a las afueras de su escuela, luego utilizado para que tocase la puerta de su hogar y así capturar al padre, Alexander Conejo, ciudadano ecuatoriano con un proceso de asilo vigente. Frente a este hecho la Superintendente de escuelas públicas de Minnesota, Zena Stenvik declaró a la BBC “¿Por qué detienen a un niño de 5 años?, no me digan que este niño va a ser clasificado como un criminal violento. Los agentes del ICE han estado rondando nuestros vecindarios, rodeando nuestras escuelas, siguiendo a nuestros autobuses, estacionamientos y llevándose a nuestros niños”. En una de sus concurridas declaraciones, cuando se le preguntó sobre los reparos morales al detener a un niño de 5 años, el jefe Bovino expreso con total naturalidad: “No tengo problemas en hacer de Estados Unidos un lugar más seguro, cuando arrestamos a inmigrantes ilegales”.  El pequeño Liam y su padre actualmente se encuentran en Texas a la espera de su deportación.

El panorama actual de los Estados Unidos no es solo una crisis migratoria; es una crisis de identidad constitucional. Al despojar al “otro” de sus derechos básicos bajo una retórica de estigmatización, la administración ha terminado por erosionar las libertades de sus propios ciudadanos. La historia enseña que cuando se permite que una fuerza estatal actúe por encima de la ley bajo el pretexto de la seguridad, nadie está realmente a salvo: ni el enfermero que es golpeado ni asesinado tras intentar proteger a otro, ni los padres que dejan a sus hijos en la escuela, ni el niño de cinco años que es usado como carnada. Hoy el nombre del ICE resuena como una ironía macabra: no es solo el frío de sus siglas, es el congelamiento de la compasión y del Estado de Derecho lo que amenaza irremediablemente la nación.