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Editorial & Columnas

Magdalena: la realpolitik que nadie quiere decir en voz alta

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Por Victor Rodriguez Fajardo.

En el Magdalena todos hablan de alianzas, candidaturas y proyectos políticos. Pero pocos se atreven a decir lo evidente: la política regional no se está definiendo en Santa Marta ni en la gobernación. Se está definiendo en Bogotá. La clase política del departamento puede tener muchos discursos, pero en el fondo responde a una lógica simple y brutal: la política parroquial es profundamente gobiernista.

No es ideología. Es supervivencia.

Quien tenga acceso a la Casa de Nariño tendrá acceso al presupuesto nacional, a los proyectos estratégicos y a la burocracia estatal. Y en la política territorial colombiana eso equivale a tener una ventaja estructural frente a cualquier adversario. Por eso el Magdalena vive hoy una situación que muchos analistas prefieren ignorar: el tablero regional está fragmentado, pero no por convicciones ideológicas sino por cálculo político.

Durante más de una década el movimiento de Fuerza Ciudadana, liderado por Carlos Caicedo, logró construir una hegemonía territorial apoyada en dos pilares: la alcaldía de Santa Marta y la gobernación del departamento. Ese ciclo marcó la política regional durante años.

Pero ese ciclo ya no es el mismo. La pérdida de Santa Marta fue el primer golpe estructural a ese proyecto político. La ciudad dejó de ser el centro de gravedad de la hegemonía caicedista y abrió el espacio para una reorganización del poder territorial.

Mientras tanto, la gobernación del Magdalena sigue bajo control del caicedismo tras la salida judicial del gobernador electo Rafael Martínez y la continuidad administrativa que hoy encarna Margarita Guerra. Pero ese control ya no tiene el mismo peso político de hace algunos años.

En paralelo, se ha ido consolidando un bloque territorial alrededor del actual alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo Cuello, en alianza con sectores de Cambio Radical y del Centro Democrático. En ese espacio comienzan a perfilarse candidaturas como la de David Farelo para la gobernación y la de Pedro Gómez para la alcaldía de la capital.

Y al mismo tiempo emerge un tercer actor político que busca abrirse espacio en el departamento: el Pacto Histórico, que promueve liderazgos como María José Navarro y Fabio Manjarres.

A primera vista, el Magdalena parece haberse convertido en un sistema político tripolar. Pero esa lectura se queda corta. Porque el verdadero reordenamiento del poder no dependerá de estas candidaturas sino del resultado de la elección presidencial.

El país está a punto de decidir entre dos proyectos políticos muy distintos: el que representa Paloma Valencia y el que encarna Iván Cepeda. Y cuando Colombia elija presidente, el mapa político del Magdalena comenzará a moverse de inmediato.

Las alianzas que hoy parecen firmes podrían cambiar en cuestión de semanas. Los actores que hoy se declaran neutrales tendrán que tomar partido. Y los nuevos congresistas del departamento —como Kelyn González, Franklin Lozano o Elizabeth Molina— se convertirán en piezas clave de negociación. En política territorial, esos liderazgos funcionan como bisagras del poder.

No responden necesariamente a una sola coalición. Responden a una pregunta mucho más pragmática: ¿dónde está el poder real? Y la respuesta a esa pregunta se conocerá la noche misma en que Colombia elija presidente. Ese día desaparecerán muchos discursos ideológicos y aparecerá lo que realmente mueve la política territorial: el cálculo.

Quién tendrá acceso al poder nacional. Quién podrá gestionar recursos. Quién tendrá la llave de Bogotá.

Eso es la realpolitik.

Y en el Magdalena, como en buena parte de la política colombiana, la realpolitik suele imponerse siempre sobre la retórica. Por eso conviene decirlo sin rodeos: el Magdalena no está viviendo una simple disputa electoral. Está entrando en una fase de reconfiguración del poder donde ningún bloque político tiene garantizado el control del departamento.

El caicedismo intenta defender su territorio. La oposición territorial busca consolidar una coalición. Y el petrismo intenta construir su propio espacio.

Pero todos saben algo que pocos dicen públicamente: la política del Magdalena cambiará radicalmente dependiendo de quién gane la presidencia. En la política parroquial nadie quiere quedarse del lado equivocado del poder. La verdadera pregunta no es quién está con quién hoy. La verdadera pregunta es quién estará con quién la mañana siguiente a la elección presidencial. Ese día comenzará realmente la batalla por el poder en el Magdalena.