Metrópolis
Más allá de la tala: el análisis que revela cuánta madera puede producir una bonga gigante
Por: Rosiris Castillo Ruiz
La reciente tala controlada de una bonga registrada días atrás en el barrio 20 de Julio de Santa Marta volvió a poner en el centro del debate el valor real de estos árboles gigantes dentro del entorno urbano. Más allá de la discusión ambiental que suele surgir cuando se interviene un árbol de gran tamaño, también surge una pregunta menos visible pero significativa: ¿cuánto representa realmente en madera un árbol de estas dimensiones y qué podría producir si se transforma en mobiliario?
La bonga, conocida científicamente como Ceiba pentandra, es una de las especies más emblemáticas del Caribe colombiano. Estos árboles pueden superar fácilmente los 100 años de vida y alcanzar alturas superiores a los 50 metros, convirtiéndose en verdaderos hitos naturales dentro del paisaje urbano. Durante décadas, muchas de estas ceibas han acompañado el crecimiento de los barrios, generando sombra, identidad y memoria colectiva entre varias generaciones de habitantes.
Un árbol que históricamente ha sido fuente de madera
A lo largo del tiempo, la madera de bonga ha sido utilizada para diversos fines en las regiones tropicales. Tradicionalmente ha servido para la construcción de canoas grandes, la elaboración de tablas anchas, esculturas y muebles rústicos. Su principal característica es el ancho de su tronco, que permite obtener piezas amplias en una sola tabla.
Esta condición ha facilitado la fabricación de elementos como bancas artesanales, mesas o esculturas, aprovechando secciones completas del tronco sin necesidad de ensamblar múltiples piezas de madera. En términos prácticos, un solo tronco puede convertirse en múltiples piezas de mobiliario gracias al tamaño de sus tablas naturales.
Una madera abundante, pero de bajo valor comercial
A pesar de su tamaño y presencia, dentro del mercado maderero la bonga no es considerada una madera fina. Edwin Sierra, comerciante de maderas del barrio Pescaíto con más de 30 años en el oficio, explica que su valor comercial es relativamente bajo frente a otras especies.
Según el comerciante, en muchos casos el costo de derribar el árbol puede superar el valor de la madera que se obtiene. “Un árbol en buenas condiciones podría costar alrededor de dos millones de pesos, pero si está deteriorado puede valer apenas unos quinientos mil”, señaló.
¿Cuánto puede producir realmente una bonga?
A partir de este contexto, Opinión Caribe realizó un ejercicio de análisis para dimensionar el potencial económico que podría tener la madera de una bonga de gran tamaño si se transforma en mobiliario artesanal.
El cálculo parte de un ejemplo concreto: una banquita rústica elaborada con madera de bonga, similar a las que suelen fabricarse con piezas amplias del tronco.
Para construir una banquita de estas características se requieren aproximadamente 0,15 metros cúbicos de madera. Esta cantidad se distribuye entre el asiento, que utiliza cerca de 0,07 m³; el espaldar, que requiere alrededor de 0,05 m³; y las patas o soportes estructurales, que consumen cerca de 0,03 m³.
La capacidad productiva de un árbol gigante
En condiciones normales, un árbol gigante de bonga puede generar entre 35 y 50 metros cúbicos de madera útil, teniendo en cuenta el volumen del tronco y las pérdidas que se producen durante el proceso de aserrado.
Bajo estas condiciones, las estimaciones indican que de una sola bonga podrían fabricarse entre 120 y 250 banquitas, considerando defectos naturales de la madera, desperdicio en los cortes y selección de piezas.
El análisis cambia de dimensión cuando se observa el valor del producto terminado. Una banquita rústica elaborada con madera de bonga puede comercializarse en aproximadamente 750.000 pesos colombianos.
Si se multiplica esta cifra por el número estimado de piezas que podrían fabricarse, el valor potencial del árbol transformado en mobiliario podría oscilar entre 90 millones y 187,5 millones de pesos.
El informe técnico que cambia el escenario
Sin embargo, el caso específico del árbol talado en el barrio 20 de Julio presenta condiciones diferentes. De acuerdo con el informe del Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa), el árbol ubicado en la carrera 16 entre calles 6 y 7 presentaba deterioro estructural en la base del tronco, con ahuecamiento y necrosis avanzada del tejido leñoso.
Estas condiciones indican que la bonga presentaba cavidades internas y pérdida de tejido estructural, lo que reduce considerablemente el volumen de madera que realmente puede aprovecharse.
Cuando el interior del árbol ya no sirve
Cuando un árbol presenta ahuecamiento del tronco, necrosis avanzada o pérdida de tejido estructural, gran parte del interior del árbol no puede utilizarse para carpintería.
En estos casos, especialistas señalan que normalmente solo se puede aprovechar entre el 15% y el 30% del volumen real del tronco, lo que reduce drásticamente la cantidad de madera disponible.
La dimensión económica detrás de un árbol centenario
Si una bonga centenaria podría tener originalmente entre 35 y 50 metros cúbicos de madera útil, el deterioro estructural descrito en el informe técnico podría reducir el volumen aprovechable a apenas entre 5 y 15 metros cúbicos.
Al dividir esta cantidad entre los 0,15 m³ necesarios para cada banquita, el resultado cambia considerablemente frente a un árbol sano. Bajo estas condiciones, de una bonga en ese estado podrían fabricarse aproximadamente entre 30 y 100 banquitas.
Si cada banquita se comercializa alrededor de 750.000 pesos, el valor económico del árbol transformado en mobiliario podría ubicarse entre 22,5 millones y 75 millones de pesos.
Incluso con deterioro estructural, una bonga centenaria todavía podría producir decenas de muebles rústicos, lo que permite dimensionar la magnitud de madera que puede concentrar un solo árbol que ha tardado más de un siglo en crecer.
Más allá de las cifras, el caso de la bonga talada en el barrio 20 de Julio deja una reflexión sobre el valor real de estos gigantes dentro del paisaje urbano. Un árbol que tarda más de cien años en alcanzar su tamaño no solo representa un volumen considerable de madera, sino también décadas de historia natural dentro de la ciudad. Su desaparición no solo transforma el entorno físico del barrio, sino también la memoria ambiental que ha acompañado a generaciones de habitantes de la ciudad.
