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Editorial & Columnas

Cuando la política se sienta en la misma mesa

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En un hecho que rompe una inercia de más de una década, el Magdalena presencia una imagen que hasta hace poco parecía imposible: todos sus congresistas, sentados en la misma mesa, posando en una misma fotografía.

No es un gesto menor. Es un mensaje.

Durante años, la política del departamento ha estado marcada por la confrontación permanente, por la incapacidad de construir mínimos comunes y por una lógica de trincheras que terminó afectando directamente el desarrollo del territorio. Cada quien defendiendo su orilla, sí, pero muchas veces a costa del interés colectivo.

Hoy, algo distinto empieza a asomarse.

La convocatoria de la Cámara de Comercio de Santa Marta, bajo el liderazgo de su presidente ejecutivo Carlos Jaramillo, logra lo que la política no había podido: reunir, sentar y hacer dialogar a quienes representan al Magdalena en el Congreso de la República.

Pero hay un elemento aún más poderoso en esta escena.

No se trata solo de congresistas.

En esa mesa también están los empresarios, los gremios de la producción, los actores que mueven la economía del territorio. Es decir, por primera vez en mucho tiempo, se sientan juntos quienes hacen la ley y quienes generan el desarrollo.

Ahí está la verdadera ruptura.

Porque cuando la política y el aparato productivo se alinean —sin perder su autonomía— es cuando un territorio empieza realmente a pensar en grande.

Y eso, en la geopolítica parroquial del Magdalena, marca un antes y un después.

Las imágenes hablan por sí solas. No solo registran un encuentro; simbolizan una posibilidad: la de construir una agenda compartida de ciudad y departamento, con capacidad real de ejecución.

Desde Opinión Caribe celebramos este hecho.

Lo respaldamos porque entendemos que el desarrollo del Magdalena no puede seguir dependiendo de disputas estériles ni de agendas fragmentadas. La gente no vota por congresistas para que se ignoren entre sí, sino para que representen, gestionen y articulen soluciones reales.

Este encuentro no elimina las diferencias políticas. Tampoco debería hacerlo.

Cada actor tiene su visión, su proyecto y su ideología. Eso es natural en democracia. Pero una cosa es la diferencia, y otra muy distinta es el bloqueo sistemático de cualquier posibilidad de trabajo conjunto.

Ahí es donde el Magdalena venía perdiendo.

Por eso este momento importa. Porque abre una puerta. Porque plantea una nueva lógica: la cooperación estratégica entre lo político y lo productivo.

El reto, ahora, es que esta fotografía no se quede en lo simbólico.

Que se traduzca en resultados.
Que se convierta en gestión.
Que se materialice en proyectos concretos para Santa Marta y el Magdalena.

Infraestructura, seguridad, empleo, competitividad, turismo, servicios públicos… la agenda está clara. Lo que hacía falta era voluntad y articulación.

Hoy, ambas empiezan a aparecer en la misma mesa.

Desde Opinión Caribe no solo celebramos este punto de partida. También estaremos vigilantes. Porque si esta convergencia entre congresistas, empresarios y gremios se convierte en una verdadera plataforma de acción, el Magdalena habrá dado un paso histórico.

Pero si se queda en una foto, será otra oportunidad perdida.

El territorio ya no resiste más de lo mismo.

Ahora sí, el Magdalena empieza —por fin— a pensar en grande.