Metrópolis
Tala de árboles en Bello Horizonte desata controversia entre vendedores, autoridades y comunidad
La intervención ambiental, autorizada por el Dadsa, ha generado cuestionamientos sobre el impacto ecológico en la zona.
En el sector de Bello Horizonte, a una cuadra de la playa, la reciente tala de árboles de Neem, que durante años proporcionaron sombra a vendedores estacionarios, ha abierto un debate que va más allá de lo ambiental.
Durante años, este punto ha sido ocupado por vendedores de comida que aseguran haber construido allí su sustento económico. Sin embargo, la tala realizada que, según versiones oficiales del Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (Dadsa), cuenta con los permisos correspondientes, ha cambiado las condiciones del lugar y ha generado inconformidad entre quienes dependen de ese espacio.
En ese sentido, la autoridad ambiental asegura que la tala se realizó bajo criterios técnicos y legales. Según esta dependencia, los árboles de Neem son una especie exótica e invasora, con menos de cinco años de crecimiento, y estaban generando afectaciones estructurales en pisos y tuberías. Además, indicaron que el solicitante del permiso deberá cumplir con medidas de compensación ambiental.
Sin embargo, Efraín Martínez, vendedor del sector, sostiene que la tala fue injustificada y perjudicial para quienes trabajan allí: “En cada empresa de alimentos somos alrededor de 20 empleados, entre meseros y trabajadores de cocina. Yo llevo 7 años, y hay otros que llevan hasta 15. Cuando nos dimos cuenta de que iban a cortar los árboles, nos dijeron que las razones obedecían a la afectacion en los pisos de los locales del edificio que quedaba al frente.
Pero a mí me parece que lo hicieron por pura maldad, para hacernos daño a nosotros, porque si fuera por la razón que ellos nos dijeron los habrían arrancado de raíz”.
En la misma línea de inconformidad, María de los Ángeles, vendedora de comidas típicas, resaltó el cambio inmediato en las condiciones del lugar: “Es impresionante lo que ha cambiado. Se siente la temperatura mucho más fuerte.
Antes colocábamos las sillas del negocio bajo esa sombra. Los árboles formaban un arco muy bonito y ayudaban a disminuir la temperatura”.
Otra comerciante, quien afirma haber sembrado parte de los árboles, cuestiona la versión oficial sobre su antigüedad y estado:
“Los cortaron bajo el pretexto de que estaban afectando las tuberías del edificio. Yo sembré 10 árboles y los cortaron; tenían entre 9 y 10 años. También talaron otros 7 árboles más. Nos dijeron que tenían los permisos y que todo estaba legal”.
La percepción de afectación no se limita a los vendedores. Turistas también advierten consecuencias ecológicas. “Han hecho un daño terrible a todo el ecosistema. Con estas altas temperaturas han quitado sombra, han afectado la ecología y todo el sistema natural”, expresó Patricia Cortés, turista.
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Gobierno: ordenamiento del espacio público y legalidad
Por su parte, el secretario de Gobierno, Camilo George, plantea un enfoque centrado en el uso del espacio público y la legalidad de la actividad económica en el sector.
Explicó que en el lugar hay ocho cocinas censadas, reubicadas en 2023 por la administración anterior, pero aclaró que no cuentan con un permiso formal para operar allí, ya que están por la vía férrea, donde no debería haber presencia de este tipo de actividades.
“El hecho de que haya existido una reubicación en el pasado no significa que las personas puedan hacer lo que quieran. Es necesario definir límites”, señaló.
El funcionario también reiteró que la tala contaba con los permisos correspondientes y no tenía como objetivo afectar a los vendedores: “Ni los vendedores son dueños de la sombra ni de los árboles”.
Además, indicó que se están evaluando mecanismos como la “confianza legítima” para analizar la permanencia de los comerciantes, mientras se avanza en mesas de concertación que permitan organizar el sector.
Una tensión sin resolver
El caso de Bello Horizonte evidencia una tensión estructural: la coexistencia entre decisiones técnicas, normas urbanas y realidades sociales.
Por un lado, las autoridades defienden la legalidad de la tala y la necesidad de controlar el uso del espacio público. Por otro, los vendedores y parte de la comunidad perciben una afectación directa a su sustento y al equilibrio ambiental del lugar.
En medio de estas posiciones, el reto será encontrar un punto de equilibrio que permita proteger el entorno, garantizar el orden urbano y, al mismo tiempo, ofrecer soluciones sostenibles para quienes han hecho de este espacio su fuente de vida durante años.
