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Editorial & Columnas

VALLEDUPAR: CINCO DÍAS PARA VOLVER AL ORIGEN

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Esta columna que escribo coincide con el inicio de la fiesta que engalana a la bella Valledupar, al ritmo que siempre la ha acompañado: el vallenato. En una columna previa había hablado de los orígenes de este género musical, que nace de una amalgama de tradiciones orales campesinas, del aporte indígena y afrodescendiente representado en la guacharaca y la caja, así como del pilar europeo que llegó desde Alemania con el acordeón. También había planteado una visión crítica sobre su actualidad, marcada por una pérdida progresiva de sus tradiciones.

Sin embargo, en esta ocasión he querido apartarme un poco de ese tono fatalista para centrarme en algo distinto: la reivindicación de esas mismas tradiciones, un esfuerzo que, vale decir, han intentado sostener tanto los músicos como algunos dirigentes del género.

Dicho esto, vale la pena entrar en materia. Hablar del Festival de la Leyenda Vallenata es, en el fondo, hablar de historia. Su origen se remonta a una idea que tuvo en su momento la “Cacica”, Consuelo Araujo Noguera, la mujer que hizo del vallenato su causa y su bandera. A esa iniciativa se sumaron dos figuras determinantes: el compositor Rafael Escalona y Alfonso López Michelsen, primer gobernador del Cesar, un cachaco con alma costeña, marcado por sus raíces vallenatas.

Ahora bien, la intención de fondo era institucionalizar la fiesta de la Virgen del Rosario, patrona de Valledupar, cuya advocación se conecta con la Leyenda Vallenata, aquella que narra cómo la Virgen habría salvado al cacique Upar del asedio español, dando lugar posteriormente a la conversión de los indígenas chimilas al catolicismo. Esta conmemoración tiene lugar cada 30 de abril y sirvió como punto de partida para estructurar el festival.

En ese contexto, el evento también buscaba proyectar a Valledupar como la gran vitrina del vallenato a nivel nacional, al tiempo que permitía visibilizar al entonces nuevo departamento del Cesar, que apenas llevaba dos años de haberse separado del Magdalena Grande. No es menor decir que esta iniciativa contó con el respaldo decidido de la dirigencia regional.

Así las cosas, en 1968, exactamente el 27 de abril, en la entonces Plaza Mayor de Valledupar —hoy Plaza Alfonso López—, se institucionalizó el primer Festival Vallenato. Desde entonces, el festival ha reunido una serie de eventos que hoy son parte esencial de su identidad: la coronación del Rey Vallenato, el tradicional desfile de piloneras y, por supuesto, las parrandas que elevan el género a su máxima expresión.

Su primer Rey Vallenato fue Alejandro “Alejo” Durán, y a partir de allí han pasado por ese título figuras históricas como Alfredo Gutiérrez, Omar Geles, Egidio Cuadrado, Gonzalo “El Cocha” Molina y Nicolás “Colacho” Mendoza, entre muchos otros que han marcado el rumbo del vallenato.

Al final, el Festival no es simplemente un evento: es el alma viva de una Valledupar que siempre ha sido parranda, alegría y jolgorio. Durante cinco días, la ciudad revive esa esencia, recordando que todo esto nació, casi de manera espontánea, de una tarde de tinto y conversación entre tres figuras que entendieron que el vallenato no solo debía vivirse, sino también preservarse.

Y es precisamente por eso que, más allá de cualquier debate sobre su evolución, el Festival sigue siendo, año tras año, la excusa perfecta para volver al origen.