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Política Parroquial

Santa Marta: rehén de su propia geografía

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Por: Víctor Rodríguez Fajardo

Santa Marta no la están bloqueando. Santa Marta vive bloqueada.

Lo de hoy —Puerto Nuevo por un lado y la entrada al Tayrona por el otro— no es una coincidencia. Es una radiografía. Una de esas que no muestra el hueso roto, sino la enfermedad completa.

Porque mientras algunos siguen hablando de turismo, de inversión y de “ciudad estratégica”, la realidad es otra:

👉 Santa Marta es una ciudad que puede ser aislada cuando cualquiera decide cerrar el punto correcto.

El mapa del encierro

No es la primera vez. Ni será la última.

Tasajera. Palermo. Zona Bananera. Puerto Nuevo. Tayrona.

Distintos nombres, misma lógica: la ciudad depende de una línea… y esa línea se rompe con facilidad insultante.

Aquí no hay sofisticación. No hay operaciones complejas. No hay inteligencia estratégica.

Hay algo más simple —y más grave—:

👉 un territorio que aprendió dónde duele… y cómo presiona

 

Chiflando iguana

Mientras tanto, la dirigencia sigue en lo suyo.

Planes. Mesas. Diagnósticos. Promesas.

Todo muy técnico. Todo muy correcto. Todo completamente inútil frente a la realidad.

Porque aquí no estamos frente a un problema de gestión.

👉 Estamos frente a un problema de poder.

Y el poder, en la política parroquial, no se ejerce en los documentos. Se ejerce en el territorio.

Y hoy el territorio está diciendo algo claro:

👉 la vía no es del Estado… la vía es de quien la cierra.

La ciudad intermitente

Santa Marta no es una ciudad conectada.

Es una ciudad intermitente.

Funciona… hasta que deja de funcionar. Se mueve… hasta que alguien decide que no.

Y eso, en términos reales, la convierte en lo que nadie quiere decir:

👉 una ciudad inviable bajo presión.

Porque una ciudad que no puede garantizar su conectividad:

  • no es confiable para la carga
  • no es segura para la inversión
  • no es estable para el turismo

Es, simplemente, un riesgo.

Las torres del corone

Aquí es donde el silencio se vuelve cómplice.

Mientras las torres del corone siguen jugando su ajedrez —puertos, concesiones, contratos, apuestas al 2027—, la realidad ocurre abajo, en el asfalto.

Y esa realidad no negocia con discursos.

Negocia con cierres. Con bloqueos. Con hechos.

👉 El poder real no está en la mesa. Está en la carretera.

El autoengaño

Se han acostumbrado a decir que esto es culpa de la geografía.

La Sierra. La Ciénaga. La vía.

Mentira.

La geografía no es el problema. El problema es que nunca se construyó una solución a su altura.

Y mientras eso no cambie, Santa Marta seguirá siendo lo que hoy es:

👉 una ciudad que depende de que nada pase… para poder funcionar.

Ojo con el 2027

Porque este no es solo un problema de movilidad.

Es un problema de control territorial. De legitimidad. De autoridad.

Y el que no entienda esto hoy, va a llegar al 2027 chiflando iguana, preguntándose por qué perdió el tablero… sin haberse dado cuenta de que el tablero ya no estaba donde creía.

Santa Marta no está en crisis.

👉 Santa Marta está expuesta.

Expuesta a su geografía. Expuesta a su abandono. Expuesta a su propio autoengaño.

Y mientras siga creyendo que cada bloqueo es un accidente, no va a entender lo esencial:

👉 aquí no están cerrando vías… 👉 aquí están demostrando quién manda.