La Firma
Caicedo y Cepeda: ¿astucia política o miedo al fracaso?
Por Ives Danilo Diaz Mena
En política, las alianzas casi nunca son casualidad. Algunas nacen por convicción,
otras por necesidad y muchas por simple supervivencia electoral. La reciente
adhesión de Carlos Caicedo a la campaña presidencial de Iván Cepeda abrió un
debate inevitable en el Magdalena y en distintos sectores del país: ¿se trata de
una jugada estratégica o del temor a una derrota anunciada?
La pregunta no es menor. Durante meses, Caicedo intentó posicionarse como una
figura independiente dentro de la izquierda colombiana, incluso marcando
distancia del petrismo y cuestionando sectores del Gobierno nacional. Sin
embargo, el panorama electoral terminó mostrando una realidad distinta: las
encuestas nunca lograron consolidarlo como una opción competitiva en la carrera
presidencial.
Mediciones recientes de firmas como Invamer y Guarumo-Ecoanalítica lo ubicaban
por debajo del 1 % en intención de voto, mientras Iván Cepeda se mantenía
liderando gran parte de los sondeos nacionales.
En política, los números también hablan. Y cuando hablan tan fuerte, obligan a
tomar decisiones.
Desde una mirada estratégica, la adhesión de Caicedo podría interpretarse como
un movimiento inteligente. Nadie puede negar que Fuerza Ciudadana sigue
teniendo estructura política en el Magdalena y presencia en sectores populares.
Sumarse ahora al proyecto de Cepeda podría permitirle conservar influencia
nacional, fortalecer puentes con el progresismo y eventualmente recuperar
espacios de poder en el departamento. Sin embargo, esa cercanía también abre
interrogantes sobre el futuro político regional, especialmente pensando en las
elecciones de 2027, donde no sería extraño que Fuerza Ciudadana y sectores del
Pacto Histórico terminen disputándose espacios como la Gobernación, alcaldías,
Asamblea, Concejos y Juntas Administradoras Locales.
Porque más allá de la Presidencia, en política siempre hay una partida paralela:
alcaldías, gobernaciones, ministerios, representación burocrática y capacidad de
incidencia futura.
Caicedo sabe que la política no se juega solo a corto plazo. Si Cepeda llega
fortalecido a una eventual segunda vuelta o incluso a la Presidencia, el
exgobernador podría volver a convertirse en un actor determinante dentro del
mapa político del Caribe colombiano.
Pero también existe otra lectura.
La adhesión podría interpretarse como el reconocimiento de una campaña que
nunca logró despegar. Ni las plazas, ni el discurso, ni la narrativa lograron
traducirse en crecimiento electoral. Incluso sus cierres de campaña estuvieron
lejos del impacto esperado para alguien que aspiraba a disputar el liderazgo de la
izquierda nacional.
Y ahí aparece la otra hipótesis: el miedo al fracaso político.
Porque una candidatura presidencial también expone. Medirse en las urnas
implica arriesgar capital político, liderazgo regional y percepción de fuerza.
Permanecer hasta el final y obtener una votación marginal habría significado
mostrar debilidad en un momento donde Fuerza Ciudadana intenta mantenerse
vigente tras los recientes reveses políticos en el Magdalena.
Tal vez, antes que arriesgarse a una derrota contundente, Caicedo prefirió
conservar parte del capital político acumulado desde la consulta presidencial de
2018, cuando obtuvo más de 500 mil votos dentro de la coalición progresista.
Y aunque algunos verán esta decisión como coherencia ideológica, otros la
interpretarán como pragmatismo puro.
Lo cierto es que la política colombiana atraviesa un momento donde las alianzas
pesan más que los discursos individuales. Hoy, más que proyectos personales,
pareciera imponerse la lógica de los bloques: derecha, izquierda y supervivencia
electoral.
Quizás la verdadera discusión no sea si Caicedo actuó por astucia o por miedo.
Tal vez la pregunta de fondo es otra: ¿hasta qué punto los liderazgos regionales
en Colombia pueden sobrevivir solos en una política cada vez más polarizada y
nacionalizada?
Porque al final, en el ajedrez político, retirarse a tiempo también puede ser una
forma de seguir jugando.
