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La Firma

El Instituto Técnico Industrial: un legado que Santa Marta no puede abandonar

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Hay lugares que no solo enseñan materias; también forman personas, despiertan vocaciones y dejan una huella para toda la vida. Para miles de samarios, la Institución Educativa Técnica Industrial fue precisamente eso: una escuela donde se aprendía a pensar, a crear y a construir con las manos y con el conocimiento.; hoy como egresado, resulta imposible observar con indiferencia el estado de abandono de su sede principal. Lo que alguna vez fue un símbolo de excelencia en la educación técnica de Santa Marta y una institución imponente por su gran arquitectura; parece haberse convertido en un recordatorio del olvido institucional. Y duele, porque quienes recorrimos sus pasillos sabemos que allí no solo se impartían clases, allí se construían sueños.

Tuve el privilegio de vivir la experiencia de sus talleres industriales. En cada espacio había disciplina, creatividad y pasión. Los talleres de mecánica, electricidad, ebanistería, fundición, motores, dibujo técnico, metalistería y las demás especialidades no eran simples salones de clase; eran verdaderos laboratorios donde los estudiantes transformábamos la teoría en soluciones reales. Cada proyecto representaba horas de esfuerzo, aprendizaje y trabajo en equipo; recuerdo que uno de los momentos más esperados del año, en las épocas doradas de esta institución eran las semanas de la ciencia y la tecnología. Aquellos eventos exhibían el enorme talento de los estudiantes mediante proyectos innovadores que despertaban la admiración de la comunidad educativa y de los visitantes. Eran espacios donde la imaginación encontraba herramientas para hacerse realidad y donde muchos descubríamos nuestras capacidades para innovar, resolver problemas y plasmarlo en proyectos que se exhibían a lo largo de la institución como una muestra de lo que era posible crear cuando se cuenta con las herramientas y conocimientos que nos brindaba nuestra institución.

El Instituto Técnico Industrial fue durante décadas una institución reconocida por su prestigio. No era casualidad que muchas familias soñaran con que sus hijos estudiaran allí. Sus egresados salieron preparados no solo académicamente, sino también con competencias técnicas que les permitieron ingresar al mundo laboral, emprender sus propios negocios o continuar estudios superiores con bases sólidas; lo más valioso de esa formación es que trasciende el tiempo. Muchos de quienes pasamos por sus aulas seguimos aplicando hoy los conocimientos adquiridos en aquellos talleres. Aprender un arte industrial no solo significó dominar una técnica; significó desarrollar disciplina, responsabilidad, ingenio y la capacidad de encontrar soluciones frente a cualquier desafío. Es un saber que permanece toda la vida.

Por eso, el deterioro de la sede principal no representa únicamente la pérdida de una infraestructura. Significa el riesgo de que las nuevas generaciones no tengan acceso a las mismas oportunidades que marcaron el futuro de miles de jóvenes samarios. Una ciudad que renuncia a fortalecer su educación técnica está renunciando también a formar el talento que necesita para impulsar su desarrollo económico e industrial; Santa Marta merece recuperar este patrimonio educativo. Las autoridades, el sector empresarial, los egresados y la sociedad en general tienen la responsabilidad de unir esfuerzos para rescatar una institución que ha sido parte fundamental de la historia de la ciudad. Invertir en el Instituto Técnico Industrial no es un gasto: es una apuesta por el futuro de nuestros jóvenes y por el desarrollo de la región.

Quienes fuimos sus estudiantes sabemos que detrás de esas paredes hay mucho más que concreto. Hay muchas historias de bachilleres íntegros y generaciones enteras que encontraron allí una oportunidad para transformar su destino. La Industrial merece volver a ser ese referente de excelencia que inspiraba. Y Santa Marta no puede darse el lujo de olvidar una de las escuelas que más ha aportado a la formación técnica, humana y profesional de sus ciudadanos,

Y por eso hoy recordamos las palabras del profesor Oscar Vallejo Borja inmortalizadas en el Himno de nuestra institución que entonábamos orgullosos

«GLORIA AL TRABAJO

GLORIA AL TRABAJO

BENDIGA DIOS LAS MANOS

Y ALIENTE EL CORAZÓN

 

AVANTE LOS TALLERES

CON JUVENIL VIGOR

AVANTE LOS DEBERES

HIJOS DE LA NACIÓN.

 

INDUSTRIA CIENCIA Y ARTE

LA PATRIA A MENESTER

SON DIGNOS BALUARTES

TESORO DEL SABER

TESORO DEL SABER.»

Y con ellas extender la invitación a la comunidad samaria en general para pelear por la restauración de este tesoro del saber.

Autor: Jorge Garcia Granados

Columna de opinión