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Colombia tiene con qué anticiparse a El Niño, pero no articula esfuerzos
Por: Eduardo Velez Soto
El 21 de julio, el Consejo Nacional de Gestión del Riesgo declaró desastre natural por el fenómeno de El Niño. Y aunque centroamérica ya convirtió la acción anticipatoria frente a El Niño en política de Estado regional; Colombia todavía tiene las piezas sueltas para hacerlo, pero no las ha ensamblado en un solo sistema.
Trabajé durante los últimos años en el puente técnico entre el Centro de Coordinación para la Prevención de los Desastres en Centroamérica y República Dominicana (Cepredenac) y la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (Undrr), y esa comparación directa es la que quiero traer a esta discusión, porque el mismo fenómeno está golpeando a ambas regiones al mismo tiempo y una de las dos ya aprendió a adelantarse.
Honduras empezó a planificar desde marzo, meses antes de que El Niño se estableciera formalmente en el país. La Comisión Permanente de Contingencias activó, junto con Naciones Unidas, acciones anticipatorias en marzo cuando los pronósticos alcanzaron los umbrales definidos de antemano, protegiendo a 65 mil personas en El Paraíso y Francisco Morazán antes de que la sequía golpeara. Para mayo, el país ya había creado un fondo de emergencia de 70 millones de dólares para 800 mil personas, y para junio la alerta cubría 75 municipios con un comité técnico interinstitucional ejecutando un plan de seguridad alimentaria con metas y beneficiarios definidos. Costa Rica, por su parte, presentó en junio una estrategia nacional única de 180 millones de dólares que integra en una sola campaña a gobiernos locales, comités municipales, acueductos comunitarios, agricultores, pescadores y cámaras empresariales, bajo el lema “Costa Rica se prepara unida”.
Eso no ocurre por generación espontánea: detrás está Cepredenac, que desde 2025 tiene una estrategia regional formal para institucionalizar la acción anticipatoria en Centroamérica y República Dominicana, con umbrales definidos, financiamiento preacordado y protocolos operativos estandarizados para cada país miembro. Según cifras de la propia Cepredenac, la región ya cuenta con 24 marcos de acción anticipatoria activos y otros 10 en desarrollo, respaldados por 18,8 millones de dólares en financiamiento preasegurado. El 2 de junio, el director de protección civil de Panamá se reunió directamente con el presidente de Honduras y el resto del Consejo de Representantes de Cepredenac para coordinar la respuesta regional a este episodio específico. Es un sistema que actúa como bloque, no como países aislados.
Colombia no está en cero. La FAO lleva desde 2018 implementando acción anticipatoria en el país, con resultados medibles: cada dólar invertido en acciones anticipatorias frente a El Niño generó un retorno de 14,53 dólares en comunidades de La Guajira y el Cesar. La Cruz Roja Colombiana activó el 5 de junio su protocolo simplificado de acción temprana por sequía en Cesar y Tolima, exactamente con la misma lógica de umbrales del Ideam que usa Honduras. El Banco Agrario tiene su propio programa “Anticípate al Niño” para el sector agropecuario, y el país incluso cuenta con una línea de crédito contingente con el Banco Mundial que se activa ante emergencias declaradas. El problema no es la falta de herramientas: es que cada una opera por su cuenta, con su propio presupuesto y sus propios municipios, sin que exista una sola arquitectura nacional que las una, como sí la tienen Costa Rica o Honduras.
Y hay una segunda brecha, más incómoda: Colombia pertenece al Comité Andino para la Prevención y Atención de Desastres (Caprade), el mecanismo andino de gestión del riesgo equivalente a Cepredenac, creado en 2002 junto con Ecuador, Perú y Bolivia. Pero frente a este mismo episodio de El Niño, que golpea al Pacífico suramericano con la misma intensidad que al Caribe centroamericano, no hay evidencia de una coordinación andina tan visible ni tan activa como la que Cepredenac les ha dado a sus países miembros. Cada país de la región andina está respondiendo, otra vez, en solitario.
La lección no es copiar Centroamérica sin filtro; es reconocer que Colombia ya tiene experiencia, datos y hasta retorno de inversión probado en acción anticipatoria, y que lo que falta no es voluntad técnica, sino ensamblaje institucional. Unir lo que hoy hacen por separado la ungrd, la FAO, la Cruz Roja y el Banco Agrario en una sola estrategia nacional con financiamiento preacordado, y reactivar el Caprade con la misma urgencia con la que Cepredenac mueve a sus países, no depende de un nuevo estudio ni de más cooperación internacional: depende de que alguien decida coordinar lo que ya existe antes de que el fenómeno alcance su punto más duro. Centroamérica ya demostró que se puede actuar antes del daño. La pregunta es cuánto más va a esperar Colombia para hacer lo mismo.
