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Territorio & Poder

El terremoto que puso a prueba a Colombia con el sismo de 7,4

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El terremoto de magnitud 7,4 dejó 111 muertos, 87 heridos, 61 edificios colapsados y más de 1.500 viviendas averiadas. En entrevista con OPINIÓN CARIBE, el doctor en Gestión Integral del Riesgo de Desastres y Protección Civil, Eduardo Vélez Soto, advierte que el sismo no explica por sí solo la magnitud de los daños: también hay una deuda en reforzamiento, prevención y preparación.

 

El terremoto que sacudió a Colombia este lunes 10 de agosto no solo dejó un balance preliminar de 111 personas fallecidas y 87 heridas. También expuso, en cuestión de segundos, las condiciones de una infraestructura que en varias de las zonas afectadas no estaba preparada para resistir un movimiento de esta magnitud.

El sismo, registrado a las 7:34 de la mañana, alcanzó una magnitud de 7,4 y tuvo su epicentro en inmediaciones de San José del Palmar, Chocó, a una profundidad cercana a los 100 kilómetros. Las primeras mediciones fueron modificadas durante las horas siguientes hasta consolidar la magnitud definitiva, un procedimiento habitual en el análisis de los eventos sísmicos.

El balance entregado por el Gobierno reporta además 1.575 viviendas averiadas, 37 completamente destruidas y 61 edificios colapsados, junto con afectaciones en centros de salud, instituciones educativas, vías y aeropuertos.

Pero para entender por qué un sismo cuyo epicentro estuvo en Chocó terminó provocando daños graves en Pereira, Manizales y Cali, hay que mirar más allá del punto donde comenzó el movimiento.

La profundidad que explica por qué Colombia entera sintió el sismo

En entrevista con OPINIÓN CARIBE, Eduardo Vélez Soto, doctor en Gestión Integral del Riesgo de Desastres y Protección Civil, explicó que uno de los elementos fundamentales para comprender el comportamiento del terremoto es su profundidad.

Según el especialista, no se trató de un sismo superficial asociado a una falla local, sino de un movimiento ocurrido dentro de la placa de Nazca, que se introduce por debajo de la placa Suramericana.

La energía liberada a esa profundidad permitió que las ondas sísmicas recorrieran grandes distancias. Por eso el movimiento fue percibido en buena parte del territorio colombiano y también en países vecinos.

Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Manizales y Quibdó estuvieron entre las ciudades donde se sintió el terremoto, mientras también hubo reportes desde Panamá, Ecuador y Venezuela.

La explicación permite entender un elemento que puede resultar contradictorio para quienes observan el mapa del epicentro: la zona donde comienza un terremoto no necesariamente es la que concentra los mayores daños.

 

El epicentro no fue la zona de mayor destrucción

Vélez Soto llamó la atención precisamente sobre este fenómeno. Mientras San José del Palmar y otras poblaciones del Chocó quedaron cerca del punto de origen, los reportes más graves de daños estructurales se concentraron en sectores del Eje Cafetero y el Valle del Cauca.

Pereira reportó estructuras colapsadas, personas atrapadas y una situación especialmente compleja en su red hospitalaria. De acuerdo con la información entregada por el especialista durante la entrevista, tres clínicas presentaron servicios colapsados y una de ellas tuvo que ser evacuada.

En Manizales, Vélez Soto señaló daños en numerosas estructuras, incluidos edificios con pérdida total y afectaciones en la Catedral. Cali también registró colapsos y daños en diferentes construcciones, mientras que en Quibdó fueron reportadas personas heridas y afectaciones estructurales.

La dimensión nacional del desastre quedó reflejada posteriormente en el balance gubernamental: 61 edificios colapsados, 18 centros de salud averiados, 52 centros educativos afectados, 17 centros comunitarios con daños y 18 vías averiadas.

 

La pregunta que deja el terremoto: ¿falló la prevención?

Es aquí donde el análisis del experto adquiere mayor relevancia.

Para Vélez Soto, la caída de infraestructura esencial no puede analizarse únicamente como consecuencia inevitable de un fenómeno natural.

“Que se caiga una clínica, que fallen los seis aeropuertos, que se afecte una catedral no es mala suerte, es una vulnerabilidad construida”, señaló durante la entrevista.

Su argumento apunta a una discusión que trasciende la emergencia actual: Colombia tiene normas de construcción sismorresistente, pero no todo el inventario de edificaciones fue construido bajo los estándares actuales.

El experto recordó particularmente las construcciones levantadas antes del terremoto que golpeó al Eje Cafetero en 1999 y que, según explicó, en algunos casos no han sido sometidas a procesos de reforzamiento.

La norma vigente establece requisitos técnicos para reducir el riesgo sísmico, pero la existencia de una regulación no significa que todo el inventario construido en décadas anteriores cumpla con esos estándares.

Por eso, la tragedia vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿cuántas edificaciones esenciales del país siguen esperando un reforzamiento que nunca llegó?*

El terremoto no se podía evitar; algunos daños, según el experto, sí

La afirmación más contundente de Vélez Soto durante la entrevista resume el debate:

 “El sismo no lo podíamos evitar. El colapso de un hospital tal vez sí lo podíamos evitar”.

La frase coloca el foco en la gestión del riesgo y no solamente en la respuesta posterior al desastre.

Un terremoto es un fenómeno natural que no puede impedirse. Pero el nivel de destrucción depende también de factores como la calidad de las construcciones, el cumplimiento de las normas, el reforzamiento de estructuras antiguas, la ubicación de las edificaciones y la capacidad institucional para responder. Por eso, el balance de esta emergencia no debería terminar únicamente con el conteo de víctimas y edificios destruidos.

También debería abrir una revisión sobre el estado de la infraestructura crítica del país.

 

Hospitales: una emergencia dentro de la emergencia

La afectación de centros de salud representa uno de los puntos más sensibles.

El Gobierno reportó 18 centros de salud averiados, mientras en Pereira se registró presión sobre la capacidad hospitalaria después de la llegada de personas heridas.

El problema adquiere una dimensión mayor cuando una estructura destinada a atender una emergencia resulta afectada por el mismo fenómeno que debería ayudar a enfrentar.

La pregunta que deja el terremoto es si los hospitales, clínicas y centros asistenciales de las regiones con mayor amenaza sísmica han sido reforzados y evaluados de manera suficiente.

La respuesta requiere información técnica de cada edificación, pero el evento de este lunes demostró que la infraestructura sanitaria debe ser considerada una prioridad dentro de cualquier estrategia nacional de reducción del riesgo.

 

Aeropuertos y vías: la segunda dificultad

El terremoto también afectó la movilidad.

Seis aeropuertos suspendieron sus operaciones comerciales por daños o inspecciones de seguridad, mientras otra terminal registró afectaciones en su pista.

A esto se suman 18 vías averiadas, una situación que puede complicar el ingreso de equipos de rescate y el traslado de ayuda.

Para una emergencia de grandes proporciones, la infraestructura de transporte cumple una función crítica: no basta con tener equipos de rescate disponibles si las vías o los aeropuertos que deben permitir su movilización están afectados.

Por eso, la revisión posterior al desastre tendrá que determinar no solamente qué estructuras fallaron, sino también cuáles resistieron y por qué.

 

Las réplicas no se pueden predecir

Otro de los problemas que apareció durante las horas posteriores al terremoto fue la circulación de mensajes en redes sociales y WhatsApp que anunciaban supuestas réplicas con hora y magnitud determinadas.

Vélez Soto pidió no creer en esas cadenas.

El especialista recordó que los terremotos no pueden predecirse con precisión, por lo que no es posible afirmar que una réplica ocurrirá a una hora específica y tendrá determinada magnitud.

En medio de una emergencia, este tipo de mensajes puede generar pánico y dificultar la respuesta.

La recomendación del experto es consultar únicamente los reportes de las entidades científicas y de gestión del riesgo.

 

No entrar a edificaciones afectadas

Vélez Soto también hizo una advertencia directa a quienes se encuentran en las zonas golpeadas: no ingresar a edificios que no hayan sido inspeccionados técnicamente.

Una estructura que presenta daños después de un terremoto puede haber perdido parte de su capacidad de resistencia y podría sufrir nuevos desprendimientos o colapsos ante movimientos posteriores.Por ello, la evaluación de los edificios no es un trámite secundario, sino una de las primeras medidas de protección para evitar nuevas víctimas.

El experto también recomendó reportar el sismo sentido a través de los mecanismos del Servicio Geológico Colombiano, información que ayuda a construir mapas de intensidad y a identificar las zonas que requieren mayor atención.

 

Chocó: el riesgo continúa después del terremoto

Aunque los daños más graves en infraestructura se concentraron en otras regiones, Chocó enfrenta una situación particular.

La cercanía al epicentro se combina con condiciones climáticas adversas y lluvias que pueden complicar el acceso a comunidades y aumentar otros riesgos.

Vélez Soto advirtió precisamente sobre los llamados riesgos secundarios, aquellos que aparecen después del fenómeno principal.

Movimientos de tierra, dificultades de acceso y afectaciones derivadas de las lluvias pueden complicar la atención de las comunidades y, en algunos casos, convertirse en amenazas mayores que el propio evento inicial.

 

El tsunami que finalmente fue descartado

Durante las primeras horas también se evaluó la posibilidad de una amenaza de tsunami en el Pacífico colombiano.

La Dirección General Marítima realizó la evaluación correspondiente y posteriormente descartó ese riesgo, permitiendo concentrar los esfuerzos en las zonas directamente afectadas por el terremoto.

Este episodio también demuestra la importancia de contar con sistemas de monitoreo capaces de evaluar rápidamente los riesgos secundarios después de un evento de gran magnitud.

 

Una tragedia que obliga a mirar hacia atrás

El balance preliminar de 111 muertos, 87 heridos, 1.575 viviendas averiadas, 37 destruidas y 61 edificios colapsados dimensiona la tragedia, pero no responde por sí solo a la pregunta central.

El terremoto fue inevitable. La destrucción, en cambio, requiere un análisis mucho más profundo.

La entrevista de Eduardo Vélez Soto pone sobre la mesa una discusión que apenas comienza: *qué tan preparada está Colombia para enfrentar otro terremoto de gran magnitud y cuánto de su infraestructura antigua continúa expuesta por falta de reforzamiento*.

La respuesta tendrá que surgir de las inspecciones que se realicen en las próximas semanas, de los estudios estructurales de los edificios afectados y de una revisión de las construcciones críticas que permanecen en pie.

Porque después de retirar los escombros, atender a los heridos y reconstruir las zonas destruidas quedará una tarea menos visible, pero determinante: identificar las vulnerabilidades que este terremoto dejó al descubierto antes de que vuelva a moverse la tierra.