La Firma
Simón el gran varón
O de cómo se elige un contralor en Colombia sin que nadie se entere de que ya estaba elegido. Lo que aquí se escribe viene de fuentes que no mienten por oficio. No hay pruebas. No hacen falta. En este país la verdad no se prueba, se huele. Y esto huele a lo que huele.
Por Victor Rodríguez Fajardo, el Man del Sombrero
La elección del nuevo Contralor de la República huele a fiesta de cumpleaños donde ya cortaron el pastel, repartieron las porciones y guardaron la mejor tajada antes de que llegara el primer invitado. Porque esto, señores, no es una elección. Es una coronación con trámite incluido. Una misa con el muerto ya enterrado.
El Partido Liberal, el Conservador, el Centro Democrático, Cambio Radical, la U, los verdes, los independientes, los de la paz y hasta los que dicen que no son de nadie. Todos firmaron. Todos llegaron. Jorge Eliécer Laverde Vargas entró al Capitolio con entre 180 y 195 votos comprometidos sobre 143 necesarios. Ganó antes de que el ujier abriera la puerta.
En este país eso se llama consenso. La más honesta no la escribo porque me conocen la letra.
Y aquí viene el detalle que le da nombre a este hilo.
En esa carta que huele a whisky de reunión privada y promesa sin testigos aparece la firma de Simón Gaviria, nuevo vocero del trapo rojo. Simón el gran varón. Porque en política colombiana quien pone el nombre en el papel primero no siempre es el que más arriesgó. A veces es el que mejor calculó.
Hubo una reunión. Sin acta, sin convocatoria, sin minuta. Solo asistentes que saben que estuvieron ahí. En esa reunión estaba Honorio, hombre de palabra de gallero, que es la más cara que existe porque se da mirando a los ojos. Llegó con su gallo: el Personero de Bogotá. Pero alguien le recordó, con la cortesía fría de quien no necesita levantar la voz, que una coalición amplia lo había elegido presidente y que esa deuda no se paga con discursos. Que ahora era el turno de otro socio. No del gobierno de Abelardo. De la otra coalición. La que no sale en las fotos. La que organiza esto y lo que viene: Defensoría, Procuraduría, ascensos militares, magistrados, Fiscal, Registrador.
Honorio escuchó. Honorio cumplió. Retiró su gallo sin aspavientos.
Así de simple. Así de brutal. Así funciona esto.
El Pacto Histórico se sumó. Laverde saldrá con votación casi unánime. Como el actual Procurador. Como los que vendrán. Y eso que parece consenso democrático tiene una lectura distinta desde la acera del frente: todos comen juntos. No es corrupción vulgar. Es la arquitectura del establishment. La póliza de seguro colectiva pagada en votos y cobrada en silencio, porque hasta el congresista más invisible que solo dice presente tiene en su parroquia concejales, alcaldes y gobernadores a quienes proteger cuando llegue el momento en que alguien tenga que llamar, intervenir y abogar con discreción antes de que un proceso llegue donde no conviene.
Esa es la paz política que Pedro Pueblo aplaude creyendo que es gobernabilidad. Con esa lectura hasta el más acérrimo ateo ve la luz de la fe. Pero la realidad es una, de las que no dejan chiflar iguana, de las que emputan profundo. La corrupción en Colombia asciende a cifras que darían para no hacer jamás una reforma tributaria. Y las reformas tributarias nunca son para programas sociales. Son para pagar intereses de una deuda que crece porque el hueco que deja la corrupción hay que taparlo con más deuda. Nojoda.
Una vez un político investigado me explicó con cinismo sereno que calculan el costo del proceso —abogado, juez, investigadores, años— y lo ajustan para que sea un porcentaje mínimo de lo obtenido. Quedan pensionados de por vida. En el peor de los casos, casa por cárcel en mansión, cinco años y a disfrutar lo que queda, que siempre es mucho. El crimen, bien administrado, es el negocio más rentable de esta república.
Hoy eligieron al sucesor del Contralor Rodríguez, quien coronó sin pena ni gloria. Ya vendrá el empalme y con él los nuevos manes del corone. Nuevas torres del corone nacerán en municipios sin acueducto. Y Colombia seguirá esperando que en el 2027 el dotor salve la patria. Como siempre. Como nunca. Como siempre.
Las IAS están pobladas de personas con hojas de vida brillantes para cualquier cargo distinto al que las eligieron. Su verdadera experticia es la cohabitación con el poder legislativo. El actual Procurador fue eterno secretario del Senado. El nuevo Contralor, secretario de la Comisión Sexta. Esa es toda su experiencia en control fiscal. Y pare de contar.
Los escándalos de corrupción no los destapan el Congreso ni las asambleas ni los concejos. Los estallan los periodistas, la prensa nacional y la parroquial, esa que opera sin blindaje con el alcalde a dos cuadras y el contratista siendo el cuñado del dueño del medio. La más expuesta. La más feroz.
Ojalá la Contraloría del Magdalena no sea el antro que alguien propuso desaparecer junto a sus pares departamentales y municipales. Ya encendimos las alarmas sobre el caso del diputado Edgar Arias, con los términos a punto de vencer. Esperemos que Manuel Julián no resulte que “¡Se echó el gallo!”
Y en eso sí se identifican todos. Ultraderecha o alternativos, establecimiento u oposición, caribes o andinos. En eso el consenso es perfecto y nunca falla: la prensa hay que desacreditarla. Que no jodan más. Que dejen comer en paz. El argumento varía pero el objetivo es siempre el mismo: apagar la linterna antes de que ilumine lo que no debe verse.
Y mientras tanto, el man del sombrero seguirá escribiendo.
Porque alguien tiene que chistar.
Porque si no chista nadie, el silencio se vuelve cómplice.
Y el cómplice, en este país, también come.
