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PINEDO MUEVE EL AJEDREZ: CINCO SALEN Y DOS ROTAN
El alcalde de Santa Marta prepara una amplia recomposición de su gabinete, explora un entendimiento con la gobernadora Margarita Guerra y comienza a despejar el tablero electoral de 2027. No será un simple cambio de funcionarios: será un cambio anticipado de posiciones, candidaturas y alianzas.
Por Víctor Rodríguez Fajardo — El Man del Sombrero
Carlos Pinedo Cuello está moviendo las piezas.
No se trata de uno de esos retoques cosméticos con los que los alcaldes cambian dos nombres, expiden tres decretos y anuncian que comienza una «nueva etapa» mientras todo continúa exactamente igual. Lo que se cocina en el despacho distrital es una recomposición de mayor calado: aproximadamente cinco funcionarios saldrían y otros dos serían trasladados dentro de la misma administración.
“Estoy todavía ahí viendo cómo reacomodo mi ajedrez”, me dijo el alcalde.
Y la palabra no pudo ser más precisa.
En política, cada funcionario es una pieza; cada secretaría, una casilla; cada nombramiento, un mensaje. Cuando se mueven cinco piezas y se rotan otras dos, no estamos ante una crisis aislada de desempeño. Estamos frente a la preparación de una nueva partida.
Entre los nombres que aparecen en la primera línea de salida están Patricia Caicedo, Jorge Lastra y el actual responsable de Seguridad. También se revisan las secretarías de Cultura y Contratación. Camilo George, actual secretario de Gobierno, por su parte, dejaría su posición porque quiere convertirse en candidato. Asimismo, ante la eventual aspiración de «Chofo» Gómez, las reglas no escritas de la política se imponen: cuando un familiar cercano decide lanzarse, quien ocupa un cargo en la administración suele quedarse sin silla, e Íngrid Gómez, actual secretaria de la Mujer y hermana del ‘Chofo’, lo sabe.
Pinedo se los planteó sin rodeos: si quieren aspirar, tienen que irse de aquí.
Esa decisión puede parecer apenas administrativa, pero tiene una lectura política inevitable. El alcalde ha comenzado a separar a quienes seguirán gobernando de quienes saldrán a buscar votos. El gabinete empieza a convertirse en la antesala de las elecciones territoriales de 2027, y cada movimiento de personal es, al mismo tiempo, una declaración de intenciones electorales.
La gran pregunta no es quién sale. La pregunta es quién entra, y con qué precio.
Pinedo asegura que todavía no tiene definidos los reemplazos ni los grupos políticos que recibirán participación en el nuevo esquema. Sin embargo, reconoce conversaciones en marcha y admite, con una franqueza poco habitual en un alcalde en ejercicio, que todo es posible, incluso un entendimiento con la gobernadora Margarita Guerra.
Ahí comienza lo verdaderamente interesante.
Alcaldía y Gobernación llevan tiempo explorándose, midiéndose y enviándose señales. Ahora podrían pasar de las conversaciones a los acuerdos. Un acercamiento entre Pinedo y Guerra no significaría necesariamente una alianza total, pero sí podría producir algo igualmente relevante: un intercambio de posiciones, una fórmula de convivencia y, sobre todo, una coordinación electoral de cara al 2027.
En la política parroquial nadie entrega una secretaría por amor al arte. Las alianzas se construyen con representación, capacidad de decisión y garantías futuras. Lo demás son fotografías, abrazos y comunicados redactados para Pedro Pueblo.
Pinedo ya tiene compromisos y aliados con expectativas propias. David Farelo conserva su aspiración a la Gobernación del Magdalena y cuenta con un sector político que ha acompañado al alcalde desde el primer día. Pinedo fue claro en que mantendrá esa relación. Pero en esa carrera cada quien tiene sus propios caballos, y no todos corren en la misma dirección.
Entonces aparece el dilema real: ¿cómo construir un consenso entre quienes quieren heredar la Gobernación si todos creen tener derecho a encabezar la carrera? Reacomodar el gabinete es relativamente fácil. Armonizar las ambiciones de quienes se consideran dueños de una candidatura es otra cosa. Una silla distrital puede apagar una molestia temporal, pero difícilmente reemplaza el sueño de gobernar el Magdalena.
También está el ‘Piso 13’, una expresión posicionada por El Man del Sombrero que en la política samaria identifica a un sector con músculo financiero y político, con presencia en distintos niveles de representación, que ha acompañado a Pinedo desde el inicio de su mandato y que espera, con paciencia calculada, las decisiones que tome el alcalde en los escenarios local y departamental. Según se sabe, no han impuesto condiciones; han formulado recomendaciones.
En política, una recomendación nunca es solamente una recomendación. Es una manera elegante de recordar apoyos, compromisos y expectativas acumuladas. Y cuando llega el momento de los nombramientos, esas recomendaciones suelen convertirse en listas concretas con nombres y cargos específicos.
Las dudas sobre las aspiraciones del ‘Chofo’ Gómez completan un tablero en el que varias piezas deberán decidir si permanecen en la administración, buscan Concejo, Asamblea o Gobernación, o terminan aceptando que la Alcaldía de Santa Marta no está al alcance de todos los que se miran al espejo y descubren un candidato.
Sobre ciertas aspiraciones a la Alcaldía, quienes conocen el ambiente distrital las califican, sin rodeos, como “una locura”. Tienen razón. En Santa Marta abundan más los precandidatos que los votos disponibles. Hay funcionarios convencidos de que administrar un presupuesto, repartir contratos o aparecer en actos públicos equivale a construir liderazgo electoral. Después llega la campaña, se abren las urnas y descubren que los aplausos de oficina no se convierten automáticamente en votos; que la gente que sonríe en las fotos no necesariamente aparece en las mesas.
Mientras reorganiza su frente local, Pinedo también mantiene abiertos los canales con el nuevo poder nacional. Conversa bien con Abelardo de la Espriella y su grupo, una de las maquinarias políticas con mayor capacidad de movilización en el Caribe colombiano y con creciente influencia en las decisiones que se toman desde Bogotá hacia la región.
Esa cercanía no es un detalle menor. Un alcalde que necesita recursos, respaldo político y capacidad de gestión ante la Nación no puede darse el lujo de ignorar a quienes tienen línea directa con el poder central. Y De la Espriella sabe exactamente cuánto vale ese puente cuando se acercan las elecciones.
El movimiento de Pinedo tiene tres dimensiones simultáneas:
• La primera es administrativa: sacar funcionarios, rotar otros y renovar la cara visible de la Alcaldía.
• La segunda es política: dar participación, conservar aliados históricos y explorar entendimientos que permitan llegar al 2027 con el menor número de frentes abiertos posible.
• La tercera es electoral: ordenar las candidaturas antes de que cada secretario, director y asesor salga por su cuenta a proclamarse heredero natural del Palacio Distrital.
Pinedo todavía no revela todos los nombres. Tampoco parece haber cerrado los acuerdos. Pero ya tomó la decisión más importante: mover el tablero.
De aquí en adelante, cada salida mostrará quién perdió confianza; cada traslado revelará a quién quiere preservar; y cada nombramiento permitirá identificar al nuevo socio de la Casa Pinedo.
No chiflemos iguana. El alcalde puede decir que aún está «reacomodando el ajedrez», pero nadie mueve siete piezas al mismo tiempo solamente para ordenar la mesa.
Cuando salen cinco, rotan dos, se abre la puerta a la Gobernación y se mantiene el canal con Bogotá, ya no estamos hablando de gabinete.
Estamos hablando de poder.
