Geopolítica Parroquial
DE LOS 12 VOTOS A LOS DOS: LARA LLEGA AL BORDE DEL PONCHE
El Gobierno presume una coalición amplia, pero el Pacto Histórico acaba de demostrar que puede fabricar mayorías dentro de ella. En la Comisión Sexta tenía tres votos propios y terminó reuniendo siete. La urna fue secreta, nadie reconoce la fuga y todos aseguran haber cumplido.
Por Víctor Rodríguez Fajardo — El Man del Sombrero
La elección del secretario de la Comisión Sexta del Senado parecía un trámite menor hasta que la urna contradijo las cuentas de los partidos que rodean al Gobierno. Óscar Enrique Patiño Ladino, candidato liberal, llegaba con una mayoría estimada de ocho votos, mientras Jaime Alberto Sepúlveda Muñetón, respaldado por el Pacto Histórico y sus aliados, partía con cinco. Apenas tres de los trece integrantes pertenecen al Pacto, de modo que el resultado parecía resuelto. Sin embargo, Sepúlveda ganó siete contra seis.
El Gobierno creía tener ocho votos y recibió seis. Bastaron dos sufragios para voltear la elección y demostrar que una cosa es el acuerdo de bancada y otra el momento en que cada senador queda solo frente al tarjetón. Como la votación fue secreta, no existe prueba para identificar a quienes cambiaron de posición. Las sospechas circulan alrededor de sectores conservadores y de La U, pero en el Congreso los votos huérfanos nunca encuentran padre: todos juran haber cumplido, los jefes se declaran sorprendidos y la urna termina cargando con la culpa. El Pacto salió con la Secretaría.
LA OPOSICIÓN APRENDIÓ A CONTAR
El Pacto no controla la Comisión Sexta ni el nuevo secretario decide el sentido de los proyectos. La importancia está en otra parte: con tres votos propios y dos aliados conocidos, consiguió los dos adicionales que necesitaba para fabricar una mayoría circunstancial.
Abelardo de la Espriella tiene, sobre el papel, una coalición mucho más numerosa que la oposición: Centro Democrático, sectores liberales, conservadores, La U, Cambio Radical y otros aliados de elasticidad conocida. La fotografía luce imponente, pero la urna acaba de mostrar que no todos los retratados permanecen en su sitio cuando llega la votación.
El Pacto tampoco necesita controlar el Senado ni construir una alianza permanente. Le basta con identificar inconformidades, vanidades y cuentas pendientes dentro de la mayoría oficial, y convertirlas en votos útiles. La coalición de Abelardo funciona como una sociedad por acciones: todos figuran como socios, pero ninguno renuncia a negociar por cuenta propia. Mientras la Casa de Nariño suma logos, la oposición cuenta descontentos.
DE LOS DOCE A LOS DOS
El 20 de julio ya había ocurrido algo parecido. Honorio Henríquez llegaba a la elección de la Presidencia del Senado con una cuenta pública de 44 votos y terminó consiguiendo 56. Doce sufragios que no aparecían en la contabilidad conocida dejaron derrotado a Alfredo Deluque y le dieron al Gobierno su primer campanazo legislativo.
Aquella vez fueron doce; ahora bastaron dos. La cifra disminuyó, pero el mecanismo parece el mismo: el Gobierno entra convencido de tener una mayoría y sale preguntándose en qué momento dejó de tenerla.
Lara puede exhibir acuerdos, voceros y presidentes de partido, pero cada senador administra su capital político según el proyecto, la región, el nombramiento, la aspiración futura o la factura pendiente. La gobernabilidad no consiste en reunir jefes para una fotografía, sino en saber cuántos congresistas obedecen cuando llega la hora de votar.
Por eso tiene especial peso la advertencia de Honorio Henríquez: el día a día puede estar absorbiendo al ministro del Interior, pero el Gobierno debe mantenerse atento a la composición del Congreso. Lo dijo el hombre que recibió doce votos que otros no tenían en sus cuentas. Honorio conoce la distancia entre una promesa y un tarjetón; cuando le recomienda a Lara mirar hacia el Capitolio, le recuerda que él ya ganó una elección con votos que el Gobierno descubrió demasiado tarde.
EL CNE SERÁ LA PRUEBA
El próximo martes 25 de agosto el Congreso elegirá nueve magistrados del Consejo Nacional Electoral. Allí se medirá la capacidad de Lara para convertir acuerdos políticos en resultados. Ya no estará en juego una secretaría de comisión, sino el organismo que vigilará partidos, campañas y elecciones durante los próximos cuatro años.
La Presidencia del Senado fue el primer strike y la elección de contralor, el segundo. Ayer la elección de secretario de la Comisión Sexta cuenta como foulball. Esto no significa que Abelardo haya perdido el Congreso ni que el Pacto tenga una nueva mayoría estable; no hay evidencia para afirmar ninguna de las dos cosas. El problema es más incómodo: el Gobierno tiene partidos, pero todavía no sabe con certeza cuándo tiene sus votos.
En julio aparecieron doce por fuera de la cuenta. Esta vez fueron dos. El martes podrían ser exactamente los necesarios. Y en el Congreso, donde todos cumplen hasta que se abre la urna, esa es la única cifra que importa.
