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Agosto se fue volando techos: once municipios del Magdalena bajo el vendaval
Por: Victor Rodríguez Fajardo
Al menos 75 viviendas, un colegio y nuevas áreas de cultivo resultaron afectadas. El departamento cerró un mes de emergencias mientras persiste la posibilidad de tormentas.
El último fin de semana de agosto dejó una nueva cadena de emergencias en el Magdalena. Lluvias intensas y fuertes ráfagas de viento destecharon viviendas, derribaron árboles, afectaron una institución educativa, interrumpieron el servicio de energía y golpearon plantaciones en once municipios del departamento.
El primer balance comprobado registra por lo menos 75 viviendas afectadas: 45 en Ariguaní y más de 30 en Tenerife. La cifra aumentará cuando concluyan los censos y se concilien los reportes municipales.
La Gobernación recibió información de Chibolo, Concordia, Plato, San Zenón, Santa Bárbara de Pinto, Sabanas de San Ángel, Cerro de San Antonio, Pivijay, Pijiño del Carmen, Ariguaní y Tenerife. No todos sufrieron daños de la misma magnitud: en algunos se comprobaron destechamientos; en otros solo se reportaron lluvias, vientos o interrupciones eléctricas pendientes de verificación.
Tenerife: viviendas, árboles y un colegio
El vendaval golpeó a Tenerife durante la tarde del sábado 29 de agosto. Al menos 30 viviendas resultaron averiadas y una perdió completamente el techo.
El Paraninfo de la Institución Educativa Simón Bolívar sufrió daños considerables. También cayeron árboles y se presentaron fallas de energía y comunicaciones.
La Alcaldía, encabezada por Jorge Miguel Mercado Botero, informó que activó la respuesta municipal con Gestión del Riesgo y Defensa Civil. El censo se extendió a los sectores donde la comunidad reportó daños, mientras la Gobernación recorrió el territorio con autoridades locales y directivos docentes.
Rosa Elena Pertuz, habitante del barrio El Centro, perdió el techo de su cuarto y dos colchones. «Sonó como una explosión y cuando salí ya no había techo. La lluvia que vino después se llevó todo lo que quedaba adentro», relató. Su vecino, Álvaro Daza, de 61 años, contó que intentó sujetar las láminas con sus manos antes de que el viento se las arrancara. «Uno sabe que el vendaval viene, pero no hay con qué amarrar un techo que ya está viejo.»
«Estamos recorriendo el territorio para conocer de primera mano la situación y fortalecer las acciones de atención y respuesta», informó el equipo departamental.
No se han confirmado personas muertas, desaparecidas o lesionadas de gravedad.
Ariguaní: el balance puede crecer
En Ariguaní, el Comité Municipal de Gestión del Riesgo recibió inicialmente 45 reportes de viviendas afectadas, principalmente por pérdida parcial o total de techos.
La alcaldesa María Paola Álvarez recorrió las zonas perjudicadas y llegó hasta corregimientos como Tres Esquinas para acompañar a las familias. Una publicación posterior de la administración habló de más de 75 hogares atendidos, cifra que deberá conciliarse con el reporte inicial para establecer cuántos pertenecen exclusivamente al último vendaval.
Yolanda Barros, madre de tres hijos en el corregimiento de Tres Esquinas, mostró a las autoridades el hueco en su techo por donde entró la lluvia durante horas. «Pusimos ollas, cobijas, lo que había. Mis hijos durmieron mojados.» La mandataria aseguró que el municipio acompañará la reconstrucción y mantendrá la articulación con la Gobernación y los organismos de respuesta.
Ariguaní ya había sufrido otro evento a comienzos de agosto, cuando se reportaron alrededor de 130 viviendas afectadas y se estudió la posibilidad de declarar la calamidad pública. Por eso las autoridades deben separar los dos censos para no duplicar cifras ni recursos.
Chibolo, Plato y los reportes del territorio
En Chibolo, la comunidad registró en videos la intensidad de las ráfagas y los momentos de pánico. El alcalde Alberto Escobar anunció acompañamiento a los sectores afectados y pidió a los habitantes reportar los daños para consolidar el censo.
El municipio arrastra, además, las consecuencias del grave vendaval de abril, cuando fueron afectadas cerca de 400 viviendas y 60 quedaron en pérdida total. En ese momento, Escobar pidió apoyo nacional porque Chibolo vivía «uno de los peores momentos» de su historia reciente.
En Plato se conocieron daños en viviendas urbanas y reportes de fuertes vientos en la vereda Nueva York. Las comunidades rurales también alertaron sobre posibles afectaciones agrícolas. La Alcaldía solicitó canalizar la información mediante Gestión del Riesgo para identificar familias, cultivos y vías perjudicadas.
Concordia, San Zenón, Santa Bárbara de Pinto, Sabanas de San Ángel, Cerro de San Antonio, Pivijay y Pijiño del Carmen reportaron lluvias, ráfagas o fallas eléctricas. Sus alcaldías activaron el monitoreo local, pero todavía no existe un balance departamental que discrimine cuántas viviendas o familias resultaron afectadas en cada uno.
«Nuestra prioridad es proteger a la gente»: gobernadora
La gobernadora Margarita Guerra ordenó desplegar equipos hacia Tenerife y Ariguaní y mantener comunicación con los alcaldes y coordinadores municipales.
«Estamos muy atentos a las lluvias y fuertes vientos que se han presentado a lo largo del día en diferentes municipios del departamento», manifestó.
«He dado instrucciones al gabinete departamental para desplegar una atención inmediata y articulada en los municipios donde se reportan afectaciones. Nuestra prioridad es proteger a la gente y garantizar una respuesta institucional rápida y efectiva.»
La Oficina para la Gestión del Riesgo de Desastres del Magdalena activó la ruta departamental de atención. Su responsabilidad es consolidar las Evaluaciones de Daños y Análisis de Necesidades —EDAN— y diferenciar viviendas destruidas, inmuebles parcialmente averiados, familias damnificadas, colegios, vías, servicios públicos y cultivos.
Organismos de socorro: censo, prevención y asistencia
La Defensa Civil y la Cruz Roja participan en el esquema de respuesta junto con cuerpos de bomberos, Policía, hospitales y consejos municipales de Gestión del Riesgo.
La Defensa Civil pidió asegurar cubiertas, retirar objetos que puedan convertirse en proyectiles y no permanecer debajo de árboles, postes o estructuras inestables durante las tormentas. La Cruz Roja recomendó desconectar equipos eléctricos, preparar medicamentos y documentos esenciales y reportar inmediatamente cualquier familia que requiera evacuación o atención médica.
Ambos organismos concentran su trabajo en la verificación de daños y la asistencia a las comunidades. Todavía no existe un balance departamental público con el número de voluntarios, evacuaciones, primeros auxilios o ayudas humanitarias entregadas.
La UNGRD reiteró a las autoridades territoriales la necesidad de mantener activos sus planes de contingencia, vigilar los puntos críticos y asegurar recursos en los fondos municipales y departamentales. Hasta ahora no se conoce una solicitud consolidada del Magdalena que permita establecer qué recursos nacionales serán requeridos.
Los bananeros ya venían contando pérdidas
Los reportes comunitarios indican nuevas plantaciones afectadas durante el fin de semana, pero todavía no existe una cifra de hectáreas atribuible exclusivamente al evento del 29 y 30 de agosto.
El dato disponible corresponde al acumulado anterior en Zona Bananera:
La cifra fue presentada por la Oficina municipal de Gestión del Riesgo durante una mesa convocada por Asbama y Augura.
José Francisco Zúñiga, presidente ejecutivo de Asbama, expresó la posición del gremio: «Nuestra solidaridad está con cada pequeño productor y con cada familia de la Zona Bananera que se ha visto afectada. No los dejaremos solos.» Asbama solicita créditos, garantías, herramientas, insumos y asistencia técnica. La emergencia, advierte el gremio, no termina al levantar una planta caída: detrás de cada hectárea perdida existen trabajadores y familias que pueden quedarse varios meses sin ingresos.
Fermín Castaño, pequeño productor de Guacamayal con cuatro hectáreas de banano, resumió lo que muchos sienten: «Uno invierte todo el año para que en un momento el viento lo tumbe. No hay seguro, no hay crédito fácil. Uno queda solo.»
La alcaldesa de Zona Bananera, Clareth Olaya, había confirmado que los vendavales anteriores golpearon seis barrios de Guacamayal y 11 de Orihueca. El evento del 6 de agosto dejó 2.302 personas, 666 familias y unas 221 hectáreas inicialmente afectadas. Olaya pidió acompañamiento nacional porque la capacidad municipal resultaba insuficiente para atender simultáneamente viviendas, pequeños productores y servicios públicos.
Agosto no fue una sola emergencia
El último vendaval cerró un mes completo de afectaciones que no deben leerse como un único evento:
Las cifras no pueden sumarse como si correspondieran a un único vendaval, pero sí deben leerse conjuntamente para medir el desgaste económico y la presión acumulada sobre alcaldías, productores y familias.
¿Es normal en esta época?
Las tormentas y vendavales son recurrentes entre agosto y noviembre en el Caribe colombiano. Durante este periodo coinciden la alta temperatura, la humedad, el tránsito de ondas tropicales y la reactivación de la Zona de Confluencia Intertropical.
La temporada de ciclones tropicales se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre. Eso no significa que el vendaval del fin de semana haya sido un huracán: ninguna autoridad ha establecido el impacto directo de un ciclón sobre el Magdalena. Una tormenta local puede producir corrientes descendentes que golpean el suelo y se expanden con fuerza, levantando cubiertas y tumbando árboles o plantaciones.
El Ideam había advertido a comienzos de agosto sobre vientos de entre 37 y 55 kilómetros por hora en el Caribe central y oriental, con posibilidad de ráfagas superiores.
La recurrencia tampoco es nueva. Tenerife declaró la calamidad pública en 2019 después de un vendaval que dejó una persona muerta, 17 lesionadas y centenares de viviendas afectadas. Chibolo sufrió en abril de 2026 el evento que averió alrededor de 400 casas.
Los vendavales pueden ser propios de la temporada; lo que no debería resultar normal es que cada episodio vuelva a encontrar techos débiles, fondos insuficientes y comunidades sin capacidad de recuperación.
El pronóstico: continúa el riesgo
Los modelos de corto plazo mantienen lluvias y tormentas localizadas durante los próximos días:
• En Santa Marta y el norte se esperan temperaturas de 33 a 34 grados, nubosidad y lluvias vespertinas.
• En Plato podrían presentarse tormentas entre martes y jueves, con máximas de 35 a 36 grados.
• En Ariguaní aumenta la posibilidad de tormentas entre miércoles y viernes, con temperaturas que pueden alcanzar 36 o 38 grados.
• En el centro y sur del departamento, la combinación de calor y humedad favorece lluvias intensas de corta duración, descargas eléctricas y ráfagas.
El pronóstico no anuncia otro vendaval como hecho cierto. Advierte que persisten condiciones favorables para tormentas fuertes y puede cambiar en pocas horas. El Ideam mantiene la actualización permanente de sus mapas y alertas.
El balance sigue abierto
El cierre provisional deja al menos 75 viviendas comprobadas entre Ariguaní y Tenerife, un colegio averiado, árboles caídos, fallas eléctricas y daños adicionales en verificación. No hay víctimas mortales ni lesionados graves confirmados.
El Magdalena cerró agosto con familias levantando sus techos, campesinos contando cultivos caídos y alcaldías que todavía no terminan un censo cuando ya deben prepararse para el siguiente aguacero. La tormenta pasó en minutos; la recuperación puede tardar meses.
Nota metodológica: Este artículo se elaboró con base en comunicados oficiales de la Gobernación del Magdalena, alcaldías municipales, Defensa Civil, Cruz Roja, Asbama y la UNGRD, complementados con reportes comunitarios difundidos en redes sociales y testimonios recogidos en territorio. Las cifras de afectados corresponden a balances preliminares sujetos a actualización conforme avancen los censos municipales.
