Poder & Gobierno
ABELARDO VOLVIÓ DOS VECES; EL MIEDO SIGUE COBRANDO EN SANTA MARTA
Los operativos golpean a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. Ahora el Estado debe demostrarle al comerciante que puede abrir, al conductor que puede salir y a los padres que sus hijos pueden volver a clase sin pedirle permiso al miedo.
Por Víctor Rodríguez Fajardo
Abelardo de la Espriella volvió dos veces a Santa Marta. Vino con la cúpula militar, presidió consejos de seguridad y prometió perseguir a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. Hay que reconocerlo: el presidente se tomó en serio una estructura que lleva décadas imponiendo su autoridad mediante amenazas, homicidios, control territorial y extorsión.
Pero esta mañana el cachaco de la tienda tiene una pregunta más urgente que cualquier declaración presidencial: ¿abro o me quedo en casa?
El conductor quiere saber si podrá completar su ruta. Los padres necesitan una fecha clara para el regreso a clases y razones para confiar en ella. El vendedor del mercado no puede vivir de comunicados. Si las autoridades anuncian que la Troncal está habilitada, pero el bus no sale y el pasajero no se sube, la economía sigue cerrada. Recuperar una vía exige también recuperar la confianza de quienes la usan.
Todavía no hay un balance verificable de cuánto dinero perdió Santa Marta durante el paro armado. Ponerle hoy una cifra a las persianas cerradas sería inventarla. Sabemos, en cambio, quiénes asumen el golpe: el trabajador que vive del día, el comerciante que pierde ventas, el transportador que guarda el vehículo y la familia que reorganiza su trabajo porque el niño no puede ir a clase.
También sabemos que el daño económico empezó mucho antes de esta semana. Opinión Caribe ha recogido los hallazgos de la Fundación Ideas para la Paz: distintas fuentes estiman entre 6.000 y 7.000 millones de pesos mensuales las rentas que las ACSN obtendrían de la extorsión. Es una estimación sobre la estructura criminal y su zona de influencia; no una cuenta de las pérdidas del paro ni una cifra exclusiva de Santa Marta. ACLED, citando a la misma fundación, advierte del alcance de la extorsión sobre los negocios turísticos de la Sierra Nevada. (Opinion Caribe)
Ahí está la prueba para el Gobierno. Dar de baja a un cabecilla golpea la organización. Lograr que el comerciante abra sin pagar una «vacuna» golpea el negocio que la sostiene. Para eso hacen falta protección que permanezca, investigación de los cobradores, denuncia segura y presencia institucional cuando se retiren los soldados.
La Alcaldía y la Gobernación han convocado sus instancias de coordinación, anunciado medidas de seguridad y buscado restablecer la movilidad. Les corresponde ahora publicar respuestas útiles, barrio por barrio: qué rutas operan, qué colegios retoman clases, dónde habrá acompañamiento al comercio, cómo denunciar una amenaza y quién responde si el extorsionista vuelve la próxima semana. La confianza no se decreta; se gana cumpliendo esas respuestas.
Y mientras llega octubre de 2027, conviene mirar también a quienes aspiran a gobernar. Al presidente del Concejo y a los demás integrantes de la corporación hay que exigirles una posición pública y propuestas concretas. A los aspirantes que llevan meses haciendo campaña, presencia donde la gente tiene miedo. Al secretario de Seguridad, un balance operativo que el ciudadano pueda comprobar. En una crisis así, la foto del funcionario no sustituye la información que necesita la calle.
Petro escribió que esto era una «toma armada de Santa Marta». Le respondí cuestionando su decisión frente a alias Cholo. En esa respuesta lo llamé «gestor de paz»; preciso el dato: fue reconocido como miembro representante de las ACSN para acercamientos, no designado formalmente gestor de paz. La precisión importa. También importa que quienes tomaron decisiones sobre esa interlocución expliquen sus resultados. (www.opinioncaribe.com)
Celebro que el presidente Abelardo de la Espriella haya asumido el reto. Será largo: no se deshacen treinta años de intimidación con dos visitas ni con aviones sobre la Sierra. La medida de su éxito estará en algo menos espectacular y mucho más difícil: que mañana el cachaco levante la persiana, el bus complete la ruta y los niños regresen a clase sin que ninguna familia sienta que está apostando su seguridad.
Santa Marta sabrá que empezó a vencer el miedo cuando abrir un negocio deje de ser un acto de valentía.
