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Criminales y redes sociales

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La hibridez de los nuevos Actores Armados Ilegales y su ejercicio criminal está apostando a la generación de espacios con poder que faciliten la vinculación o el reclutamiento de jóvenes influyentes en las redes sociales. Un caso de estudio etnográfico es el de Nain Andrés Pérez Toncel, conocido como “el Bendito Menor”, el cual permite considerar una nueva realidad en evolución sobre el uso de las redes sociales al servicio de la criminalidad. El siguiente escrito busca poner en la discusión dos aspectos importantes en la era de las redes sociales. Al interior de un grupo como estrategia de dominación y formas de construir prestigio, legitimidad y poder y al exterior, como forma de explotación económica vinculada al testaferrato. Miremos los dos casos:

Nain, era un outsider criminal con una legitimidad social impresionante y esto, aunque para algunos parezca un simple acto de popularidad, irresponsabilidad o incluso narcisismo, la realidad es que esta dinámica lleva implícita una nueva estrategia propia en los nuevos conflictos urbanos basada en las redes sociales, en los que, a través de ella, los actores armados pueden identificar comunidades; detectar riesgos y oportunidades; fortalecer las formas de eliminación (detención del enemigo); facilitar la captura de las rentas locales y vigilar. No es solo un espacio de medir popularidad. Es construcción digital de la reputación y es un mecanismo de control, basado en estrategias locales. Los videos de Nain no llegaban a otras ciudades. Estaban creados para una comunidad específica, marginal y con niveles altos de aculturación a elevados ciclos de violencias, como ocurre en otros espacios.

Un análisis empírico local da cuenta de una realidad diferente que se pueda percibir en otros espacios. Por esto, la habilidad en las redes sociales va de la mano con el fortalecimiento de sus zonas de operación y, con esta estrategia, disciplinan a las comunidades; establecen un discurso (oral y simbólico) que apoye la toma decisiones de los líderes; plantean misiones y objetivos -debido a su rápido crecimiento y cambios en el entorno – y se adaptan. Son grupos que tienen una visión que proyectan al delincuente: detrás de la figura de las personas que asesinan a sangre fría, están, en el mismo nivel, las personas que hacen obras sociales e imponen “justicia y orden”.

En la Sierra Nevada, las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, -ACSN- son uno de los grupos con alto crecimiento digital. Muchos de sus miembros interactúan en X, Facebook, Instagram y TikTok. En todas estas redes tienen un número importante de seguidores y no, no era solo un tema de esta persona, como se pudiera pensar: todos los grupos usan abiertamente cualquier red y posten fotos, videos en combates y parte de su actividad diaria. Es impresionante el consumo de redes sociales y, la rapidez en la trasmisión de información por WhatsApp y otras plataformas de comunicación, les permite estar un paso adelante; de hecho, los que las usan no tienen ningún pudor a la hora de poner su imagen y su nombre. Como dicen ellos mismos: de frente y sin asco.

El otro caso es que, ante la amplitud y la falta de regulación del crecimiento de las redes sociales, muchas personas externas a los grupos armados son buscados para que hagan las veces de testaferros. Los volúmenes de dinero que mueven todos los días los obliga a buscar formas de mezclar la plata con actividades lícitas. Esta es parte de la hibridez de estos nuevos actores y se pensaría en un sistema clásico de testaferrato, en el que se entregan miles de millones a una sola persona, pero no: funcionan como cadenas de pequeñas inversiones distribuidas en un número importante de personas, lo que minimiza la identificación de los activos. Atrás quedaron los parqueaderos, lavaderos e inversiones pomposas.

Los grupos armados han sabido moverse en lo que antes era imposible: el mundo digital y de allí han emergido figuras que sobresalen con mayor representatividad, pero básicamente, han sabido usar las redes sociales para transmitir y con esto, seguir ganando validación y control. Las redes sociales hacen visible al criminal, pero esa visibilidad no necesariamente debilita su poder, también puede producirlo, aunque vendrá, seguramente, una recomposición en la estrategia de redes para minimizar y prever posibles cambios en sus dinámicas delictivas y en escenarios donde sea posible una menor perturbación, porque al final la estrategia primaria, si bien les está dando los resultados esperados, también ayuda a las autoridades con su identificación y la identificación entre grupos rivales.

En el plano de las Políticas Públicas se hace necesaria una regulación. Los apoyos de niños, jóvenes y hasta adultos es grande y alimenta la comercialización del morbo que empuja a validad de la violencia, incluso con ciertos aspectos estéticos -justificables de la muerte- y un concepto nauseabundo de justicia, donde se impone la masculinidad y el miedo. Una realidad que los alejaba de los criminales promedios y lo ubicaba en una posición que valida su accionar. Hay también una estética de la muerte que se moldea, perfecciona y se promueve en todas las interacciones. En la estrategia secundaria, estamos lejos de conocer los alcances y los niveles de testaferrato.

Finalmente, las redes sociales también tienen sus efectos adversos. En el caso de alias Nain lo inflaron. No era uno de los máximo comandantes, de hecho, por encima de él había varios e incluso un bloque, el Javier Cáceres del que, hacía parte el Frente Urbano Espacial de la Guajira, que comandaba con no más de 20 sicarios, también llamados algunos como “benditos” como si se tratara de una estrategia de márquetin. Todos jóvenes con una amplia comunidad en redes sociales. Sus fotos y videos muchas veces creados o modificados con Inteligencia Artificial le daban mayor popularidad y el coraje desafiante. Las mismas redes sociales lo impulsan a interactuar constantemente, perdiendo incluso las proporciones y poniendo a las cabezas del grupo en el ojo del huracán. No era el máximo comandante como lo ponen, eso está probado, pero sí era violento y sí tenía a La Guajira acorralada con sus métodos de guerra, aunque curiosamente sus años de mayor crecimiento criminal fueron el 2024 y el 2025. En el 2026 se la pasó corriendo y escondiéndose, aunque con algunas apariciones fugaces, pero las redes sociales no miden estos declives y lo que sí hicieron fue seguirlo impulsando todo el tiempo a crecer e interactuar.