La Firma
UNA RETRASADA RENUNCIA DE UN ADELANTADO
Tres elecciones con menos votos y tres jefes después, Lozano quiere ser alcalde. Renunció a ordenar el gasto, pero sigue a órdenes de quienes podrían tenerle reservado un renglón en otra lista.
Por Víctor Rodríguez Fajardo
Efraín David Lozano Dueñas presentó el 19 de octubre su renuncia a la presidencia del Concejo de Santa Marta, a poco más de dos meses de terminar esa responsabilidad. Dejó la función de ordenar el gasto, pero conservó la curul y su militancia en Cambio Radical. Tomó una precaución administrativa mientras sigue dependiendo de quienes tienen otros planes para el poder.
Ahí comienza esta historia de un adelantado que se demoró en entender dónde estaba amarrado.
Para comprenderlo hay que recordar lo que fue Cambio Radical en el Magdalena. Eran los tiempos de Miguel Pinedo Vidal y su amistad con Germán Vargas Lleras, compañeros de bancada en el Congreso. Aquella relación abrió puertas y ayudó a construir una organización que llegó a concentrar buena parte del poder regional.
Vargas mandaba en la colectividad mientras su aliado FuadChar acumulaba votos y credenciales. Con cada elección, la casa Char adquiría mayor capacidad para discutir las decisiones. El partido terminó con dos centros de poder y los dirigentes regionales aprendieron a buscar entrada por donde encontraran mejor recepción.
El Olimpo tenía dos puertas. La bendición dependía de quién atendiera.
Los avales quedaron atravesados por esas negociaciones. Una aspiración podía trabajar durante meses y terminar sacrificada para facilitar un acuerdo entre jefes. Ana María Muelle, entonces concejal y aspirante a la Alcaldía de Santa Marta en 2015, conoció esa mezquindad. Su solicitud de aval quedó enredada en los acercamientos del sector del Mello Cotes con dirigentes de La U. La candidatura que ella construía terminó subordinada a cuentas que otros hacían. Hoy está fuera del partido.
La historia de Claudia Patricia Aarón merece capítulo aparte. Esa la contamos otro día.
Con el debilitamiento de Miguel Pinedo surgió otra figura: el Mello Cotes. Contemporáneo político de Álex Char, comenzó a crecer hasta convertirse en jefe. Su sector encadenó dos periodos en la Gobernación: el suyo, entre 2012 y 2015, y el de Rosa Cotes, entre 2016 y 2019. Extendió su influencia por alcaldías municipales y corporaciones.
La expansión de Cambio Radical llegó a sumar, en distintas etapas, la Alcaldía de Santa Marta, cinco credenciales en la Asamblea y cuatro en el Concejo distrital. Durante el gobierno de Rosa, Vargas Lleras ocupó la Vicepresidencia hasta marzo de 2017; en 2018, la colectividad consiguió dos de las cinco curules del Magdalena en la Cámara, además de su representación senatorial.
Había con qué mandar. También había bastante para repartir.
Pero factores internos y externos redujeron aquella estructura. Se perdieron espacios, cambiaron las lealtades y llegaron a la jefatura dirigentes que antes debían esperar turno. Solo hay que mirar el recorrido de Carlos Mario Farelo para entender cómo las credenciales cambian la distribución de los asientos.
Hoy, aquella abundancia contrasta con una representación territorial encogida: Candy Sánchez en la Asamblea, actuando con autonomía frente a la jefatura, y Efraín Lozano como único concejal de Cambio Radical en Santa Marta, bastante más disciplinado con sus referentes.
Aquí aparece nuestro protagonista.
Abogado, elegido para los periodos 2016–2019, 2020–2023 y 2024–2027, Lozano ha transitado bajo la tutoría del Mello Cotes, Carlos Pinedo y Carlos Mario Farelo. Tres jefaturas para una trayectoria que conserva credenciales mientras pierde votación personal.
Los registros publicados muestran 3.073 votos en su primera elección y 2.761 en la segunda. Para la tercera, una relación posterior a los escrutinios reportó 2.598. Según esa serie, perdió 475 votos respecto de su debut: alrededor del 15,5 %. Cada renovación le ha dejado menos electores.
Curiosa manera de preparar un salto a la Alcaldía: encogiendo la base desde donde piensa impulsarse.
En 2019 contó, además, con una locomotora de considerable tamaño. Cambio Radical obtuvo 16.434 votos; Carlos Pinedo aportó 7.458 y Lozano 2.761. Pinedo puso el 45,4 % de toda la votación de la lista y reunió unas 2,7 veces los votos de Lozano. La colectividad consiguió dos curules y nuestro adelantado ocupó la segunda.
Ese es el fundamento del arrastre político de aquella reelección. La cifra repartidora operó sobre los votos de toda la lista; el aporte de Pinedo tuvo un peso considerable en la obtención de la segunda credencial.
Una cosa es viajar con locomotora y otra bajarse convencido de haber empujado el tren.
Lozano también ha conseguido respaldo dentro del recinto. Fue elegido presidente para 2023 con 16 votos y para 2026 con 18. Tiene capacidad para acordar entre colegas. Pero una mesa directiva se negocia entre diecinueve concejales; una Alcaldía exige convencer a la ciudad.
Los aplausos del recinto no vienen con certificado de transferencia electoral.
Ahora quiere conducir Santa Marta. El problema es que sus referentes actuales están coincidiendo en una apuesta distinta.
La alianza entre los Farelo y los Pinedo tiene una fórmula de salida: David Farelo para la Gobernación y Jocelin Azar para la Alcaldía. Ese es el mantra que deben escuchar quienes pretenden conservar espacio dentro de esa organización.
“Nadie puede servir a dos señores”, advierte la enseñanza bíblica. En esta parroquia el inconveniente adquiere otra dimensión: los dos señores pueden ponerse de acuerdo mientras el servidor tiene una aspiración distinta.
En ese encuentro del Olimpo también participa Honorio Henríquez, hoy presidente del Congreso y en su cuarto periodo consecutivo como senador, desde 2014. Su posición abre puertas; queda por medir cuántos electores puede movilizar en las disputas territoriales. El tamaño del despacho no permite contar, por sí solo, los votos.
Y afuera hay demasiada gente queriendo entrar.
El abelardismo está ávido de estrenar Defensores de la Patria con credenciales territoriales en 2027. Bajo el liderazgo de Joaco, el Tigre buscará sumar refuerzos para su cachorro Álvaro Méndez. En esa lectura encaja Supermarguiabelardiando: mi pronóstico es que su acercamiento al Gobierno nacional terminará teniendo expresión electoral. Por la otra orilla, el Pacto Histórico y la residual Fuerza Ciudadana están en tratativas y, juntos, deberán contarse entre los protagonistas de los próximos escrutinios.
En semejante pelea por la supervivencia, ¿qué incentivo tendrían Farelo y Pinedo para fortalecer una candidatura que compita con su propia fórmula?
Aquí cobra sentido el antecedente de Carlos Pinedo. En junio de 2022 renunció a la curul y a Cambio Radical, con más de dieciséis meses de anticipación a las elecciones de octubre de 2023. Después construyó Santa Marta Sí Puede mediante firmas, aunque contara con respaldo de su antigua colectividad.
Entendía el riesgo de dejar su aspiración dependiendo exclusivamente de una puerta que podían cerrarle.
Lozano conoce esa historia. También conoce la de Ana María Muelle. Su carta atiende las precauciones que considera necesarias frente a la responsabilidad administrativa, pero dejar la presidencia no lo convierte en agente libre. Dentro del partido, su aspiración tendrá que medirse con las prioridades de quienes negocian el proyecto territorial.
Desde las torres del Corone imaginemos la escena. Es sátira parroquial; el lugar puede ser Milán, Miami, Dubái o cualquier rincón del universo donde los semidioses decidan descansar de nuestras preocupaciones terrenales.
Sobre la mesa, una botella de champaña Cristal. Carlos Pinedo conversa con David Farelo:
—David, tú eres mi candidato a la Gobernación y mi candidata a la Alcaldía es Jocelin. ¿Y tú le vas a dar aval a Efraín?
El feliz padre de mellizas responde:
—Tranquilo, Carlos. Ya llamo a Carlos Mario. Le ofrecemos encabezar la lista de Cambio Radical a la Asamblea y de paso le ponemos competencia a Candy.
Dos aspiraciones resueltas antes de que se caliente la copa.
Lozano tiene hambre política y derecho a aspirar. Para atravesar ese acuerdo necesitaría una fuerza propia que hiciera costoso descartarlo. Esa es la tardanza del adelantado: anunció sus ganas de ser alcalde mientras sus referentes pueden estar calculando cómo acomodarlo en otra lista.
Renunció a la presidencia cuando lo que necesitaba era dejar de pedir permiso.