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HACIA UNA ESTRATEGIA MARÍTIMA DEL MAGDALENA
Por: Capitán de Fragata Julio Monroy, Capitán de Puerto de Santa Marta.
Cuando hablamos de la división política del país, nunca se incluye el mar, ¿por qué? La respuesta parece simple: porque el mar no pertenece políticamente a ningún municipio o departamento. El territorio del Magdalena termina formalmente en la orilla, y lo que viene después, y hasta el límite de la Zona Económica Exclusiva, lo regula la Nación a través de sus entidades. Sin embargo, los Magdalenenses lo sienten exclusivamente suyo, y tienen razón en sentirlo así.
El mar no es ajeno al Magdalena por el hecho de que su administración recaiga en instituciones del orden nacional; es parte de su identidad, de su economía y de su historia. La organización política del país no limita a que sean las expresiones regionales y locales las que modulen los usos dados a los espacios marítimos y costeros. Lo que falta no es apropiación, sino organización: que las poblaciones costeras y el departamento construyan una posición propia, técnica y articulada, para interlocutar con quienes tienen la competencia sobre ese espacio, y para asegurarse de que las decisiones que allí se toman reflejen también lo que el Magdalena necesita y quiere ser.
Aquí es donde se vuelve importante que el departamento del Magdalena, junto con los municipios de Ciénaga, Sitionuevo, Puebloviejo y el distrito de Santa Marta, establezcan una ruta clara, una estrategia marítima regional. Esta, debe basarse en tres ejes fundamentales: primero, el conocimiento del territorio marino y costero, porque no es posible planear lo que no se conoce; segundo, la articulación institucional, entendida como canales permanentes de diálogo entre las administraciones locales y las entidades nacionales con competencia sobre el mar, para que las decisiones que se toman desde Bogotá lleguen al territorio con contexto regional y las necesidades locales lleguen a la capital con argumentos técnicos; y tercero, la proyección de la economía azul, identificando y desarrollando de manera ordenada las oportunidades que el mar ya ofrece, desde el turismo náutico y la pesca artesanal hasta la logística portuaria, sectores que hoy crecen por impulso propio pero que podrían crecer mucho más con una visión compartida que los oriente.
La magnitud de lo que está en juego no es abstracta. Solo en la jurisdicción de la Capitanía de Puerto de Santa Marta se registró en 2025 un movimiento de carga desde los puertos del Magdalena de más de 35.500.000 toneladas, ocupando el primer lugar en movimiento de carga en el país. El tráfico marítimo local, que incluye transporte de pasajeros y navegación local de buques (cabotaje) y remolcadores, da cuenta de más de 46.600 zarpes durante 2025, ocupando la región el segundo puesto después de Cartagena por una diferencia mínima. El incremento sustancial en arribos de cruceros también ha sido muy notorio, siendo el segundo puerto nacional para estos buques. Todo ese dinamismo ocurre hoy sin una hoja de ruta regional que lo ordene, lo proyecte y lo proteja. Una estrategia marítima del Magdalena no partiría de cero: partiría de una realidad ya robusta que merece algo mejor que la improvisación.
El Magdalena tiene todo para ser el primer departamento de Colombia con una estrategia marítima propia: tiene litoral, tiene historia, tiene vocación costera y tiene potencial de inversión. Lo que no tiene todavía es la decisión de sentarse a construirla. Esa decisión no la toma una sola entidad ni un solo alcalde; la toman juntos el departamento, los municipios costeros y las instituciones que tienen competencia sobre el mar, reconociendo que el desarrollo del Magdalena y el ordenamiento de su espacio marítimo no son asuntos separados, sino dos caras de la misma moneda. “De la política a la acción”, nos interpela la Organización Marítima Internacional para movernos de un estado meramente ideal a lo real; en este caso, las ideas y voluntades colectivas deber ser movilizadas hacia una verdadera estrategia marítima del Magdalena.