Análisis
LA VERRUGA DE SANTA MARTA
El paciente sigue esperando la cura. Quienes viven de la consulta esperan las próximas elecciones.
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
Cuenta un viejo chiste que un médico atendió durante décadas a un paciente por una verruga en la espalda. Lo examinaba, le recetaba medicamentos y le fijaba otra cita. El paciente pagaba, cumplía el tratamiento y regresaba. La verruga también cumplía: nunca faltaba.
Un día, el hijo del médico terminó sus estudios y le propuso:
—Papá, ya es hora de que descanses. Tómate unas vacaciones. Yo me encargo del consultorio.
El padre aceptó. Un mes después regresó y escuchó el informe de su reemplazo. Todo parecía marchar bien, hasta que el muchacho, orgulloso, dejó para el final su mayor logro:
—Había un paciente que llevabas décadas tratando por una lesión en la espalda. Revisé la historia y lo examiné. Era una verruga que podía cauterizarse. Lo hice. Ya está curado.
El padre respiró hondo, se tragó el disgusto y le respondió:
—Hijo, gracias a esa verruga te pagué la carrera de medicina.
En nuestra política parroquial, el agua es la verruga. Los políticos de turno hacen de médicos. Y el paciente tiene nombre conocido: Pedro Pueblo.
Decir que en Santa Marta hay agua no resuelve la vida de quien abre la llave y no recibe una gota. La discusión es cómo llevarla a las casas, de manera suficiente y continua. Pero un problema que mueve plata, reparte favores y produce votos puede resultar demasiado rentable para quienes administran su permanencia.
Mientras Pedro Pueblo necesita una solución, al médico puede bastarle con garantizar la próxima consulta.
Pedro Pueblo abre la llave a las cinco de la mañana. Nada. Hace cuentas para llenar el tanque y pagar el agua que no le llega por la tubería. Le han prometido servicio las veinticuatro horas. Ahora le explican, con paciencia de consultorio, por qué todavía no.
Cada elección llega con un ungüento nuevo. Unos prometen la planta, otros el río, otros la alianza regional. Pedro Pueblo ya tiene las recetas anteriores guardadas en el cajón. Paga con impuestos, con tiempo y con resignación. Y cuando llega la cita electoral, también paga con el voto.
La verruga sigue ahí.
El agua que llega como favor político convierte un derecho en una deuda de gratitud. Quien debería exigir resultados termina sintiéndose obligado con el que le administra la escasez.
En 2027 habrá otra cita.
¿Volverá Pedro Pueblo, dócilmente, a renovar la ilusión? ¿Buscará otro médico?
Cuidado: cambiar de médico no basta si el reemplazo también piensa pagarles la carrera a sus hijos con la misma verruga.
P. D. Del mismo sesentón distópico de siempre: contraperiodista, hombre de contrapoder y experto chiflador de iguana en la política parroquial, con especialización en contar el cuento del gallo capón.