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Tres samarios que aportaron al acueducto de Bogotá plantean alternativas para El Curval

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Tres samarios que aportaron al acueducto de Bogotá plantean alternativas para El Curval

La participación de Rodrigo Jacquin Brito y los hermanos Juan y Jaime Quintero en un proyecto del acueducto de Bogotá conecta una historia de trayectoria profesional con un desafío para Santa Marta: estudiar cómo la generación de energía solar podría reducir los costos de operación de la futura PTAP El Curval.

Mientras Santa Marta continúa buscando soluciones estructurales a sus dificultades de abastecimiento de agua potable, la experiencia de la Planta de Tratamiento de Agua Potable (PTAP) El Dorado, en Bogotá, plantea una alternativa que merece examinarse: incorporar generación de energía solar a la infraestructura hídrica para disminuir su dependencia de la electricidad convencional.

La reflexión surge de una comunicación profesional de Rodrigo Jacquin Brito, ingeniero samario que participó en el desarrollo de un proyecto de acueducto para la capital del país junto con los también samarios Juan y Jaime Quintero. Los tres estuvieron vinculados, desde diferentes responsabilidades, a una iniciativa de infraestructura de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB).

A partir de esa experiencia, Jacquin Brito propone evaluar la incorporación de soluciones fotovoltaicas al proyecto de la PTAP El Curval I, en Santa Marta, tomando como referencia el sistema instalado posteriormente en El Dorado.

Tres samarios con trayectoria internacional

Rodrigo Jacquin Brito y Juan Quintero son egresados de la promoción de 1964 del Colegio Franciscano San Luis Beltrán. De acuerdo con información entregada a Opinión Caribe, ambos obtuvieron el Premio Nacional Coltejer, distinción que les permitió acceder a becas para continuar estudios en Estados Unidos.

Jacquin Brito desarrolló una extensa carrera profesional en Estados Unidos, España y otros países. Tras pensionarse regresó a Colombia, donde continúa dedicado a la consultoría. En el proyecto bogotano desempeñó funciones de dirección relacionadas con la ingeniería, la construcción y la puesta en marcha de infraestructura.

Juan Quintero, por su parte, ha desarrollado su trayectoria profesional en Washington, con experiencia vinculada al Banco Mundial y a la asesoría de proyectos de infraestructura de servicios públicos relacionados con CAF. Su aporte al proyecto de Bogotá estuvo asociado al acompañamiento internacional.

El tercer profesional es Jaime Quintero, hermano de Juan, quien también cursó estudios en Estados Unidos y participó en el proyecto de la EAAB desde el ámbito técnico.

La identificación de estos profesionales permite reconocer una contribución samaria a la infraestructura de abastecimiento de Bogotá. Sin embargo, sus responsabilidades en ese proyecto deben diferenciarse de la ejecución del parque solar, que entró en funcionamiento años después.

El Dorado: 1.600 paneles solares y una inversión de $6.750 millones

El 4 de julio de 2025, la EAAB inauguró en la PTAP El Dorado, ubicada en la localidad de Usme, su primer sistema fotovoltaico a gran escala.

La infraestructura cuenta con 1.600 paneles solares, una capacidad instalada de 850 kilovatios (kW) y una inversión aproximada de $6.750 millones. Según la empresa, el sistema puede cubrir la totalidad de la demanda energética de la planta durante las horas de mayor radiación solar.

En su informe correspondiente al primer trimestre de 2026, la EAAB confirmó que el parque fotovoltaico se encontraba en funcionamiento y que los excedentes de generación se entregaban a la red eléctrica. La entidad también informó que adelantaba gestiones para formalizar la compra de esa energía por parte del operador de red.

Esto introduce una dimensión económica adicional: además de reducir la electricidad adquirida para operar la planta, la autogeneración podría producir beneficios asociados a los excedentes energéticos.

En la comunicación conocida por Opinión Caribe, Jacquin Brito menciona una reducción del 52 % en la facturación eléctrica. No obstante, ese porcentaje aún requiere confirmación mediante registros oficiales que permitan establecer el período de comparación, el consumo y los valores efectivamente facturados.

La distinción es importante: cubrir la demanda durante determinadas horas no significa eliminar el consumo de la red durante todo el día ni garantiza una reducción equivalente en la factura.

El Curval: la pregunta sobre sus costos de operación

La experiencia bogotana resulta pertinente para Santa Marta porque el consumo de electricidad es uno de los componentes que deben evaluarse al diseñar y operar una planta de tratamiento de agua potable, especialmente cuando existen estaciones de bombeo.

El Curval figura desde hace años entre los proyectos previstos para fortalecer el abastecimiento distrital. El informe de gestión de la Alcaldía de Santa Marta correspondiente a 2022 ya lo incluía entre las metas de infraestructura del servicio de acueducto.

Sin embargo, ese antecedente no permite establecer si los diseños vigentes de la PTAP El Curval I incorporan generación fotovoltaica, si existe un estudio específico de factibilidad energética o qué recursos serían necesarios para implementar esa tecnología.

La propuesta de Jacquin Brito apunta precisamente a considerar esos aspectos en la estructuración del proyecto, en lugar de limitar el análisis al costo inicial de construir la planta.

Para determinar su conveniencia sería necesario conocer la demanda eléctrica proyectada, las características de los equipos de bombeo, el espacio disponible para los paneles, la inversión de instalación y mantenimiento y los ahorros esperados durante la vida útil del sistema.

El resultado obtenido en Bogotá no puede trasladarse automáticamente a Santa Marta, porque cada infraestructura presenta condiciones técnicas y operativas diferentes.

La paradoja de aportar al acueducto de Bogotá mientras Santa Marta enfrenta dificultades con el agua

Más allá de las cifras, la historia tiene un componente humano. En su comunicación, Jacquin Brito expresa la satisfacción de haber contribuido, junto con otros profesionales samarios, a un proyecto importante para el abastecimiento de Bogotá.

Al mismo tiempo, plantea la paradoja de que su ciudad de origen continúe enfrentando deficiencias en la prestación del servicio de agua potable.

Esa reflexión pone sobre la mesa una posibilidad concreta: aprovechar experiencias técnicas acumuladas por profesionales vinculados a grandes proyectos de infraestructura para enriquecer el debate sobre las soluciones que necesita Santa Marta.

La energía solar no resolvería por sí sola los problemas de disponibilidad de agua, las pérdidas en las redes ni las dificultades de distribución. Su eventual incorporación atendería una parte distinta del desafío: el costo energético de producir y transportar el agua.

Por eso, más que reproducir el parque fotovoltaico de El Dorado, el asunto consiste en establecer si El Curval puede beneficiarse de una solución adaptada a sus propias necesidades.

La pregunta que queda para las entidades responsables del proyecto es precisa: ¿los diseños actuales de El Curval contemplan la autogeneración de energía solar y, si no es así, se ha evaluado técnica y financieramente esa alternativa?

Responderla permitiría conocer si Santa Marta está incorporando criterios de eficiencia energética desde la planificación de una infraestructura que deberá operar durante décadas.