La Firma
EL FUTURO INMEDIATO DEL AGUA EN SANTA MARTA: ¿CUÁNDO COMENZAMOS?
Por Javier Quintero
Opinión | Santa Marta lleva décadas enfrentando un problema histórico de abastecimiento de agua potable. Durante años hemos conocido diagnósticos, alternativas y propuestas que buscan resolver una situación que afecta la calidad de vida de los samarios y limita las oportunidades de desarrollo de nuestra ciudad.
Hoy, como ciudadano preocupado por el futuro inmediato de Santa Marta, considero necesario que avancemos hacia una discusión que no se limite a identificar las grandes soluciones estructurales, sino que permita responder una pregunta fundamental: ¿qué podemos hacer desde ahora para mejorar el abastecimiento de agua en los próximos meses?
En este propósito, el Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado debe convertirse en el instrumento técnico y la brújula que oriente las decisiones de la ciudad, permitiendo determinar cuáles son las alternativas más viables, cómo deben articularse y en qué tiempos pueden ejecutarse.
Reconocemos el compromiso del Gobierno Nacional y la propuesta presentada a los samarios que impulsan las soluciones a esta problemática histórica, particularmente la propuesta de desarrollar un primer frente de intervención orientado a la gestión y reducción de pérdidas de agua. Sin duda, recuperar el agua que hoy se pierde en nuestros sistemas de distribución es una tarea indispensable.
Sin embargo, considero que este primer frente debe ir acompañado, de manera simultánea, de intervenciones que permitan recuperar capacidad de abastecimiento y generar nuevos caudales en el muy corto plazo.
Una de estas oportunidades se encuentra en el sistema de tratamiento de agua potable El Roble. Aunque su planta fue ampliada, persisten limitaciones en las líneas de aducción y conducción que impiden aprovechar plenamente su capacidad instalada y el recurso hídrico disponible del río Gaira. Por ello, resulta fundamental priorizar las intervenciones necesarias para optimizar esta infraestructura, reducir las pérdidas y recuperar caudales que puedan incorporarse efectivamente al abastecimiento de la ciudad.
De igual manera, debemos avanzar en la optimización de los pozos existentes y en la exploración técnica de nuevas posibilidades de aprovechamiento de nuestros acuíferos, bajo criterios rigurosos de sostenibilidad ambiental que garanticen la protección de estas fuentes subterráneas.
Estas dos líneas de acción, la optimización de El Roble y el aprovechamiento responsable de las fuentes subterráneas, representan oportunidades que merecen ser evaluadas y priorizadas para obtener resultados en un horizonte cercano a los próximos diez meses, siempre que su viabilidad técnica, ambiental y financiera así lo permita.
La gestión de pérdidas y la recuperación de nuevos caudales no deben entenderse como estrategias sucesivas, sino complementarias. Mientras identificamos y priorizamos las intervenciones sobre las redes para reducir el agua no contabilizada, debemos iniciar paralelamente las obras que permitan mejorar la disponibilidad efectiva del recurso.
Por eso, resulta especialmente importante que los instrumentos de financiación y los convenios que se definan con el Gobierno Nacional contemplen desde su primera etapa estas intervenciones prioritarias, con recursos identificados, responsables definidos y cronogramas concretos.
El problema del agua no solamente compromete la calidad de vida de quienes hoy habitamos Santa Marta. También condiciona el acceso a vivienda de miles de familias, la ejecución de proyectos urbanísticos, la generación de empleo y las posibilidades de crecimiento económico de la ciudad.
Tener una vivienda adecuada también ayuda a reducir la pobreza. Contar con agua potable, saneamiento, pisos y paredes en buen estado y espacio suficiente para la familia son condiciones relacionadas con cinco de los 15 indicadores de pobreza multidimensional en Colombia, que representan el 20 % del índice. Por eso, construir vivienda no es solo entregar casas, sino contribuir a que los samarios tengan un mejor hábitat, vivan mejor y tengan mayores oportunidades de desarrollo.
Cada proyecto de vivienda que logra desarrollarse representa nuevas oportunidades para las familias samarias, dinamiza la actividad productiva y contribuye al fortalecimiento de las finanzas distritales mediante ingresos asociados al impuesto predial, delineación urbana, cargar urbanísticas, compensaciones e impuesto de industria y comercio (ICA), además de las inversiones de redes de acueducto y alcantarillado que aportan los nuevos proyectos.
La construcción también genera empleo y dinamiza la economía de Santa Marta. Cada vivienda representa, en promedio, cuatro empleos y las que hoy están en construcción equivalen a más de 48.152 empleos, cerca de 20.587 directos. Esto representa el 10 % de los ocupados de la ciudad, frente al 8,3 % nacional. Además, la compra de materiales, el transporte y otros servicios asociados a las obras tienen impacto en cerca del 55 % de nuestra economía regional.
Su aporte también llega a las finanzas del Distrito: los ingresos por predial e ICA representan el 83 % de sus ingresos corrientes, y las viviendas que hoy están en construcción podrían sumar cerca de $58.900 millones anuales a la base del predial, según estimaciones de Camacol Magdalena a mayo de 2026. A esto se suman nuevos hogares que necesitarán servicios públicos. Por eso, garantizar el agua también es abrir oportunidades de empleo, fortalecer los recursos de la ciudad y hacer posible su crecimiento.
Por eso, las inversiones en infraestructura de acueducto deben entenderse también como inversiones en bienestar, vivienda, competitividad y sostenibilidad fiscal.
Las propuestas de integración regional y las alternativas de abastecimiento de mayor escala, incluida la posibilidad de aprovechar fuentes como el río Magdalena, deben continuar su evaluación y estructuración. Son discusiones importantes para el futuro de Santa Marta, pero no pueden significar que posterguemos intervenciones que podrían mejorar las condiciones actuales del servicio.
La ciudad necesita soluciones de largo plazo, pero también respuestas inmediatas. Como ciudadano, considero que este es el momento de transformar las propuestas en decisiones, los estudios en proyectos y los compromisos en obras.
Y por eso quisiera dejar una pregunta abierta al Gobierno Nacional y a las entidades responsables: ¿cuándo se priorizarán y comenzarán las intervenciones de El Roble y de las fuentes subterráneas, para que la reducción de pérdidas esté acompañada de nuevos caudales y Santa Marta pueda empezar a superar, desde ahora, su histórica crisis de abastecimiento de agua?