La Firma
Un porvenir cierto, falta que nos hace
Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez
El discurrir universal obliga que tengamos que ir en Santa Marta hacia positivos como reales cambios y transformaciones, aunados a una visión diferente, optimista, prospectiva, fundamentada en nuestras propias realidades, necesidades, importancias, prioridades y urgencias, en el entendimiento y la comprensión que la humanidad se ha transformado de manera extraordinaria en los últimos decenios (de lo que pareciera no habernos percatado), donde la tecnología, bien se dice, ha promovido una nueva generación informada globalmente, pero esclava de la futilidad de una cibernética y una robótica que aunque proporciona bienestar, reduce la capacidad cerebral, al grado que la Inteligencia Artificial se convierte, en una moderna y funesta sustituta de empleos y abre las puertas de una tanto posible como probable amenaza, donde las personas quedan sujetas al mercado y al conocimiento reducido, de la memoria del Internet.
De otro lado, las guerras desnudan la crueldad, el terror y la irracionalidad, al tiempo que siguen apuntando a la destrucción de los valores humanos. Igualmente vemos cómo se va dejando al margen parcialmente la globalización, para focalizarlo todo en políticas que nos aparta de los valores democráticos e impone los derechos humanos sobre los derechos sociales, enviando a millones de personas a la pobreza absoluta y a la ignorancia; y lo que es peor, los autoritarismos son preferidos estultamente por los votantes como una opción redentora, sin percatarse que se trata de un grave salto atrás.
Otro aspecto a tener en cuenta es el permanente desencadenamiento de fuerzas naturales con toda una serie de graves secuelas, muchas de ellas irreparables, que nos obliga a mirar el cuidado y desarrollo del medio ambiente, como un imperativo impositivo categórico.
La política hoy nos señala, que debemos, a pesar de existir caldeadas posiciones diametralmente opuestas, que no es la suerte de la ciudad un algo de emociones, sino de razones, y en tal sentido, rodear debemos sin polarizaciones la racionalidad, en contexto de una granítica unidad que apunte sin más al beneficio y aprovechamiento colectivo; más, por cuanto temas tales como salud, educación, economía, infraestructura, distribución del ingreso, pasan a segundo término, frente a la amenaza permanente las violencias y del crimen organizado, que gana terreno en el territorio, interviniendo además y de qué manera, en la vida económica y política, que nos mantiene al borde del abismo, por el terror y el miedo a la inseguridad colectiva. No podemos ser una ciudad plena, sino cumplimos con la función esencial de proteger la seguridad y los bienes de los asociados.
El escenario de este nuevo año y cuatrienio debe y tiene que ser cierto. Ir como en la obra cumbre de Marcel Proust, “En busca del tiempo perdido”, en lo que necesaria será la valentía, la resistencia y la resiliencia de un pueblo que debe ser robusto hoy más que nunca, a efecto que lo cual nos permita, a pesar de todo, creer en un porvenir auspicioso como grande y abundantemente venturoso para todos. Surtidas fueron las elecciones regionales, debiendo afrontar con sus elegidos el mañana a través de una democracia tanto real como social.
Obligados estamos todos, independientemente de lo bueno o malo de ayer, a plantear planes, proyectos, programas, prospecciones y estrategias que nos permitan avanzar como ciudadanos y comunidad sobre nuestra propias realidades y necesidades, lo contrario sería caminar por las sendas de los intentos fallidos, de ahí que tengamos que participar activamente cada día y cada vez más, para elevar exponencialmente así nuestro nivel de confianza y patriotismo.
