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La fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella no fue una decisión estética de campaña.

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Fue una decisión de poder escoger a José Manuel Restrepo Abondano envía tres mensajes simultáneos: al empresariado, a la derecha y al centro político. La pregunta no es quién es Restrepo. La pregunta es qué está intentando construir De la Espriella.

Primera lectura

De la Espriella llega a esta campaña con tres activos claros:

  • Visibilidad mediática
  • Narrativa antipetrista
  • Capacidad de confrontación política.

Pero también con un vacío evidente: No tiene partido ni maquinaria territorial y en Colombia ese déficit pesa.

Ahí aparece José Manuel Restrepo. Exministro de Hacienda, Exministro de Comercio, Académico respetado por el sector empresarial. Su presencia en la fórmula cumple una función clara:

Darle estructura institucional a una candidatura de opinión. Traducido a geopolítica parroquial: De la Espriella aporta la pólvora política. Restrepo aporta la señal de estabilidad económica. Una fórmula clásica en campañas presidenciales. Uno incendia la plaza pública, el otro tranquiliza los mercados. Pero la decisión tiene otra lectura, esta fórmula también mira hacia el electorado moderado. Ese votante que quiere sacar al petrismo del poder pero que tampoco quiere saltar al vacío.

Restrepo habla el idioma que ese electorado entiende: Economía, estabilidad, institucionalidad. Ahora bien, el problema político no es solo el petrismo. El problema también está dentro de la misma derecha, porque el domingo cambió el tablero.

La victoria contundente de Paloma Valencia en la consulta mostró algo que muchos daban por muerto: El uribismo todavía tiene votos organizados. Eso convierte la disputa por el liderazgo de la derecha en una batalla real. Hoy existen dos derechas compitiendo por el mismo espacio electoral. La derecha partidista representada por Paloma. Y la derecha de opinión representada por De la Espriella.

Dos caminos distintos para enfrentar al petrismo. En ese contexto, la fórmula con Restrepo también intenta marcar diferencia.

Paloma representa estructura política. De la Espriella intenta proyectar liderazgo económico y gerencial. Es otra narrativa de poder.

Mientras tanto, el petrismo observa, el proyecto alrededor de Iván Cepeda tiene una prioridad clara: llegar unido a segunda vuelta y la fragmentación de la oposición es exactamente el escenario que más le conviene.

Aquí aparece otro actor silencioso: El centro político, ese espacio donde intentan respirar figuras como, Sergio Fajardo, Claudia López, Roy Barreras.

Un electorado que puede terminar definiendo la segunda vuelta. Por eso la fórmula De la Espriella–Restrepo no es casual. Es un intento de construir un puente entre tres mundos: la indignación antipetrista, la confianza empresarial y el voto moderado.

La verdadera batalla de 2026 todavía no es izquierda vs derecha. Primero se está librando una guerra interna en cada bloque político. La izquierda intentando disciplinarse. La derecha intentando elegir jefe y el centro intentando no desaparecer.

En la #GeopolíticaParroquial colombiana, el que ordena primero su ejército…Termina escribiendo la historia.