La Firma
El voto útil
Por: Gerardo Angulo Cuentas
Me han dicho varias veces que el voto en blanco no sirve para nada. Que es una pérdida de tiempo. Que, en una elección polarizada, lo responsable es aplicar el famoso voto útil. Y cada vez que escucho el argumento me queda la misma pregunta: ¿útil para quién?
Porque ahí está el detalle. Cuando alguien habla de voto útil, casi siempre quiere decir útil para su candidato. Útil para su causa. Útil para evitar que gane el otro. Pero pocas veces se detiene a pensar que el voto también puede ser útil para quien lo ejerce.
En mi caso, el voto en blanco sí me sirve.
Me sirve porque me permite expresar una posición política sin tener que adherirme a ninguno de los candidatos en disputa. Me sirve porque deja constancia de que participé en la elección y aun así no encontré una opción que considerara merecedora de mi respaldo. Me sirve porque me permite decir «ninguno de los anteriores» sin quedarme en mi casa viendo televisión.
Porque una cosa es abstenerse y otra muy distinta es votar en blanco.
La abstención es silencio estadístico. Sabemos que la persona no votó, pero no sabemos por qué. Pudo estar enferma, trabajando, viajando, desinteresada o simplemente olvidó acudir a las urnas.
El voto en blanco, en cambio, deja un mensaje explícito.
Y además deja algo que pocas opiniones dejan: una evidencia medible.
El próximo 21 de junio sabremos exactamente cuántos ciudadanos acudieron a las urnas y decidieron no respaldar a ninguno de los aspirantes. Esa cifra será un dato. No una percepción. No una encuesta. No una especulación en redes sociales.
Y como profesor de estadística, confieso que esa parte me parece fascinante.
Porque una vez contados los votos podremos calcular el porcentaje de personas que, habiendo participado en la elección, no se sintieron representadas por ninguna de las alternativas disponibles. Y si combinamos ese dato con la abstención y con el censo electoral, podremos aproximarnos a una pregunta todavía más interesante: ¿qué proporción de colombianos no encuentra representación en las opciones que el sistema político le ofrece?
Eso también es información.
Eso también es una opinión.
Eso también es una forma legítima de participación política.
Algunos dirán que el voto en blanco no cambia el resultado de la elección. Y probablemente tengan razón. Tampoco creo que mi voto individual vaya a definir quién será presidente. Pero nunca he entendido por qué el valor de una acción democrática debe medirse únicamente por su capacidad para alterar el resultado final.
Las elecciones también sirven para expresar preferencias, inconformidades y posiciones.
Mi voto no es un instrumento prestado a una campaña. Es una herramienta para expresar mi criterio.
Por eso me resulta curioso cuando alguien afirma que votar en blanco es desperdiciar el voto. Si el objetivo del voto es expresar una decisión política, y mi decisión política es no respaldar a ninguno de los candidatos, entonces el voto en blanco está cumpliendo exactamente su función.
De manera que este 21 de junio utilizaré mi voto de la forma que considero más útil para mí: votando en blanco.
Y usted, ¿cómo piensa utilizar el suyo?
