Connect with us

Geopolítica Parroquial

José Manuel Restrepo: el testigo de ida y vuelta

Published

on

Por Víctor Rodríguez Fajardo

La imagen tiene hoy un valor que va más allá del protocolo. Tres hombres de pie ante el retrato de Simón Bolívar en la Casa de Nariño: Iván Duque con la banda presidencial cruzada al pecho, Gustavo Petro a su derecha, y en el centro, José Manuel Restrepo. No es solo una fotografía de transición presidencial; es la escena de un momento que, cuatro años después, adquiere un nuevo significado político. Restrepo no está del lado de quien entrega, sino del lado de quien recibe. Y esa diferencia lo cambia todo.

Pero la imagen también carga otro trasfondo. Iván Duque terminó su mandato y se fue al exilio silencioso: se alejó del Centro Democrático, de Álvaro Uribe, incluso de los funerales de Estado. Su figura desapareció del escenario político colombiano con una discreción que, en un país tan ruidoso, equivalía a un mensaje. Hoy, sin embargo, vuelve a estar cerca de la Casa de Nariño. No como protagonista, pero sí como contexto. Como el presidente que aparece en la fotografía que ahora se repite en sentido contrario.

En 2022, Restrepo era ministro de Hacienda del presidente Duque. Desde ese cargo no solo conocía el estado de las finanzas públicas, sino también las restricciones, los riesgos, las obligaciones y las cifras con las que el país cerraba un gobierno y abría otro. El empalme no fue un acto simbólico: el Departamento Nacional de Planeación presentó entonces «Datálogo», una plataforma con 23 informes de gestión, 180 informes de empalme y cerca de 30.000 documentos generados durante el periodo 2018–2022. El empalme comenzó formalmente el 29 de junio de 2022, con reuniones en Hacienda, Transporte, Comercio, Trabajo y Función Pública.

En ese contexto, Restrepo fue mucho más que un funcionario saliente: fue uno de los depositarios de la memoria económica del gobierno que terminaba. Sabía qué se dejaba, qué se advertía y qué retos heredaba la administración entrante.

Cuatro años después, la historia da la vuelta. El Consejo Nacional Electoral entregó credenciales a Abelardo de la Espriella y a Restrepo como presidente y vicepresidente electos. Restrepo llega ahora desde la otra orilla institucional. Pero no llega sin memoria. Llega sabiendo cuál fue el punto de partida de Petro, porque él mismo ayudó a documentarlo.

Ahí está la fuerza política del momento. Y también su exigencia.

Durante cuatro años, Gustavo Petro gobernó con el espejo retrovisor puesto. Cada crisis era herencia de Duque. Cada déficit tenía firma anterior. Cada fractura social era el resultado de décadas de gobiernos que él vino a corregir. Esa narrativa fue constante, repetida en discursos, entrevistas y redes sociales: el gobierno anterior como explicación permanente de los problemas del presente.

Esa narrativa tiene ahora un problema. Se llama José Manuel Restrepo.

Porque Restrepo no recibe un país sin memoria. Recibe un país con datos que él mismo ayudó a documentar. Y eso significa que la comparación no puede seguir siendo un recurso retórico del gobierno saliente. Tiene que ser un ejercicio de verdad pública, verificable, con cifras oficiales sobre la mesa.

¿Qué dicen esas cifras? En 2022, el déficit fiscal de Colombia rondaba el 6,7 % del PIB, con una deuda pública que superaba el 57 % del PIB. Pero hay un dato que el espejo retrovisor de Petro nunca quiso enfocar: esos números tenían nombre y apellido. Se llamaban pandemia. El covid-19 paralizó la economía mundial, derrumbó los ingresos fiscales, disparó el gasto de emergencia y dejó a Colombia, como a casi todos los países del mundo, con un hueco estructural en sus finanzas. No fue una decisión de política económica. Fue una catástrofe global sin precedentes.

Petro no tuvo ninguna pandemia. Tuvo cuatro años de normalidad económica mundial. Tuvo precios del petróleo favorables en buena parte de su mandato. Tuvo acceso a mercados de deuda. Tuvo una economía que ya se estaba recuperando cuando llegó al poder. Y aun así, el déficit primario cerró en -3,5 % del PIB en 2025, el más alto en tres décadas excluida precisamente la pandemia que él usó como herencia. El déficit total podría llegar hasta -6,7 % del PIB este año, con una deuda neta de 60,3 % del PIB: el máximo histórico desde 1993, sin contar el covid. La disponibilidad de liquidez del Gobierno cayó en abril a apenas $10,2 billones —0,58 % del PIB—, frente a un promedio histórico de $33 billones en ese mes.

Entonces la pregunta es simple y devastadora: ¿qué pandemia tuvo Petro para dejar esos indicadores? ¿Qué catástrofe global justifica que, en condiciones de relativa normalidad económica, Colombia termine con el peor déficit primario en treinta años y la deuda pública en su máximo histórico? ¿Y qué hizo con la desigualdad, que no se redujo, sino que empeoró: el coeficiente de Gini cerró 2024 en 0,551, su nivel más alto desde 2021, ¿mientras que durante el gobierno Duque —con pandemia incluida— el promedio fue de 0,545? La pobreza se redujo, sí. Pero Colombia terminó el gobierno Petro siendo más desigual que cuando él llegó. Y eso, en un gobierno que hizo de la equidad su bandera, no es un dato menor. Es la contradicción central de su legado.

Ninguna pandemia lo explica. Y esa ausencia de justificación es exactamente lo que Restrepo tiene la obligación de señalar. No como revancha política, sino como verdad pública. Porque si Petro gobernó cuatro años mirando hacia atrás para explicar el presente con la herencia de Duque, ahora los datos miran hacia adelante y preguntan: y usted, ¿qué hizo con lo que recibió?

Por eso, el papel de Restrepo tiene una doble exigencia. Primero, como receptor: si en 2022 entregó con informes, cifras y advertencias, en 2026 debe exigir que se le entregue con el mismo rigor. La Ley 951 de 2005, artículo 2, es clara: «Todo funcionario que sustituya legalmente a otro en el ejercicio de sus funciones deberá recibir de su antecesor un informe escrito sobre los asuntos de competencia y sobre la gestión de los recursos financieros, humanos y administrativos». Esa norma no es opcional. Es vinculante. Y Restrepo, que en 2022 cumplió con ella, ahora tiene el derecho jurídico y la obligación política de exigir que se le cumpla.

Pero hay una segunda exigencia, más incómoda. Restrepo no puede limitarse a ser un observador de la memoria económica. Tiene que usarla. Tiene que convertir ese conocimiento en juicio público: decir, con datos y sin eufemismos, qué pasó con las finanzas públicas durante estos cuatro años, qué ocurrió con la inversión, qué se ejecutó y qué quedó pendiente, qué programas avanzaron y cuáles fueron sostenidos más por discurso que por resultados. Esa no es una opción política. Es una obligación democrática.

Restrepo tiene ahora la posibilidad de mirar hacia atrás para juzgarlo. No desde la revancha, sino desde algo más poderoso: desde el conocimiento de primera mano de lo que se entregó y lo que se recibió.

Restrepo representa, en esta historia, el testigo de ida y vuelta. Primero estuvo en la entrega. Ahora estará en la recepción. Primero conoció el país que Duque le dejó a Petro. Ahora tendrá que revisar el país que Petro le devuelve a Colombia.

José Manuel Restrepo no solo recibe un gobierno. Recibe una comparación. Recibe el espejo que el gobierno saliente usó durante cuatro años como escudo. Y ahora ese espejo apunta en otra dirección.

La pregunta es si tiene el valor de mirarlo. Y si tiene el rigor de exigir que Duque, que ahora vuelve cerca de la Casa de Nariño después de años de silencio, no sea solo un fantasma de la historia, sino el punto de partida de una comparación que Colombia tiene derecho a conocer con toda la verdad sobre la mesa.