La Firma
¿Santa Marta está preparada para el próximo sismo de gran Magnitud?
Por: Dr. Eduardo Vélez Soto
La pregunta no busca sembrar pánico, busca lo contrario: que nos sentemos a pensar juntos, ahora, antes de que el suelo nos obligue a hacerlo.
El sábado pasado escribí aquí sobre el incendio que afectó a isla Salamanca. Hablé de cómo esos eventos, cuando se miran con seriedad, terminan siendo pruebas para entender qué tan preparados estamos como sociedad.
Hoy quiero continuar esa conversación desde otro ángulo, porque el Caribe colombiano no enfrenta un solo riesgo, enfrenta varios al mismo tiempo, y vale la pena mirarlos con la misma atención. El Caribe colombiano se asienta sobre el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana. La falla Santa Marta-Bucaramanga pasa debajo de la ciudad. Son datos de geología, no especulaciones. Y buena parte de las construcciones del centro histórico se levantaron antes del reglamento NSR-10, sin la consideración sísmica que hoy exige la ley.
Trabajo en gestión del riesgo de desastres. Cada vez que reviso un escenario sísmico me queda más claro algo: el riesgo no se mide solo en magnitudes y epicentros. Se mide en techos viejos, en hospitales que pueden quedar fuera de servicio justo cuando más se necesitan, en barrios donde la gente no ha practicado qué hacer cuando el suelo empieza a moverse.
Hay un factor que casi nadie menciona fuera de los círculos técnicos. Colombia y Venezuela comparten un mismo sistema de fallas. El llamado espejo hemisférico no es un concepto decorativo para tesis universitarias. Cuando el sistema Boconó se activa del lado venezolano, el esfuerzo se redistribuye del nuestro. Geológicamente es el mismo problema, visto desde dos orillas políticas distintas.
La pregunta no es si va a pasar. Es qué tan preparados vamos a estar. Ahí tenemos un déficit que se puede medir. En Santa Marta hay barrios donde la gente no sabe dónde ir después de un sismo. No tiene agua guardada, ni linterna, ni los documentos en un lugar de fácil acceso. No recuerda el último simulacro, porque probablemente no se ha hecho. Los planes de gestión del riesgo existen en documentos oficiales. En la calle cuesta encontrarlos.
Escribí sobre esto en mi libro «Responsabilidad social y gestión del riesgo de desastres» porque el problema no es solo técnico. Tiene que ver con cómo priorizamos la vida de la gente, y eso termina siendo una decisión política.
Pero quiero ser claro: esta columna no busca asustar. Busca decir que sí hay cosas que podemos hacer, y que muchas no cuestan dinero. Cuestan organización.
Conozco barrios que ya decidieron dónde reunirse después de un sismo. Familias que guardaron agua y documentos en un lugar accesible. En todos esos casos la iniciativa no salió de una oficina del gobierno. Salió de gente que decidió organizarse.
La prevención suele verse como sinónimo del miedo, como algo que tiene que ver con un desastre que no ha pasado. Pero es justo lo contrario. Prevenir es saber qué hacer antes de que el suelo se mueva. Es no improvisar cuando llega el momento. Es la diferencia entre el caos y la respuesta comunitaria.
Si algo puedo pedir como profesional y como alguien que vive en esta región: no esperen al sismo para preguntarse qué tan listos estaban. Vayan a sus juntas de acción comunal. Pregunten por los planes de evacuación. Revisen la estructura de donde viven. Conversen con sus vecinos sobre qué harían.
La gestión del riesgo se construye antes, no después. Y se construye entre todos.
Dr. Eduardo Vélez Soto Doctor en gestión del riesgo de desastres, escritor y docente. Autor de «Responsabilidad social y gestión del riesgo de desastres»
