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Geopolítica Parroquial

EL CNE: ¿EL TERCER STRIKE DE LARA?

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Por Víctor Rodríguez Fajardo

El Congreso puso en marcha la renovación del Consejo Nacional Electoral. Los partidos y movimientos con personería jurídica, solos o en coalición, postulan candidatos; una comisión verifica sus calidades y el Congreso en pleno elegirá, mediante cifra repartidora, a los nueve magistrados para un período de cuatro años.

La cita será el 25 de agosto, de acuerdo con la Resolución No. 004 del 6 de agosto de 2026. Y habrá un examinado especial: Rodrigo Lara, ministro del Interior y operador político del Gobierno.

Hasta ahí, el deber ser.

Formalmente, los nombres aparecen desde la postulación. Políticamente, el orden suele ser otro: primero se negocia a qué partido le corresponde el cupo y después se acomoda el nombre de quien terminará ocupándolo.

La resolución recibe hojas de vida; la realpolitik reparte las sillas. La cifra repartidora no lee perfiles: cuenta votos.

Nada nuevo. Todo está escrito.

Pero siempre hay un pero…

Estamos en La Patria Milagro, donde las normas no se violan de frente: se domestican con interpretación, acuerdo y calculadora. Recordarán aquella reunión privada en la que, según las versiones conocidas, se habría definido la distribución de los cargos cuya provisión depende del Congreso.

Ya pasaron las presidencias del Senado y la Cámara, las mesas directivas, las comisiones y la Contraloría. Hasta ahora, casi todo ha salido conforme a los entendimientos construidos por los compromisarios de las nuevas mayorías.

Palabra de galleros.

Ahora le corresponde el turno al CNE: una institución que casi todos critican, pero de la que nadie quiere quedar por fuera. Mucho menos cuando Colombia está a poco más de un año de las elecciones territoriales de octubre de 2027, en las que se elegirá la base del poder político: ediles, concejales, diputados, alcaldes y gobernadores.

Los partidos organizarán planchas y coaliciones para asegurar una magistratura. Será filigrana política: armar mayorías, cruzar respaldos y completar cifras. En ese juego, una bancada pequeña puede convertirse en el voto de oro que le permita a uno de los grandes obtener capacidad decisoria dentro del organismo electoral.

No estamos hablando de un club decorativo de abogados.

El CNE vigila a partidos, campañas, financiación y publicidad política; interviene en personerías jurídicas, escrutinios, declaratorias de elección y expedición de credenciales. La Registraduría organiza la operación electoral y la Sección Quinta del Consejo de Estado puede tener la última palabra judicial sobre sus decisiones.

Por eso no importa solamente quién obtiene los votos. También quién se sienta a vigilarlos, contarlos, revisarlos y convertirlos en decisiones jurídicas.

La Constitución exige que los integrantes del CNE tengan las mismas calidades, inhabilidades, incompatibilidades y derechos de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia.

La paradoja está servida: deben llegar con credenciales de alta corte, pero nacen de un parto eminentemente partidista.

Buena parte de la institucionalidad está atravesada por convenios, respaldos y compromisos entre quienes administran las mayorías. El CNE no es la excepción: es una de las expresiones más visibles de ese sistema.

Y ahí vuelve a aparecer Lara.

El ministro ya fue puesto a prueba con la Presidencia del Congreso y no le dieron los números. Para la elección de contralor, ante la evidencia de la realpolitik, prefirió decir que las uvas estaban verdes y dejarlas pasar. Ahora vuelve a quedar expuesta su capacidad de negociación en beneficio del Gobierno.

No puede sumar otro strike porque con tres se poncha.

El asunto tampoco es menor para Defensores de la Patria, el nuevo partido del presidente. Cualquier controversia futura sobre su personería jurídica quedaría bajo la órbita del CNE y podría terminar ante la Sección Quinta.

Ya ocurrió con Fuerza Ciudadana: el CNE le reconoció la personería jurídica y luego el Consejo de Estado anuló esa decisión. Carlos Eduardo Caicedo conoce la diferencia entre obtener una personería y lograr conservarla.

El CNE reconoce; la jurisdicción puede anular.

¿Quiénes quedarán en la fotografía oficial de los nueve magistrados? Lo sabremos en pocos días. También sabremos si Rodrigo Lara sale fortalecido o si lo llaman a Palacio a consulta.

Todo parece arreglado, incluso que Pedro Pueblo siga convencido de que elige.