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Geopolítica Parroquial

MARGARITA MUEVE EL AJEDREZ: IMPONE SU MANDO Y CONSTRUYE PODER PROPIO

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La gobernadora impone autoridad sobre el gabinete heredado, reduce la hegemonía de Fuerza Ciudadana y abre su administración a nuevos sectores. No es necesariamente un giro ideológico: es la construcción de una coalición propia que puede convertirla en cabeza de un quinto centro de poder para 2027.

Por Víctor Rodríguez Fajardo
El Man del Sombrero

Margarita Guerra también está moviendo las piezas.

Mientras Carlos Pinedo reacomoda su gabinete para ordenar aspiraciones, en el edificio Tayrona se juega una partida diferente. Margarita lleva varios meses resolviendo algo más elemental y, políticamente, más importante:

quién manda realmente en la Gobernación.

Llegó como candidata de la continuidad. Ganó la elección atípica de noviembre de 2025 prometiendo preservar el legado político y administrativo iniciado por Carlos Caicedo y continuado por Rafael Martínez. Recibió, además, una administración cuya estructura fundamental había sido construida por Fuerza Ciudadana.

Pero una cosa es heredar un proyecto y otra heredar una línea de mando.

Según información recogida por Opinión Caribe, varios secretarios considerados “purasangre” del caicedismo continuaban consultando decisiones directamente con Carlos Caicedo. En los corredores, aquella relación llegó a resumirse con una frase tan reveladora como inconveniente:

“El jefe mío es el mismo tuyo”.

Margarita era la gobernadora en el decreto, la firma y la fotografía, pero una parte del gabinete se comportaba como si administrara temporalmente un poder cuya jefatura política permanecía en otra parte.

No era una discusión ideológica. Era una disputa de autoridad.

Y Margarita impuso la suya.

El primer campanazo sonó el 9 de abril, cuando salieron Adriana Trujillo, Emma Peñate, Claudia Oñate, Fabián Bolaños y Diana Celedón, varios identificados con el núcleo duro de Fuerza Ciudadana. No fue un simple ajuste de desempeño: fue la primera señal de que la continuidad del programa no significaba obediencia indefinida al equipo heredado.

Un mes después, en entrevista con Opinión Caribe, la gobernadora habló de “decepción” y dejó una frase que entonces parecía administrativa, pero hoy se entiende como declaración de mando:

“Prefiero atajar que empujar”.

Y siguió atajando.

Magda Alarcón llegó a Salud; Virna Johnson dejó Hacienda y Carol Guerra Rizo asumió esa cartera; Yannis Moscote llegó a la Secretaría Privada y Eduardo Brito a Cultura. Después se movieron Tesorería y el PAE. Finalmente salió Efraín Vargas Corvacho de Infraestructura.

La salida de Virna merece lectura aparte.

Virna Johnson no era una secretaria más. Representaba la época de mayor expansión de Fuerza Ciudadana, cuando el movimiento conquistó simultáneamente la Alcaldía de Santa Marta y la Gobernación del Magdalena con su propia marca, un dominio difícil de repetir incluso para ellos.

Su retiro, sin el peso político que su trayectoria hacía esperar, simbolizó algo más que un relevo administrativo. No necesariamente una ruptura pública, pero sí el final de la idea de que las figuras históricas del caicedismo tenían permanencia garantizada dentro del nuevo Gobierno.

Cada movimiento fue quitándole al gabinete el tono monocolor con el que había comenzado.

Distintas versiones políticas han relacionado nombramientos y posiciones con sectores cercanos a Kelyn González, Ricardo Diazgranados, Linda Cabarcas, Libardo García, el alcalde de Plato, Armando Campuzano, y el diputado Yohan Pinedo, entre otros.

No existen elementos públicos suficientes para presentar esas relaciones como cuotas comprobadas, contraprestaciones o pagos electorales. Pero el conjunto sí muestra un cambio: dirigentes que antes canalizaban buena parte de su interlocución a través de Fuerza Ciudadana comienzan a encontrar una puerta directa hacia Margarita.

El hecho central no es que regresen viejos caciques.

Es que Margarita está decidiendo a quién deja entrar.

Esos sectores no conforman un bloque ideológico homogéneo ni permiten hablar seriamente de una derechización automática. Lo que muestran es que la gobernadora dejó de administrar con una sola familia política y comenzó a construir una coalición propia.

No está cambiando necesariamente de ideología.

Está cambiando la propiedad política del Gobierno.

La operación tiene tres dimensiones: una de autoridad, para terminar con el doble comando; otra política, para reducir el monopolio de Fuerza Ciudadana y convertir antiguos aliados del caicedismo en interlocutores directos; y una electoral, para levantar un centro de poder propio y llegar a 2027 como gran electora, no como ficha heredada.

Ahí aparece el nombre de Magda Alarcón.

La secretaria de Salud ha ganado exposición y acompaña a la gobernadora en escenarios que trascienden su cartera. Sería apresurado presentarla como candidata escogida. Pero las candidaturas suelen comenzar mucho antes del discurso, cuando alguien empieza a aparecer en todas las fotografías que importan.

Si Magda termina siendo la carta, Margarita no estaría acumulando únicamente para negociar.

Estaría acumulando para sucederse políticamente.

Incluso sin candidata propia, puede convertirse en la gran bisagra de la elección departamental.

En el Magdalena se configuran cinco grandes centros de poder para el 2027: el caicedismo, el petrismo, el pinedismo, el abelardismo y la estructura que Margarita levanta desde la Gobernación.

Con distinto grado de definición, alrededor de esos núcleos circulan nombres para el Palacio Tayrona: Efraín Vargas Corvacho en el caicedismo; Damián Marañón en el petrismo, sujeto a los mecanismos internos del Pacto; David Farelo en el pinedismo; Álvaro José Méndez Navarro en el abelardismo; y Magda Alarcón en el entorno de Margarita.

Fuera de ese mapa permanecen las aspiraciones de Holmes Echeverría, con base electoral en Zona Bananera, y Jair Mejía, cercano a Franklin Lozano y con la posibilidad —todavía no confirmada— de sumar a Honorio Henríquez.

No todos llegarán al tarjetón. Algunos serán candidatos, otros terminarán adhiriendo y varios servirán como cartas de negociación. Las renuncias, relevos y nombramientos de los próximos meses mostrarán quién seguirá administrando y quién comenzó realmente a buscar votos.

Los gabinetes departamental, distrital y municipales entrarán así en temporada de reacomodos. Habrá caras nuevas, pero no todas llegarán solamente a gobernar. Algunas representarán alianzas, otras cuidarán territorios y varias revelarán cómo se organiza cada grupo para dar el barato en el gran baile electoral de octubre de 2027.

Margarita no ha declarado la guerra a Caicedo ni necesita romper con él para emanciparse.

Fuerza Ciudadana conserva estructura, liderazgo y una base electoral que nadie serio puede despreciar. Una ruptura total tendría costos para ambos. Pero la relación ya no parece vertical.

A Margarita le basta con reducir gradualmente su dependencia: escoger funcionarios propios, construir relaciones directas con alcaldes y congresistas y conseguir que cada vez más dirigentes deban hablar con ella, no con el hombre que impulsó su candidatura.

Cada funcionario escogido por Margarita fortalece su autoridad.

Cada alcalde que conversa directamente con ella reduce la intermediación.

Cada dirigente que encuentra espacio en su mesa aumenta el precio de cualquier futura alianza.

Cuando Margarita llegó al edificio Tayrona, la pregunta era cuánto del poder de Caicedo sería capaz de administrar.

La pregunta ahora es cuánto poder propio alcanzará a construir antes de terminar su mandato.

No chiflemos iguana. Cuando una gobernadora saca a varios “purasangre”, impone su línea de mando, deja salir a una figura emblemática como Virna Johnson, abre espacio a nuevos sectores y comienza a mostrar una posible heredera, ya no estamos hablando solamente de gabinete.

Estamos hablando de poder.

Margarita llegó porque Caicedo la impulsó y Fuerza Ciudadana la llevó.

Si esta tendencia continúa, en 2027 ya no será Caicedo quien decida qué hacer con Margarita.

Será Margarita quien tendrá que decidir qué hacer con Caicedo.