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Geopolítica Parroquial

PETRO NO LAS QUIERE EN LA CASA

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Cuatro senadoras del Pacto están bajo fuego amigo. Una demanda busca sacar a las tres últimas mujeres elegidas mediante la lista cremallera; otra revive el veto interno contra Patricia Caicedo. Los expedientes llevan firmas distintas, pero ambos reordenan la bancada bajo la jefatura política de Gustavo Petro.

Por Víctor Rodríguez Fajardo — El Man del Sombrero

El Pacto Histórico obtuvo 25 curules y se convirtió en la fuerza individual más grande del Senado. Cuatro de esas credenciales ya están demandadas.

Dagoberto Quiroga pide al Consejo de Estado anular la elección de Deisy Johana Osorio, Deyci Alejandra Omaña y Mary Jurado, ubicadas en los renglones 21, 23 y 25. En otro proceso, David Fernando Cano demandó la elección de Carmen Patricia Caicedo, tercera en la lista después de convertirse en la mujer más votada de la consulta interna.

Las dos acciones nacieron dentro de la casa. Quiroga fue abogado de Gustavo Petro, cofundador de Colombia Humana, superintendente de Servicios Públicos y candidato al Senado por el propio Pacto. La demanda contra Patricia retoma la objeción con la que un organismo interno intentó impedir su participación en la consulta.

Los jueces apenas comienzan a estudiar los expedientes. El hecho político ya está completo: alguien intenta cambiar a cuatro de las mujeres que el Pacto acaba de llevar al Senado.

LA FIRMA Y LA JEFATURA

Iván Cepeda reconoció públicamente a Gustavo Petro como “nuestro máximo líder” y lo ubicó en la conducción de la oposición. Esa definición despeja la jerarquía.

El Pacto reunió bajo el liderazgo de Petro a Colombia Humana, el Polo Democrático, la Unión Patriótica, el Partido Comunista y numerosos movimientos sociales y territoriales. Existen corrientes internas, pero el centro de mando sigue siendo el mismo.

La jefatura se ejerce habilitando, frenando o dejando correr. Una operación que toca cuatro de las 25 curules de la principal bancada de izquierda rebasa la iniciativa personal de dos demandantes.

La firma identifica al litigante. La dirección política se lee en la estructura de poder.

Quiroga conoce esa estructura desde adentro y también tiene interés en modificarla. Obtuvo 23.943 votos, ocupó el puesto 26 en la votación individual y cayó al renglón 34 al aplicarse la alternancia. Su demanda todavía no le entrega una curul, pero desmontar la regla que lo hizo descender lo acerca a ella.

TRES MUJERES PARA QUE ENTREN TRES HOMBRES

El Pacto midió a sus aspirantes mediante una consulta y luego aplicó la alternancia entre hombres y mujeres para construir la lista cerrada. Quiroga sostiene que debía prevalecer únicamente el número de votos.

Su pretensión saca a Deisy Osorio, Deyci Omaña y Mary Jurado, las tres últimas mujeres elegidas gracias a la cremallera, y abre paso a Alberto Gascón, Luis Guillermo Pérez y Robert Daza, tres dirigentes con mayor votación individual y trayectorias más antiguas dentro de la izquierda.

El Pacto conservaría las curules. Cambiarían sus ocupantes: salen tres mujeres y entran tres hombres.

Deisy Osorio surgió políticamente en Maicao y pertenece a Colombia Humana. Fue directiva del sector de mujeres y recibió el respaldo de la senadora Gloria Flórez. Su eventual salida demuestra que hasta una dirigente orgánica del petrismo resulta sacrificable cuando la jefatura decide recomponer la lista.

Deyci Omaña, nacida en Cúcuta y conocida como Amaranta Hank, llegó desde el periodismo, el activismo y la defensa de los derechos de las mujeres, las minorías y las trabajadoras sexuales. Apareció vinculada formalmente al sector del Polo. Su principal capital visible está en la opinión pública y las redes, aunque circulan versiones sobre el respaldo que habría recibido de María José Navarro, entonces superintendente de Economía Solidaria del Gobierno Petro. Tiene visibilidad; los cuadros que reclaman la silla tienen aparatos históricos.

Mary Jurado nació en Caloto, Cauca. Es arquitecta, tiene experiencia en planeación y trabajo comunitario, ha sido víctima del desplazamiento y se acercó a la corriente que respaldó a Carolina Corcho. Su reemplazo por Robert Daza movería la curul hacia un dirigente campesino de mayor antigüedad organizativa.

La demanda desmonta el efecto de la cremallera y devuelve poder a tres hombres veteranos de las estructuras tradicionales. También mejora la posición futura de quien la presentó.

PATRICIA ES OTRO CUENTO

La elección de Patricia Caicedo está demandada por una razón distinta.

Patricia nació en Santa Marta, fue concejal durante dos periodos y dirigió el Departamento Administrativo Distrital de Sostenibilidad Ambiental. Llegó formalmente por el Pacto y aparece vinculada al Polo, pero representa políticamente a Fuerza Ciudadana, al caicedismo y al proyecto territorial de su hermano Carlos, aunque ella lo niega públicamente.

Ese origen motivó la observación negativa del Comité Nacional de Ética y Garantías Electorales. El organismo sostuvo que Patricia no pertenecía históricamente a las fuerzas fundadoras del Pacto y era reconocida como integrante de Fuerza Ciudadana.

Después de recursos y discusiones internas fue admitida. Participó con el número 100, obtuvo 74.982 votos, fue la mujer más votada y quedó en el tercer renglón de la lista.

David Fernando Cano sostiene ahora que el expediente interno carece del documento que acredite cómo aquella observación fue revocada, modificada o superada antes de la inscripción definitiva. La demanda busca devolverle efectos jurídicos al veto político que Patricia derrotó en la consulta.

LA CUENTA ENTRE PETRO Y CAICEDO

La tensión viene de lejos.

Petro y Carlos Caicedo compitieron en la consulta presidencial de 2018. Después de derrotarlo ampliamente, Petro redujo a Caicedo a una figura “marginal en la política”.

En 2022, Fuerza Ciudadana rechazó integrarse a la lista cerrada del Pacto y presentó la suya. Obtuvo 439.596 votos, el 2,70 %, pero quedó por debajo del umbral. Petro le reprochó públicamente haber sacrificado dos o tres curules de la izquierda.

Esas sillas habrían pesado en un Congreso donde su gobierno perdió proyectos y votaciones por márgenes estrechos. La herida quedó abierta.

Para la campaña de 2026, Iván Cepeda necesitaba ampliar su base. Permitió el ingreso del caicedismo al Pacto y recibió el respaldo de Carlos Caicedo, quien retiró su candidatura presidencial para sumarse a la suya. Patricia ganó su espacio en la consulta y Cepeda perdió la Presidencia.

Pasadas las elecciones, aquella concesión dejó de ser indispensable. Entonces apareció una demanda que ataca el mecanismo mediante el cual Patricia superó el veto inicial.

La secuencia tiene una lectura política precisa: Cepeda abrió la puerta por necesidad electoral y Petro busca cerrarla después de recuperar plenamente la jefatura opositora.

DOS OPERACIONES, UNA JEFATURA

La demanda de Quiroga corrige la arquitectura de la lista: tres mujeres salen para que entren tres hombres con mayor antigüedad y votación individual.

La demanda contra Patricia corrige una concesión: reduce el espacio del caicedismo, sector al que Petro responsabilizó por la pérdida de curules en 2022 y con el que arrastra una relación rota desde 2018.

Son expedientes distintos con un resultado convergente: reordenar la bancada alrededor de sectores más aceptables para la jefatura.

El poder político rara vez deja órdenes escritas. El jefe fija el perímetro, permite la operación y conserva la capacidad de detenerla. Cuatro de las 25 credenciales del Pacto no se mueven contra la voluntad de quien creó la coalición y dirige la oposición.

Otros ponen la cara ante el Consejo de Estado.

Petro pone la licencia política.

De lo contrario, ya no sería el jefe.