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Poder & Gobierno

CAMBIÓ LA SUPERINTENDENTE: ¿QUIÉN VIGILARÁ AHORA EL SALVAMENTO DE ESSMAR?

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Hilda Borja salió de la Superintendencia de Servicios Públicos pocas semanas después de devolver Essmar al Distrito. María Rocío Cortés asumió el encargo cuando apenas comienza la vigilancia especial de seis meses sobre una empresa que sigue cargando problemas técnicos, financieros y operativos.

 

Por Víctor Rodríguez Fajardo

Hilda Borja alcanzó a entregar las llaves de Essmar, pero no se quedó para vigilar cómo iban a manejar la casa.

El Gobierno nacional dispuso su salida de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios y encargó a María Rocío Cortés Vargas, quien también se desempeñaba como superintendente de Industria y Comercio.

El cambio ocurre pocas semanas después de que Superservicios declarara terminada la intervención iniciada en noviembre de 2021 y devolviera formalmente la administración de Essmar a la Alcaldía de Santa Marta.

La devolución ya se produjo y el relevo en la Superintendencia no la revierte automáticamente. Sin embargo, sí cambia a la autoridad encargada de vigilar el momento más delicado del proceso: comprobar que el Distrito cumpla el Plan de Salvamento con el cual recuperó la empresa.

LA ENTREGA NO FUE UN CHEQUE EN BLANCO

Superservicios determinó que el plan presentado por la Alcaldía era viable técnica, financiera y jurídicamente. Con ese fundamento devolvió la empresa y estableció una vigilancia especial durante seis meses.

La supervisión debe concentrarse en la calidad, continuidad y presión de los servicios; el saneamiento financiero; la depuración de pasivos; los aspectos comerciales y tarifarios, y el cumplimiento de los indicadores regulatorios.

Al momento de la entrega, Borja aseguró que la entidad no abandonaría a Essmar y que podría imponer un programa de gestión con monitoreos periódicos.

“La Superintendencia no abandonará a la Essmar; mantendrá una vigilancia especial durante seis meses”, afirmó la entonces superintendente encargada.

Esa promesa ahora queda en manos de María Rocío Cortés.

PINEDO RECIBIÓ LA EMPRESA Y LA RESPONSABILIDAD

El alcalde Carlos Pinedo sostuvo durante el empalme que el Distrito ejecutaría el plan con rigor y garantizaría un proceso transparente, con participación de trabajadores, sindicatos, medios y organismos de control.

La administración recuperó así la dirección de la empresa que presta los servicios de acueducto y alcantarillado a más de 650.000 habitantes. También recibió la obligación de demostrar que la solución no consistía simplemente en cambiar al interventor nacional por un gerente distrital.

Essmar volvió a Santa Marta, pero regresó con pérdidas de agua, redes deterioradas, rebosamientos, pasivos y una demanda ciudadana acumulada durante décadas.

La crisis no desapareció con la firma de un acta.

EL PASADO SAMARIO DE LA NUEVA ENCARGADA

María Rocío Cortés conoce la administración pública de Santa Marta. Antes de llegar al Gobierno nacional se desempeñó como secretaria general del Distrito durante la Alcaldía de Virna Johnson.

Ese antecedente le da conocimiento del territorio, pero también obliga a una vigilancia pública más exigente. La nueva superintendente deberá actuar como cabeza de un organismo nacional de control, no como antigua integrante de una administración local ni como árbitro de las disputas políticas samarias.

Su primera prueba será garantizar que la vigilancia sobre Essmar mantenga independencia, indicadores públicos y consecuencias frente a posibles incumplimientos.

LAS PREGUNTAS QUE QUEDAN

La nueva encargada debe informar si mantendrá el equipo técnico que acompañó la devolución, con qué frecuencia se evaluará el Plan de Salvamento y cuándo conocerá la ciudadanía los resultados.

También debe explicar qué ocurrirá si Essmar incumple las metas de continuidad, presión, saneamiento financiero o reducción de pérdidas.

¿Habrá programa de gestión? ¿Se impondrán medidas correctivas? ¿Existe el riesgo de una nueva intervención?

La devolución fue una decisión política importante y una reivindicación de la autonomía distrital. Pero autonomía no significa ausencia de control.

Hilda Borja entregó Essmar y salió. María Rocío Cortés recibe ahora una responsabilidad más incómoda: vigilar que la empresa no vuelva a convertirse en botín burocrático ni en fábrica de excusas.

Porque devolver las llaves fue relativamente fácil. Lo difícil será lograr que, al abrir la llave, salga agua.