Territorio & Poder
HOSPITALES SOBRE RUEDAS, PERO SIN CAPACIDAD PARA CURAR
En el Magdalena hemos perfeccionado una curiosa especialidad médica: diagnosticar que el hospital no puede diagnosticar y formularle al paciente una ambulancia rumbo a Santa Marta.
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
Durante años, la inversión pública en salud se ha presentado mediante fotografías de ambulancias nuevas, edificios remodelados, camas, monitores y equipos biomédicos. Son inversiones necesarias, pero existe una diferencia abismal entre dotar un hospital y convertirlo en una institución capaz de resolver la enfermedad de quien cruza su puerta.
La resolutividad clínica no se mide por el número de objetos entregados. Se mide por la cantidad de pacientes que pueden ser diagnosticados, tratados, operados, hospitalizados y recuperados sin tener que ser remitidos a otra ciudad.
Ese es el examen que todavía no supera la red pública hospitalaria del Magdalena.
EL DEPARTAMENTO DE LOS HOSPITALES REMISIONEROS
El modelo funciona como una cadena de traslados. El paciente llega al hospital municipal, recibe la atención inicial y, si necesita una tomografía, un examen especializado, una cirugía de determinada complejidad o la valoración de algunos especialistas, comienza la búsqueda de una institución receptora.
En muchos casos, el destino final es Santa Marta.
El hospital municipal estabiliza, la ambulancia transporta y la capital diagnostica y trata. No tenemos todavía una red territorial suficientemente resolutiva, sino una red de hospitales especializados en remitir pacientes.
Las ambulancias son indispensables y salvan vidas. El problema aparece cuando su adquisición reemplaza o aplaza la inversión necesaria para evitar traslados que podrían resolverse en las subregiones.
Comprar más ambulancias sin fortalecer la capacidad diagnóstica y quirúrgica equivale a ensanchar la carretera por la cual salen los pacientes, en lugar de mejorar el hospital donde deberían ser atendidos.
COMPRAR EL EQUIPO NO SIGNIFICA PRESTAR EL SERVICIO
Un tomógrafo no vuelve resolutivo a un hospital por el simple hecho de ser instalado.
Para funcionar necesita una infraestructura adecuada, energía estable, protección radiológica, mantenimiento, tecnólogos, radiólogos, sistemas de lectura, insumos, habilitación sanitaria y contratación con las EPS. Además, debe estar disponible cuando ocurre la urgencia, no solamente durante determinadas horas.
Lo mismo sucede con los quirófanos. Una sala equipada no resuelve si faltan anestesiólogos, cirujanos, banco de sangre, laboratorio, medicamentos o cuidados posteriores.
Por eso, la pregunta correcta no es cuántos equipos fueron comprados, sino cuántos están funcionando, durante cuántas horas, con qué personal, qué procedimientos realizan y cuántos pacientes atienden.
La tecnología guardada, subutilizada o detenida por falta de mantenimiento también puede aparecer en el inventario oficial como dotación hospitalaria. En la vida real, sin embargo, no diagnostica ni cura a nadie.
LA PANDEMIA EXPLICA UNA PARTE, PERO NO TODA LA HISTORIA
La emergencia por COVID-19 alteró las prioridades sanitarias. Buena parte de la inversión se dirigió hacia ventiladores, monitores, oxígeno, camas de cuidados intensivos y elementos de protección.
Era necesario responder a la emergencia.
Pero la pandemia terminó y quedó pendiente establecer qué parte de aquella infraestructura continúa operativa, qué equipos fueron incorporados de forma permanente y cuáles inversiones realmente fortalecieron los servicios hospitalarios.
No resulta jurídicamente responsable afirmar, sin examinar los contratos, que los recursos «se diluyeron». Lo que sí puede preguntarse es si la inversión realizada produjo una transformación estructural o respondió principalmente a la contingencia.
La diferencia debe establecerse hospital por hospital, contrato por contrato y equipo por equipo.
CIÉNAGA: UN AVANCE QUE TAMBIÉN REVELA EL ATRASO
El Hospital San Cristóbal de Ciénaga recibió un tomógrafo computarizado multicorte mediante una inversión oficial de $1.621 millones, según anuncio de la Gobernación del Magdalena del 5 de marzo de 2026. La sala de tomografía fue presentada como operativa en agosto.
Es un avance real para Ciénaga y para los municipios cercanos de Pueblo Viejo y Zona Bananera. Permite reducir tiempos, mejorar diagnósticos y evitar algunas remisiones.
Pero también deja al descubierto el atraso acumulado. Que la entrada en funcionamiento de un tomógrafo en un hospital de segundo nivel sea considerada un acontecimiento extraordinario demuestra hasta qué punto la red pública había permanecido rezagada.
En una red territorial madura, la tomografía en un hospital subregional estratégico no debería ser una proeza administrativa, sino una condición básica de funcionamiento.
Ahora corresponde establecer cuántos estudios puede realizar el equipo, si opera las 24 horas, quién interpreta las imágenes, cuáles EPS contrataron el servicio y cuántas remisiones se han evitado desde su puesta en marcha.
Fuente: Gobernación del Magdalena, «Hospital de Ciénaga dotado con equipos de imágenes diagnósticas», 5 de marzo de 2026.
PIVIJAY: ENTRE EL ANUNCIO Y EL PRIMER PACIENTE
En junio de 2026, durante visita ministerial al Hospital Santander Herrera de Pivijay, se anunció la reorganización de espacios destinados a tomografía, rayos X y otros servicios, además de la autorización de 15 camas de cuidados intensivos, según información oficial publicada el 3 de junio de 2026.
El anuncio constituye una decisión importante, pero Pivijay todavía no puede contabilizarse como un hospital con tomografía operativa.
Entre prometer un equipo y atender al primer paciente existen varias etapas: asignación presupuestal, contratación, obras físicas, instalación, calibración, habilitación, contratación de personal y sostenibilidad financiera.
La política suele contar los anuncios como obras terminadas. La salud debe contarlos solamente cuando el paciente recibe el servicio.
Fuente: Gobernación del Magdalena, «ministro de Salud llega a Pivijay y autoriza 15 camas UCI», 3 de junio de 2026.
FUNDACIÓN Y PLATO: LOS GRANDES VACÍOS TERRITORIALES
Los hospitales San Rafael de Fundación y Fray Luis de León de Plato deberían funcionar como centros resolutivos para amplias zonas del departamento.
Fundación es punto de referencia para municipios del norte y centro. Plato ocupa una posición estratégica para atender poblaciones ribereñas y del centro y sur del Magdalena. Cada servicio que estas instituciones no puedan prestar incrementa la presión sobre Santa Marta y obliga a las familias a recorrer largas distancias.
La información institucional disponible permite establecer que ambos prestan servicios de mediana complejidad. Sin embargo, todavía debe verificarse si poseen tomografía operativa, cuáles exámenes especializados procesan directamente, qué especialistas permanecen disponibles y cuántos pacientes remiten cada mes.
En el caso del Hospital San Rafael, existen registros públicos que mencionan toma de muestras para exámenes de baja, mediana y alta complejidad. Eso no significa necesariamente que todas sean procesadas dentro de la institución. Una muestra puede ser tomada en Fundación y enviada a un laboratorio externo.
Ese detalle es fundamental. Una cosa es recibir la muestra, otra procesarla y otra garantizar que el resultado llegue a tiempo para decidir el tratamiento.
LOS 26 VEHÍCULOS NO SON 26 AMBULANCIAS
La inversión anunciada el 11 de febrero de 2026 asciende a $9.563 millones y contempla 26 vehículos para 24 hospitales públicos, de acuerdo con la Gobernación del Magdalena. Sin embargo, no todos son ambulancias.
El paquete incluye ambulancias medicalizadas, ambulancias básicas, vehículos para transporte extramural, una unidad móvil de salud mental y una unidad médico-odontológica.
La precisión es necesaria, pero no modifica la pregunta de fondo: ¿qué proporción de la inversión pública está destinada a transportar pacientes y qué proporción está dirigida a evitar que deban ser trasladados?
El vehículo puede acercar los servicios preventivos a las comunidades y responder oportunamente ante una emergencia. Pero ninguna ambulancia reemplaza un tomógrafo, un laboratorio clínico completo, un especialista o un quirófano funcional.
Fuente: Gobernación del Magdalena, «Red hospitalaria sobre ruedas: Gobernación asigna recursos para 26 nuevos vehículos», 11 de febrero de 2026.
EL LABORATORIO DE SALUD PÚBLICA NO ES EL LABORATORIO DEL HOSPITAL
El Laboratorio Regional de Salud Pública, inaugurado en Santa Marta en diciembre de 2024, representó una inversión cercana a $10.232 millones provenientes del Sistema General de Regalías y cuenta con capacidad de biología molecular, según información oficial de la Gobernación del Magdalena del 18 de diciembre de 2024.
Es una infraestructura valiosa para la vigilancia epidemiológica, la investigación sanitaria y la confirmación de enfermedades de interés en salud pública, como dengue, viruela símica y virus respiratorios.
Pero no debe confundirse con un laboratorio clínico asistencial.
Su existencia no significa automáticamente que los pacientes hospitalizados en Fundación, Plato, Pivijay o El Banco tengan acceso inmediato a marcadores tumorales, perfiles hormonales, toxicología, microbiología avanzada o pruebas requeridas para tomar decisiones clínicas urgentes.
El Magdalena puede tener un laboratorio departamental moderno y, simultáneamente, mantener grandes vacíos diagnósticos en sus hospitales municipales. Ambas cosas pueden ser ciertas.
Fuente: Gobernación del Magdalena, «Magdalena tiene el primer Laboratorio Regional de Salud Pública con capacidad diagnóstica de biología molecular», 18 de diciembre de 2024.
EL EMBUDO DE SANTA MARTA
Cuando los hospitales subregionales no resuelven, la enfermedad viaja.
Desde El Banco, Plato, Pivijay, Fundación, Ariguaní o Tenerife salen pacientes hacia Santa Marta. Allí terminan presionando al Hospital Universitario Julio Méndez Barreneche y a las clínicas privadas contratadas por las EPS.
El costo no desaparece: cambia de bolsillo.
Lo paga el hospital con combustible, conductor, ambulancia y personal asistencial. Lo paga el sistema mediante servicios de mayor complejidad. Y lo paga principalmente la familia, que debe conseguir dinero para transporte, alimentación, hospedaje y permanencia en una ciudad distante.
También existe un costo clínico. En un trauma craneoencefálico, un accidente cerebrovascular, una hemorragia interna o una urgencia abdominal, cada hora invertida en buscar autorización, encontrar una cama y efectuar el traslado puede cambiar el pronóstico.
Todavía no conocemos públicamente cuántos pacientes son remitidos, cuánto esperan ni cuántos sufren complicaciones durante ese recorrido. Esa ausencia de información forma parte del problema.
LA FOTO POLÍTICA Y LA REALIDAD CLÍNICA
Las administraciones anteriores pueden mostrar inversiones reales: ambulancias, ampliaciones, dotaciones, proyectos de urgencias y el Laboratorio Regional de Salud Pública. Sería incorrecto afirmar que nada se hizo.
La discusión consiste en determinar si esas inversiones formaron parte de un verdadero modelo territorial de atención o si fueron una sucesión de proyectos aislados, visibles y políticamente rentables.
Entregar una ambulancia produce fotografía. Inaugurar un edificio permite cortar una cinta. Comprar un equipo genera un titular.
Construir resolutividad es menos vistoso y mucho más difícil. Exige especialistas, mantenimiento, insumos, contratos con las EPS, servicios habilitados, operación continua y presupuesto durante años.
La salud no debería medirse por las cintas cortadas, sino por las remisiones evitadas.
LA RADIOGRAFÍA QUE TODAVÍA NO TENEMOS
La hipótesis está planteada: el Magdalena habría fortalecido con mayor rapidez su capacidad para trasladar enfermos que la capacidad de sus hospitales para resolver las enfermedades.
Pero para convertir esa lectura en una investigación definitiva hacen falta los datos que las autoridades y las ESE deben entregar.
La Secretaría de Salud Departamental y cada hospital público deben informar, al menos, cuántos pacientes atendieron, cuántos fueron remitidos, por cuáles causas, cuánto tardó su aceptación y hacia qué instituciones fueron trasladados.
También deben identificar qué equipos poseen, cuáles están operativos, cuáles permanecen fuera de servicio, qué mantenimiento reciben y cuántas atenciones realizan mensualmente.
La conclusión, por ahora, es provisional pero inquietante: el Magdalena tiene hospitales, vehículos, edificios y equipos, pero todavía no demuestra que tenga una red territorial suficientemente resolutiva.
Mientras no lo consiga, enfermarse en buena parte del departamento seguirá significando recibir la misma fórmula: una remisión y un viaje hacia Santa Marta.
