Unidad Investigativa
LOS 17 DÍAS EN QUE BOLÍVAR INTERPELA A SANTA MARTA
José Jorge Madera Lastre propone diecisiete jornadas ciudadanas para el bicentenario de 2030. La ley ofrece un marco; Santa Marta y el Magdalena deben poner proyectos, responsables y recursos. La conmemoración ya tiene fecha. ¿La preparación tiene rumbo?
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
Santa Marta sabe dónde murió Bolívar. El desafío es decidir qué hará con su memoria cuando se cumplan doscientos años de aquel 17 de diciembre de 1830. La respuesta compromete la conservación del patrimonio, la enseñanza de la historia y la capacidad de convertir una conmemoración en un proyecto de ciudad.
El jurista e historiador José Jorge Madera Lastre, miembro de la Sociedad Bolivariana del Magdalena, propone dedicar los primeros diecisiete días de diciembre de 2030 a una programación cultural, educativa y ciudadana. Las fechas tienen un sentido preciso: Bolívar llegó a Santa Marta el 1 de diciembre de 1830 y murió el 17. Entre esos dos momentos transcurrió el capítulo final de su vida.
La iniciativa encuentra un marco en la Ley 2510 de 2025, sancionada durante la conmemoración del quinto centenario de la fundación hispánica de Santa Marta. La norma dispuso una Comisión Preparatoria y la definición de un Plan Maestro Bicentenario. Existe una oportunidad para unir la propuesta ciudadana con las responsabilidades institucionales.
Cuatro años pueden alcanzar para recuperar patrimonio y formar nuevas generaciones de lectores de nuestra historia. También pueden agotarse entre reuniones, anuncios y preparativos de última hora.
DIECISIETE JORNADAS PARA UNA CIUDAD
Madera Lastre propone que cada jornada permita abordar aspectos del pensamiento del Libertador, los procesos de independencia y su relación con Santa Marta. Universidades, Banco de la República, autoridades distritales y departamentales, organizaciones históricas, gremios, comunidades indígenas y afrocolombianas, instituciones educativas y medios de comunicación tendrían espacio en una agenda colectiva.
La programación contempla encuentros académicos, actividades artísticas, investigaciones, publicaciones y recorridos históricos. Busca acercar estos acontecimientos a estudiantes y ciudadanos y otorgar especial protagonismo a la Quinta de San Pedro Alejandrino y a la Diócesis de Santa Marta durante el 17 de diciembre, por su vinculación con los últimos días y las exequias del Libertador.
El jurista resume su aspiración al proponer “que los 17 días del 2030 sean los días que lancen a Santa Marta como una ciudad bolivariana”.
La idea permite distribuir compromisos concretos. Una universidad podría coordinar un encuentro de investigación; las instituciones educativas, presentar trabajos sobre sus barrios y municipios; los museos, desarrollar actividades de interpretación; y las organizaciones culturales, vincular la memoria histórica con las experiencias de sus comunidades.
Cada jornada necesitaría un responsable, un propósito, un público y un presupuesto. Su incorporación al Plan Maestro exige concertar actividades y compromisos con criterios que permitan construir una programación abierta a la ciudad.
UNA LEY QUE REQUIERE DECISIONES
La Ley 2510, sancionada el 31 de julio de 2025, vinculó a la Nación con el bicentenario y declaró el 17 de diciembre de 2030 como día histórico, cultural y cívico. Estableció actos conmemorativos en la Quinta de San Pedro Alejandrino, la Catedral Basílica y la Casa de la Aduana, pero su alcance permite desarrollar una agenda que trascienda esas ceremonias.
La Comisión Preparatoria estará presidida por el presidente de la República o su delegado, con participación de autoridades nacionales y territoriales, universidades, representantes indígenas y afrocolombianos, gremios y sectores culturales. La Sociedad Bolivariana del Magdalena ejercerá la Secretaría Técnica. Entre sus funciones figura definir el Plan Maestro Bicentenario.
La norma fijó dos sesiones ordinarias al año y ordenó realizar la primera dentro de los tres meses siguientes a su entrada en vigor, mediante convocatoria del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. Por separado, autorizó al Gobierno a adoptar el Plan Maestro por decreto dentro de los tres meses siguientes a su aprobación.
Al cierre documental de este especial, el 19 de octubre de 2026, las fuentes públicas localizadas no permiten acreditar el estado de funcionamiento de la Comisión Preparatoria ni la adopción del Plan Maestro. Esa limitación no demuestra que la comisión no se haya reunido. Deja preguntas que las entidades competentes deben resolver: ¿cuándo fue instalada?, ¿dónde pueden consultarse sus actas?, ¿qué proyectos ha estudiado y qué decisiones ha tomado?
Hay antecedentes territoriales. La Sociedad Bolivariana adelanta preparativos en su condición de Secretaría Técnica. Entre los avances señalados figura la inclusión del bicentenario en los proyectos del Plan de Desarrollo 2026–2030 abordados en el reciente diálogo público y privado. Corresponde precisar cuáles iniciativas quedaron incorporadas, con qué alcance y mediante qué instrumento.
Además, el 6 de agosto de 2026, la Asamblea del Magdalena aprobó una proposición de la diputada Rosa Jiménez Rodríguez para crear una comisión accidental que acompañe los preparativos, según informó Opinión Caribe. Esa instancia puede hacer seguimiento departamental, pero es distinta de la Comisión Preparatoria prevista en la ley y no sustituye sus funciones.
El artículo 6 contempla iniciativas como la recuperación y señalización de la Ruta de la Independencia, la protección de bienes culturales, la recuperación del Archivo Histórico del Magdalena Grande y el mejoramiento integral de la Quinta, con prioridad para las obras inconclusas del Auditorio Simón Rodríguez. Incluye investigaciones, publicaciones, contenidos educativos y formación de guías especializados.
Su financiación debe construirse: el artículo 7 autoriza incorporar recursos nacionales de acuerdo con la disponibilidad presupuestal y los marcos fiscales aplicables. Una autorización legal abre posibilidades; asegurar las inversiones exige estudios, costos y compromisos de ejecución.
EL MAGDALENA, PRINCIPIO Y FINAL DE UNA TRAVESÍA
La relación de Bolívar con el Magdalena comenzó mucho antes de diciembre de 1830. A finales de 1812, después de llegar a Cartagena procedente de Venezuela, inició operaciones militares sobre el río que marcaron sus primeras victorias en territorio neogranadino. La campaña incluyó poblaciones como Tenerife, Plato y El Banco, permitió recuperar posiciones estratégicas y abrió camino hacia el interior de la Nueva Granada.
El historiador Raúl Ospino Rangel reconstruyó, en una crónica publicada por Opinión Caribe en 2015, el paso del joven militar por Punta Gorda, actual Salamina. Según el relato histórico local, allí sus tropas buscaron aprovisionamiento e información antes de continuar las operaciones.
En 1830, el panorama era otro. La Gran Colombia atravesaba una profunda crisis y las divisiones entre sus dirigentes comprometían el proyecto republicano. El 8 de mayo, después de renunciar a la Presidencia, Bolívar abandonó Bogotá con la intención de dirigirse hacia la costa y eventualmente viajar a Europa.
Desde Honda descendió por el Magdalena hacia la región de Mompox y Cartagena. Su recorrido posterior incluyó Turbaco, Soledad y Barranquilla, mientras su salud limitaba los desplazamientos. Desde Sabanilla emprendió por mar el último trayecto hacia Santa Marta.
El 1 de diciembre llegó a la bahía a bordo del bergantín Manuel. Tenía 47 años. Diecisiete fechas del calendario, contando la llegada y la muerte, explican el sentido de las jornadas propuestas para 2030.
LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL LIBERTADOR
Bolívar recibió alojamiento en la Casa de la Aduana. El médico francés Alejandro Próspero Révérend documentó su extrema delgadez, la tos persistente y el agotamiento. El deterioro físico acompañaba el desencanto de quien veía desintegrarse el proyecto político al que había dedicado su vida.
Joaquín de Mier y Benítez, comerciante español y propietario de la Quinta de San Pedro Alejandrino, puso la hacienda a su disposición. El traslado se realizó el 6 de diciembre. La propiedad, dedicada principalmente a la producción de caña de azúcar, ofrecía un ambiente apartado de la actividad portuaria.
Allí lo acompañó un reducido círculo de colaboradores, entre ellos José Palacios, su fiel mayordomo, y Révérend, quien registró la evolución de la enfermedad en 33 boletines. El hombre que había dirigido ejércitos y transformado el mapa político de buena parte de Suramérica dependía ahora de los cuidados recibidos en una habitación de la hacienda.
El 10 de diciembre otorgó su testamento ante el escribano José Catalino Noguera. Dispuso sobre sus bienes, reconoció los servicios de personas cercanas y manifestó su voluntad de que sus restos fueran trasladados a Caracas. Ese día fechó también su última proclama:
“Si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.
La frase condensaba la distancia entre su aspiración de unidad y los enfrentamientos que comprometían la continuidad de Colombia.
Bolívar murió el 17 de diciembre de 1830, alrededor de la una de la tarde. Su cuerpo fue llevado a la Casa de la Aduana para las honras fúnebres y posteriormente sepultado en la Catedral de Santa Marta. Allí permaneció hasta 1842, cuando sus restos fueron trasladados a Venezuela.
La Casa de la Aduana, la Quinta y la Catedral quedaron unidas por aquella despedida. Su conservación convirtió la memoria de esos días en una responsabilidad de sucesivas generaciones de samarios.
LA CIUDAD QUE PRESERVÓ SU MEMORIA
El 2 de febrero de 1891, durante la gobernación de Ramón Goenaga, el departamento del Magdalena adquirió 200 hectáreas de la hacienda de San Pedro Alejandrino por 24.000 pesos oro. La compra permitió proteger el lugar e iniciar trabajos para recuperar las características que presentaba durante la estancia del Libertador.
La Ley 163 de 1959 incluyó expresamente la Quinta entre los bienes históricos protegidos como monumentos nacionales.
El 24 de julio de 1986 abrió sus puertas el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo, concebido como un escenario de integración cultural entre los países asociados a la gesta independentista. Su creación amplió el significado de San Pedro Alejandrino al vincular la historia con las expresiones artísticas contemporáneas de América Latina. En su dirección y consolidación ha desempeñado un papel importante la gestora cultural Zarita Abelló de Bonilla.
Ese recorrido deja una enseñanza para 2030: la preparación debe partir del patrimonio existente. Un inventario público permitiría identificar edificios que necesitan intervención, colecciones que requieren conservación e investigaciones que pueden aprovecharse en escuelas, museos y recorridos.
La ciudad tiene una memoria construida. Le corresponde cuidarla y hacerla accesible.
UN BOLÍVAR PARA COMPRENDER
Madera Lastre propone recuperar “el diálogo de Bolívar con nosotros”: examinar su pensamiento y sus contradicciones desde las preguntas de la sociedad actual.
Su reflexión parte del interés académico por el constitucionalismo, la Constitución de Bolivia y los debates que acompañaron la formación de las nuevas repúblicas, especialmente el Congreso de Cúcuta de 1821 y la Convención de Ocaña de 1828. Invita a estudiar al Libertador con contexto histórico, sin reducirlo a una figura idealizada ni sujetarlo exclusivamente a las confrontaciones ideológicas contemporáneas.
“Nos toca ponerlos en su sitio, en su contexto histórico”, sostiene al referirse a los protagonistas de la independencia.
Esa mirada reconoce las capacidades militares y políticas de Bolívar, sus contradicciones y las tensiones con otros dirigentes republicanos. Amplía la conversación hacia José Prudencio Padilla, Francisco de Paula Santander, Antonio José de Sucre y José Antonio Páez, entre otros protagonistas de la construcción de las nuevas naciones.
La participación de comunidades indígenas y afrocolombianas debe tener contenido: investigaciones, testimonios y espacios para discutir sus experiencias y las de otros sectores sociales vinculados con la independencia. Una conmemoración plural se construye escuchando sus interpretaciones de la historia.
UNA RUTA QUE INCLUYA AL DEPARTAMENTO
El Magdalena tiene un lugar propio en el bicentenario. La ley reconoce municipios vinculados con la independencia y contempla una ruta por la antigua Provincia de Santa Marta. Tenerife, Ciénaga, Puebloviejo, Sitionuevo, Salamina, Remolino, Plato, Guamal y El Banco permiten conectar episodios y memorias locales.
La ruta exige distinguir los lugares por donde pasó Bolívar de aquellos relacionados con otras campañas, batallas y protagonistas. El valor histórico de cada municipio se sostiene en su participación en el proceso independentista; atribuirle una visita del Libertador no es condición para incluirlo.
En Santa Marta, la conexión entre la Casa de la Aduana, la Catedral y la Quinta ofrece una posibilidad cultural y turística que requiere servicios concretos: señalización, información histórica consistente, guías formados y condiciones de acceso.
El visitante necesita comprender lo que está recorriendo. Los habitantes también deben encontrar oportunidades para conocer y transmitir su historia.
LO QUE DEBE QUEDAR DESPUÉS DE 2030
La primera tarea es hacer público el estado de los preparativos. Al Ministerio de las Culturas le corresponde informar sobre la convocatoria inicial prevista en la ley; a la Secretaría Técnica, precisar las sesiones y decisiones de la comisión; y a las autoridades territoriales, explicar las iniciativas que promueven.
La comisión accidental de la Asamblea puede contribuir al seguimiento de esos compromisos. Su utilidad dependerá de la información que ayude a esclarecer y de las gestiones que acompañe dentro de sus competencias.
El Plan Maestro deberá fijar metas que sobrevivan al calendario: patrimonio recuperado, archivos disponibles para consulta, materiales educativos utilizados y personas formadas. Cada inversión necesita prever quién la sostendrá después de la inauguración y con qué recursos.
Las universidades pueden encontrar nuevas fuentes de investigación; las escuelas, herramientas de enseñanza; los gestores culturales, oportunidades de programación; y las comunidades, espacios para contar su participación en la historia regional.
Allí se medirá el alcance de las diecisiete jornadas propuestas por Madera Lastre. Santa Marta tendrá que mostrar qué recuperó, qué aprendió y qué podrá seguir ofreciendo cuando termine diciembre de 2030.
En 1830, un viaje que Bolívar no pudo continuar lo condujo hasta Santa Marta. En 2030, serán las decisiones de la ciudad las que determinen hacia dónde llevar ese legado.
FUENTES DOCUMENTALES
Fundación Museo Bolivariano. Reseña de la Quinta de San Pedro Alejandrino.
Fundación Museo Bolivariano. Testamento de Simón Bolívar.
Fundación Museo Bolivariano. Última proclama del Libertador.