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Análisis

NACHO VIVES: ¿Y TÚ TODAVÍA ESTÁS VIVO?

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NACHO VIVES: ¿Y TÚ TODAVÍA ESTÁS VIVO?

El samario que puso al país a escuchar el Congreso dejó una historia memorable: según contaba Maza, consiguió que quien le preguntó por qué seguía vivo terminara pagando para protegerlo.

 

Por: Víctor Rodríguez Fajardo

La política parroquial del Magdalena le dio al país dos líderes inolvidables cuando pesaba el Frente Nacional y había que ser liberal o conservador: José Ignacio «Nacho» Vives Echeverría y Hugo Escobar Sierra. Hombres de tribuna, verbo y carácter que hicieron sentir a esta tierra en las grandes discusiones nacionales. Otro día comentaré sobre Escobar Sierra, el godo más ilustre del Magdalena. Hoy me detengo en Nacho.

Esta historia me la contó Maza, quien durante mucho tiempo fue su guardia pretoriana, su contacto con las bases y, por qué no decirlo, su primera línea. En sus tertulias, Nacho era tema obligado. Todos escuchábamos porque sabíamos que Maza guardaba muchos secretos. Contaba unos; otros se los reservaba.

De aquellas conversaciones conservo este episodio, sin haber encontrado todavía un registro documental que precise su fecha y sus palabras exactas.

Lo ubico en los años de los dineros calientes y del escándalo del cartel de Cali. Según contaba Maza, Jorge Gnecco se encontró con Nacho y le soltó:

—¿Y tú todavía estás vivo?

Vives presentó aquellas palabras como una amenaza contra su vida y convirtió el encuentro en un asunto público. El desenlace fue de antología: Gnecco terminó pagando una escolta para cuidarlo. Según el relato, explicaba su decisión así:

—Ahora me toca pagar para cuidarlo, porque si le pasa algo me van a culpar a mí.

Ahí estaba Nacho entero. Había conseguido que el hombre al que señalaba como amenaza se sintiera obligado a mantenerlo a salvo.

Genio y figura hasta la sepultura.

Pero su dimensión sobrepasaba las anécdotas de la parroquia. Nacho fue un ídolo nacional. Sus intervenciones en el Congreso se esperaban, se escuchaban y se comentaban. Tenía una oratoria que entraba por la radio a las casas, los comercios y las conversaciones de los colombianos.

NACHO VIVES: ¿Y TÚ TODAVÍA ESTÁS VIVO?

En 1969 se enfrentó con otro grande de la política colombiana: Carlos Lleras Restrepo. El debate contra Enrique Peñalosa, ministro de Agricultura, y Miguel Fadul, gerente del Instituto de Fomento Industrial, se prolongó durante ocho semanas y alcanzó al presidente y a su familia. El senador samario había puesto al país pendiente de su voz.

El origen de la confrontación también debe contarse. Peñalosa había acusado a Vives de recibir un soborno relacionado con la compra de una propiedad por el Incora. Nacho respondió con señalamientos de tráfico de influencias contra Peñalosa y Fadul. Pasó de acusado a acusador y llevó la pelea hasta el corazón del Gobierno.

Hubo consecuencias para ambos lados. Una reconstrucción de El Espectador señala que Peñalosa renunció para no perjudicar al Gobierno. Nacho perdió la protección de su fuero y terminó encarcelado. Su figura creció entre quienes lo consideraban perseguido político.

La repercusión electoral fue extraordinaria. Humberto Mendieta y el historiador Raúl Ospino Rangel coinciden en que, en 1970, resultó elegido en 565 concejos municipales y 18 asambleas departamentales, aprovechando las reglas que entonces permitían esas postulaciones.

Para dimensionar esas cifras, el DANE registraba en 1970 un país de 915 municipios y 22 departamentos. De acuerdo con aquellos recuentos, Nacho habría sido elegido en más de seis de cada diez municipios y en dieciocho de los veintidós departamentos.

Quinientos sesenta y cinco concejos. Dieciocho asambleas. Un mismo nombre.

Por eso sostengo que Nacho pudo ser presidente. Había reunido reconocimiento, fervor popular y capacidad de convocatoria mucho más allá del Magdalena. Mi lectura es que aquella Colombia centralista podía escuchar fascinada a un caribeño desafiante, pero entregarle la Presidencia exigía romper barreras que la popularidad no derribaba por sí sola.

Su talento político no convierte automáticamente sus denuncias en verdades demostradas. Sí permite reconocer la magnitud de un personaje que sabía disputar el poder con la palabra y convertir una confrontación en un acontecimiento nacional.

La historia que contaba Maza conserva esa habilidad en una escena: a Nacho le preguntaron si todavía estaba vivo y terminó consiguiendo que quien hizo la pregunta pagara para que siguiera estándolo.

A Maza le debo el relato y aquellas tertulias en las que todos queríamos escuchar un poco más. Otro día hablaré de su propia vida. Quien acompañó a Nacho desde las bases también merece su historia.

Que en paz descansen.