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Análisis

Diálogos de paz en Luis R. Calvo

Opinión Caribe

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La adecuación de la cancha deportiva trajo consecuencias inesperadas para los habitantes y trabajadores del sector, mientras los estudiantes de la l. E. D Nicolás Buenaventura mejoraron las condiciones para la práctica de sus actividades físicas y académicas, los jóvenes del barrio evidenciaron molestias al sentirse desplazados del espacio que frecuentaban con regularidad. La disputa inicial se convirtió en reflejo de una situación latente de inseguridad y consumo de drogas.

Dos años y medio llevan las conversaciones para la terminación del conflicto armado que adelanta el Gobierno Nacional y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC – EP, en la Habana, Cuba. Los acercamientos, según la apreciación de varios especialistas que le siguen el pulso a los diálogos, avanzan a un ritmo considerable y atraviesan hoy por una de sus etapas más decisivas.

Una de las mayores complejidades que ha implicado el proceso de paz que vive el país tiene que ver con el hecho de que se negocie en medio del conflicto armado, lo que ha generado sin duda confusiones y alerta en distintos sectores sociales y políticos. Mientras en la Habana se adelantan mesas de trabajo para concretar los acuerdos que se han planteado las partes en conflicto, en los municipios del país hay ofensivas y hostigamientos permanentes de ambos bandos, tanto de la guerrilla como de las fuerzas militares colombianas.

Sin embargo, a pesar y paralelo a las voladuras de torres y vías, a los asesinatos y bajas subversivas, a las extorsiones y desplazamientos que se producen continuamente en Colombia, la mesa de conversación en Cuba ha logrado avanzar en tres de los cinco puntos del acuerdo general para la terminación del conflicto armado, que tienen ver con la política de desarrollo agrario integral, la participación política de excombatientes e impedidos y la solución al problema de las drogas ilícitas.

Así como el país está inmerso en éste panorama global de conflictos y negociaciones, en Santa Marta existen comunidades que viven su propio proceso de paz. El barrio Luis R. Calvo, al noroeste de la ciudad, en plena comuna 5, es un claro ejemplo de ello. Como si de las negociaciones en la Habana se tratara, en Luis R. Calvo la comunidad tuvo que organizarse para darle solución a los inconvenientes que se han originado por la adecuación de la cancha múltiple del sector.

Tras la intervención del Ministerio de Educación Nacional y la Alcaldía Distrital, el campo de arena que sirvió por varios años como escenario de esparcimiento para los habitantes del barrio, se convirtió en una moderna cancha múltiple que le permitió, no sólo a los vecinos tener un espacio óptimo para el desarrollo de eventos comunitarios (Reuniones, bingos, cultos, etc.) sino también a los estudiantes del plantel educativo Nicolás Buenaventura contar con un espacio adecuado para la práctica de sus actividades físicas, deportivas y académicas correspondientes a su proceso de enseñanza.

Los inconvenientes surgieron porque antes de ser remodelada, la cancha, ubicada al lado del colegio, era el espacio de encuentro de varios jóvenes del barrio que se sintieron desplazados y marginados del lugar que habían apropiado como suyo. La discusión principal ha girado en torno al elevado consumo de marihuana que venían realizando algunos jóvenes en el sitio y las afectaciones que este comportamiento generaba no sólo en el plantel sino también en otras instituciones vecinas a la cancha deportiva.

Según Johanna Díaz Carreño, Rectora de la Institución Educativa Distrital Nicolás Buenaventura, el personal trabajador del plantel, aunque no respalda la situación, siempre ha sido respetuoso de la decisión de los jóvenes de consumir marihuana, pero a su vez nunca han compartido el hecho de que éste consumo se haga en horas en que los estudiantes reciben sus clases.

“La cancha estaba separada del colegio por un muro, algunos muchachos del barrio se reunían ahí en la cancha y se ponían a fumar, el humo y el olor de la marihuana se filtraba a los salones de prescolar que son los que están ubicados justo donde ellos más se hacían, nuestra preocupación era que los niños se habituaran a esta sustancia, por eso siempre nos acercamos a los muchachos, hablamos con ellos y les hacíamos ver que los principales afectados eran los mismos niños del barrio que son los que estudian aquí”.

La Rectora del colegio reconoce que algunos de esos acercamientos con los jóvenes consumidores de marihuana han terminado en discusiones fuertes pero ha sostenido de igual manera que con el paso de los días los jóvenes se han mostrado receptivos.

La misma situación la reporta la Coordinadora del centro comunitario de la Fundación Children Internacional Colombia, Rosana Torado. La fundación que cumplirá cinco años de estar trabajando en el sector está ubicada al otro costado de la cancha, en toda la carrera 51 del barrio Luis R. Calvo. Asegura Torado que el consumo de marihuana en el escenario deportivo también afectaba a los menores que se benefician de los programas de apadrinamiento, salud y educación que ellos ofrecen.

“Nuestros niños se estaban convirtiendo en fumadores pasivos porque aspiraban todo el humo que subía desde la cancha, los muchachos a cualquier hora fumaban marihuana, sobre todo al medio día, yo misma hable con algunos de ellos varias veces que no superan los 17 años, con el fin de que entendieran lo perjuicios que ocasionaban, porque los niños son más influenciables y un niño que crece viendo eso está más expuesto a que a futuro también lo haga”.

Aunque la situación parece mejorar con los días, todavía hay algunos jóvenes consumidores de marihuana que muestran resistencia a los cambios que ha sufrido la cancha del barrio y ocasionalmente retornan a habitar el espacio, aunque la comunidad manifiesta que no ha habido situaciones relacionadas con hurto o robos a las edificaciones, han decidido tomar medidas preventivas.

“Nosotros para prevenir cualquier cosa, hemos decidido levantar un muro alrededor de la fundación, el muro que tendrá una concertina (alambre con púas) encima será construido en poco tiempo, sabemos que algunos de los muchachos pueden tomarlo como un signo de rechazo pero para evitar riesgos y por la protección de las instalaciones es mejor así”, manifestó Rosana Torado, Coordinadora local de la Fundación Children Internacional Colombia.

Por su parte, Johanna Díaz, Rectora del Colegio, sostuvo que si bien no ha habido reporte de que el consumo de marihuana haya permeado internamente al plantel, el cuerpo directivo y docente está atento ante cualquier situación de venta o intercambio de sustancias a través de las mallas que rodean las nuevas aulas. Argumenta Díaz que han tomado medidas para evitar principalmente que algunos estudiantes entren y salgan del colegio de forma irregular.

“La verdad yo siento que el colegio quedo un poco inseguro, nosotros queríamos que se hiciera un muro, pero esos fueron los diseños que entregó el Ministerio y pues así quedó estipulado, el colegio sólo está cubierto por una malla, pero entonces hemos tenido inconvenientes porque hay estudiantes del colegio que se vuelan por la malla, tanto para salir como para ingresar al colegio, por eso decidimos poner una concertina (alambre con púas) encima”.

Las medidas preventivas son comprensibles porque si bien no todos los jóvenes consumidores de marihuana están expuestos a factores de riesgo como la delincuencia, en zonas del país donde hay pobreza concentrada, el vínculo entre un factor y otro se acentúa, de acuerdo a lo dicho por la Coronel de la Policía Metropolitana de Santa Marta, Sandra Vallejo.

“La relación entre consumo de drogas y delincuencia es alta, teniendo en cuenta que todavía nos hace falta mucho en las políticas públicas para la protección de infancia y adolescencia, acá en el Distrito se captura muchísimo, revisando nuestras estadísticas el hurto tiene un registro de más tres por cierto, respecto al año anterior, y cuando miro el universo de ese delito, quienes más los cometen son los jóvenes entre 14 y 24 años, y cuando uno mira qué están haciendo, pues no están haciendo nada, sino que están dedicados a delinquir”.

La Coronel de la Policía Metropolitana aseguró también que si bien hay preocupación por el consumo de sustancias sicoactivas entre adolescentes y jóvenes en la ciudad, el panorama no es alarmante como en otras ciudades del país e indicó una variación en la modalidad en que algunas bandas dedicadas al microtrafico buscan permear las instituciones educativas.

“He trabajado en casi toda Colombia y a pesar que en el distrito hay un porcentaje importante de menores que se ven comprometidos con el consumo de estupefacientes, no es tanto como en otras ciudades, todavía aquí hay un poco de resguardo hacia la juventud, hay juventud sana y eso es a lo que nosotros debemos ponderar y trabajar con ellos para que no caigan en el flagelo de la drogadicción, en los colegios algunos son afectados, hemos detectado que ya no se hace el expendio por fuera del colegio sino que instrumentalizan a los jóvenes para el transporte, tráfico y comercialización de estupefacientes al interior de colegios y universidades”.

EL PANORAMA

El informe final del último estudio nacional de consumo de sustancias psicoactivas en Colombia realizado por el Gobierno Nacional, a través del Ministerio de Justicia y del Derecho, el Ministerio de Salud y Protección Social y el Observatorio de Drogas de Colombia, con el apoyo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, UNODC, evidenció una vez más que el mayor consumo de sustancias ilícitas se presenta en el grupo de 18 a 24 años, con una tasa del 8.7%, seguido por los adolescentes con una tasa del 4.8% y las personas de 25 a 34 años, con una prevalencia del 4.3%.

Así mismo el estudio concluyó que el mayor consumo reciente de sustancias ilícitas se encuentra en el estrato tres, demostrando estadísticamente que similar a la gran mayoría de países del mundo, la marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo en Colombia.

Luis R. Calvo es un barrio de invasión construido sobre las faldas de uno los cerros nororientales de la ciudad, está habitado por cerca de 5.900 familias que en su gran mayoría viven del empleo informal, el barrio no cuenta con los servicios básicos de alcantarillado, agua potable ni gas domiciliario.

La comunidad es consciente de que hay adolescentes y jóvenes inmersos en el consumo de sustancias sicoactivas y que muchos de ellos abandonaron los estudios y no tienen una fuente de ingreso económica, por eso abogan por que las autoridades y la sociedad samaria en general no se quede únicamente en la señalización negativa del barrio.

“Tristemente hay jóvenes que están en ésa situación por eso pedimos la intervención de las autoridades pero no para perseguir a los muchachos sino para mejorar las condiciones del barrio, aquí no contamos con los servicios básicos, las calles están muy malas, al menos que arreglen la principal, eso mejora la imagen del barrio y así los pelaos también ven que las cosas cambian y se les da por cambiar a ellos también”. Manifestó la Presidenta de la Junta de Acción Comunal del barrio, Nancy Gaviria Muñoz.

LOS DIÁLOGOS COMUNITARIOS

Está no ha sido la única problemática que ha originado la adecuación de la cancha del barrio y que ha motivado a la comunidad a organizarse inteligentemente, a la negativa inicial de los jóvenes consumidores de marihuana, que llegaron inclusive a paralizar las obras, se le sumó también las diferencias que surgieron entre los miembros de la junta de acción comunal del barrio y el cuerpo directivo del plantel, por la forma como quedó distribuido el espacio y por el riesgo de que el manejo de la cancha quedara en manos de particulares.

Luego de recibir los diseños arquitectónicos por parte del Ministerio de Educación Nacional, la Alcaldía Distrital inició las obras de ampliación del colegio, para las cuales fue necesaria la apropiación de una parte de la antigua cancha donde se construyó un bloque nuevo con ocho aulas y su unidad sanitaria correspondiente; Y se determinó la adecuación de la que ahora es la cancha múltiple del colegio.

Las obras que se entregaron el 28 de mayo del presente año generaron inconformidades entre los líderes comunales quienes en su momento reclamaron el derecho al espacio que ellos como moradores habían dispuesto cuando surgió la invasión que dio origen al barrio.

“Oficialmente la cancha pertenece al colegio, porque si no el Ministerio no hubiese aprobado la ampliación, de hecho así consta en escritura, sin embargo la comunidad empezó a reclamar el espacio, nosotros conscientes de la situación decidimos convocar a una reunión de la que finalmente salió un comité para el manejo de la cancha, en el comité se acordaron unos horarios para el uso del lugar, tanto por parte del colegio como de la comunidad y se acordaron reuniones una vez al mes o en situaciones extraordinarias que así lo ameriten” precisó Johana Díaz, Rectora de la I.E.D.

El comité conformado por representantes del colegio, padres de familia de los estudiantes y líderes comunitarios, acordó que de siete de la mañana a cinco y treinta de la tarde la cancha será usada por el colegio Nicolás Buenaventura, a partir de las cinco y treinta y hasta las diez de la noche la cancha queda habilitada para el ingreso de los demás jóvenes del sector. Los fines de semana el espacio permanece abierto para el disfrute de la comunidad.

Aunque los líderes comunales aprueban la organización del comité y la distribución de horarios para el uso del escenario deportivo, se mantienen en que la cancha pertenece al barrio y piden que se respete lo acordado para evitar que se presente algún inconveniente. Así lo expresó Nancy Gaviria.

“La cancha es del barrio y en el comité se acordó que el manejo de la cancha se hace con el refuerzo del comité de deportes de la Junta de Acción Comunal, sin embargo en la última reunión, donde hicieron entrega de unas camisetas, yo no pude estar porque me tocó viajar y habíamos quedado en que el señor Luis Martínez que es del comité asistía en caso de que yo no pudiera, pero a ésa reunión él no fue convocado. Nosotros sin embargo seguiremos participando del comité, compartimos los horarios porque además sabemos que los estudiantes del colegio no tenían donde hacer las actividades”. Sostuvo la líder Comunal.

La semana pasada el Presidente de la República dio un plazo de cuatros meses para que los negociadores en Cuba, avancen en los dos puntos restantes del acuerdo que abarcan los temas relacionados con víctimas y la terminación final de conflicto armado, y las FARC, por su parte, anunciaron también que para los próximos cuatros meses harán un cese al fuego unilateral de todas su operaciones subversivas.

Mientras el país se mantiene en la mesa de conversación en Cuba, en el barrio Luis R. Calvo el comité pro manejo de la cancha deportiva, que cumplirá apenas un mes de haberse establecido, continuará adelantando reuniones y actividades que permitan fortalecer las relaciones entre vecinos y preservar no sólo el buen estado sino también el buen funcionamiento de la cancha, que así como ha traído inconvenientes ha representado un momento importante para el surgimiento de iniciativas de organización comunitaria, que sirven de ejemplo para otros barrios en la ciudad y el departamento.

 

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