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Todo por la patria, el lado más humano del ejército

Opinión Caribe

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Cada año se conmemora en el país la gesta libertadora que comandaron los criollos contra las intenciones de reconquista de los ejércitos españoles. El 07 de Agosto se ha convertido en un día clave no sólo para recordar el gesto patriótico sino para reconocer el arduo trabajo que realizan las fuerzas militares, en especial el Ejército Nacional. En el marco de esta celebración se revitalizan los valores que desde el año 1800 hasta la fecha han nutrido el accionar de los soldados colombianos.

El siete de agosto de 1819 se libró uno de los acontecimientos históricos que han representado para el país un motivo de celebración año tras año. En el departamento de Boyacá, en la vía que de Tunja conduce a Cundinamarca, se erige y conserva como testigo mudo de la historia el emblemático puente de Boyacá, donde se dio curso a una de las batallas independentistas de América del Sur, que aún hoy sigue siendo motivo de estudio entre los historiadores y escritores colombianos.

Allí, bajo el frío viento de la cordillera, se encontraron frente a frente el ejército del Rey Fernando VII, comandando por el General José María Barreiro Manjón y el ejército subversivo de los criollos o patriotas independentistas, comandados por Simón Bolívar. Aunque el ejército realista superaba en cantidad a los combatientes criollos, fueron éstos últimos, los que finalmente salieron victoriosos de la batalla, dando muerte a por lo menos 300 soldados realistas, dejando a un número considerable de heridos y apresando a cerca de mil de ellos, incluyendo al general Barreiro quien posteriormente fue fusilado.

LOS ACONTECIMIENTOS

La Batalla de Boyacá se convirtió en un hecho histórico de gran trascendencia, al definir el triunfo para los patriotas independistas de la Nueva Granada, culminar la Guerra de la Independencia, permitir la organización y consolidación definitiva de la República de Colombia, y facilitar el desarrollo y triunfo de las campañas de Venezuela, Quito, Perú y Alto Perú, que llevaron a la independencia definitiva de las colonias americanas.

Aunque históricamente se ha reconocido la victoria en la Batalla, lo cierto es que ésta se produjo, gracias, en gran parte, a la actitud derrotista del ejército realista, que ante un rompimiento de filas de una tropa que provocó el desorden, salieron huyendo en estampida, situación que los criollos aprovecharon bien para dar muerte y cacería a los soldados. Así lo relata el escritor colombiano, Fabio Ramírez Alonso, luego de estudiar los documentos donde constan las declaraciones en juicio que rindieron los coroneles encargados de dirigir la retirada.

“Los combatientes se habían hallado frente a frente, mudos y expectantes. Los que venían a luchar por su libertad se jugaban la vida; los que luchaban por el lejano imperio no tenían motivo para hacerse matar y por eso volvieron espaldas en precipitada fuga, y el ejército realista se desgranó. Ahí la batalla se convirtió en una graciosa cacería de conejos que huían despavoridos, incluso el Comandante General Barreiro”.

Para el escritor colombiano, la Batalla de Boyacá no fue una batalla sino una masacre de realistas, originada por la acción militar más atípica de que se tenga noticia en la historia y, aunque analiza la actitud esquiva de los principales comandantes del ejército realista, reconoce que el resultado favorable no se habría producido de no ser por la firme convicción de los patriotas, de hacerle pagar al Rey su traición, luego de prometerles que reconocería la independencia de las colonias americanas después que ellos se comprometieron en la Constitución de Cádiz a luchar por su liberación de manos de los napoleónicos.

“Cuando los dos ejércitos quedaron frente a frente se produjo un sublime y dramático minuto de silencio, se miraron a los ojos, los nuestros, con la determinación de obtener su libertad. Los otros, a imponer la autoridad de un lejano país, muchos de ellos reclutados a la fuerza o simples mercenarios. Las motivaciones eran muy desiguales; por eso, dice uno de los coroneles que esa determinación causó un terror conocido viendo al enemigo decidido a cargar. Y el otro, que ante el ímpetu de la embestida, los suyos, “volvieron caras”; el tercero, que les tocó correr en direcciones distintas por donde mejor se pudo”, cuenta Ramírez Alonso.

DE AYER A HOY

En las palabras del escritor colombiano es posible rastrear el verdadero motivo, por el que la Batalla de Boyacá y el 07 de Agosto se han institucionalizado como referentes históricos de celebración nacional, más allá de la trascendencia histórica que el acontecimiento generó. Se trata del reconocimiento a la decisión, a la motivación de los hombres que en el gesto patriótico participaron.

Quizá por ello, el expresidente Alfonso López Michelsen y el exministro de Defensa Nacional, General Abraham Varón Valencia, oficializaron el 17 de Julio de 1978, el Decreto No. 1461, mediante el cual se consagró el 7 de Agosto como el día del Ejército Nacional, con el propósito de “señalar en la vida nacional una ocasión de especial dimensión histórica, para rendir tributo de admiración, de afecto y respeto a quienes, como los miembros del Ejército, de ayer, de hoy y de siempre, han dedicado sus vidas al servicio de la patria y de sus conciudadanos”.

Anualmente, las autoridades de la República donde existe guarnición del Ejército Nacional, disponen la solemne celebración de esta efeméride y el Batallón de Infantería Mecanizado No. 5 General José María Córdova de Santa Marta, adscrito a la Segunda Brigada del Ejército Nacional, es un claro ejemplo de cómo han trascendido hoy los valores de la gesta independentista hasta convertirse en acciones dignas de reconocimiento y elogio.

La Primera División del Batallón de Infantería tiene una extensión territorial de 79.800 kilómetros cuadrados, su misión es manejar la seguridad de los activos estratégicos de la Nación, principalmente los que se ubican en los departamentos de Cesar, La Guajira, Magdalena, Atlántico y el Sur de Bolívar. Resguarda la frontera de 403 kilómetros cuadrados que la Nación comparte con Venezuela, hace presencia en 101 municipios de toda la jurisdicción y está conformado por 16.503 hombres que están llamados a cumplir la misión constitucional de salvaguardar y proteger al pueblo caribe.

La Primera División no sólo cumple tareas de protección y salvaguardia, sino que además tiene a su haber un grupo especializado de soldados que desarrollan labores cívicas, humanitarias y de estímulo al desarrollo humano de distintas comunidades en todos los rincones de la región, especialmente en aquellas que por condiciones de pobreza, violencia extrema y desigualdad social se encuentran en un estado de mayor vulnerabilidad.

De ello da constancia el Oficial de Acción Integral de la Primera División, Faiver Coronado Camero, quien es el encargado de manejar los asuntos civiles, militares y de enlace con las distintas comunidades, en especial con las comunidades étnicas de la región.

“Los soldados de Colombia además de estar preparados para la guerra, estamos preparados para la paz, y así como manejamos operaciones militares en donde, lógicamente, por la naturaleza de nuestro ejército y por razones obvias, tenemos que hacer uso de la fuerza legítima del Estado que son las armas de la República, también, manejamos una misión de esfuerzo no armado y fundamentados en ella, tenemos a los profesionales oficiales de la reserva”.

Los profesionales oficiales de la reserva son un eslabón y una fuerza de apoyo importante para todo el ejército de Colombia, está integrado por un grupo de profesionales de los diferentes departamentos de la región y en especial de diferentes áreas del saber. En él hay médicos, abogados, administradores, odontólogos, licenciados, arquitectos, ingenieros, psicólogos, entre otros profesionales, que de manera voluntaria y sin compensación económica, entregan su tiempo y sus habilidades para la atención de los pobladores en los cinco departamentos de la región Caribe.
“Los profesionales oficiales de la reserva son los que adelantan las jornadas de apoyo al desarrollo, van a la comunidad, especialmente a las comunidades vulnerables de la regiones más apartadas.

La línea de acción que manejan es el esfuerzo no armado y en las jornadas de desarrollo, que antes se llamaban acciones cívico militares, nosotros llegamos con todo este grupo interdisciplinario a brindarle apoyo a la comunidad, con recursos que los profesionales oficiales gestionan mediante las instituciones a las que pertenecen, ya sea del orden público o privado y esto se ve reflejado en el desarrollo de obras sociales de gran impacto hacia la comunidad”, señala el Oficial Faiver Coronado.

EL GESTO HUMANO

En total hay 457 profesionales en las dos brigadas del Ejército Nacional en la región, en el cuartel del comando general de la primera división hay 37 oficiales graduados, 22 oficiales del Batallón Córdova, y en proceso de preparación hay por lo menos 53 profesionales oficiales de la reserva que entrarán a la línea del esfuerzo no armado, para apoyar operaciones de acción psicológica, reconstrucción rural y asuntos civiles.

Hasta la fecha, la Primera División, ha adelantado más de 47 jornadas de apoyo al desarrollo, el Magdalena contabiliza en lo corrido del año 17 jornadas con el apoyo del Batallón Córdova y del Batallón de Alta Montaña donde los beneficiaros han sido más de 15 mil personas, entre mujeres, niños, niñas y adolescentes, en distintas zonas de la Sierra Nevada de Santa Marta y en municipios como San Ángel, El Banco y Fundación.

“Todo obedece a un planeamiento previo, siempre tenemos unidades destacadas en toda la región del departamento y en jurisdicción de la primera división, los soldados que están allá, inclusive los mismos profesionales de la reserva que hacen parte de las instituciones, evidencian e identifican las necesidades y nosotros llegamos allá a ayudar y apoyar a las comunidades con atención en salud y con entrega de ayudas que consiguen los mismos voluntarios”.

Sostiene el Oficial de Acción Integral de la Primera División, Faiver Coronado, que en todos los sectores de la región hay un soldado presente y recuerda con especial atención las intervenciones oportunas que han hecho las unidades militares en situaciones delicadas como las vividas en Fundación con el incendio del bus que originó la muerte de varios menores de edad, el rescate de los nativos afectados por la caída de un rayo en las estribaciones de la Sierra Nevada, las jornadas de seguridad alimentaria, entre otras disposiciones a las que han acudido también los profesionales oficiales de la reserva.

“Estuvimos presentes en el rescate del cabildo gobernador José de los Santos Sauna Limaco, quien sufrió un accidente en la Sierra Nevada mientras se desplazaba en una mula y rodó por un abismo, allí los soldados que estaban cerca fueron avisados, obviamente con nuestra red de campaña y a través de los radios satelitales recibimos la información, estuvimos prestos a facilitar la ayuda humanitaria mediante nuestro Batallón de movilidad y maniobra aérea, enviamos un helicóptero a que efectuara las labores de rescates con especialistas requeridos para cumplir esas maniobras”.

Cada día son más los profesionales que se suman a este grupo de acción no armada del Ejército Nacional, luego de haber cumplido con los requisitos mínimos de ingreso a la institución, que entre otras cosas comprende manifestar por escrito la voluntad de ingreso, acatar rigurosamente los deberes y obligaciones de las Fuerzas Militares, tener definida la situación militar, ser profesional con título universitario, adelantar el curso de orientación militar, carecer de antecedentes militares, fiscales, disciplinarios, acreditar condición psicofísica, aprobar la entrevista de ingreso y el estudio de seguridad y confiabilidad de personal.

Una vez hechos los trámites y cursada la formación de ocho meses, los profesionales voluntarios están prestos a recibir el título honorario, a vestir el uniforme, a identificarse con el grado militar desde Subteniente a Coronel y a recibir las condecoraciones a que diera lugar su vinculación.

Hoy cuando el país se encamina hacia el postconflicto como garantía de recuperación social, las tareas que adelantan los profesionales oficiales de la reserva se constituyen en el abono que solidifica el terreno sobre el cual se proyecta el desarrollo de una sociedad nueva, capaz de solucionar los problemas por la vía de la acción pacífica y el trabajo en equipo.

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