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Crónica

En la posesión del papá, Isabella fue la sensación

Opinión Caribe

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En medio de la multitud concentrada en el Parque de la Equidad, para presenciar la posesión del alcalde Rafael Alejandro Martínez, una niña de solo dos años de edad acaparó la atención de todos dejando en segundo plano tan importante acto.

El solo hecho de caminar de un lado a otro por toda la tarima la convirtió en la protagonista de la tarde noche del pasado primero de enero.

Se llama Isabella Martínez Luna, hija menor de la primera autoridad del Distrito, Rafael Alejandro Martínez. Con su elegante traje blanco, su inquietud y ternura conquistó al público sin decir una sola palabra.

Ella, inocente, de seguro no pensaba en lo más mínimo en hacerse a la atención de todos los espectadores. Pero afloró la espontaneidad y el desparpajo propio de los más pequeños, que la llevaron a ser la curiosidad del evento por parte de los medios de comunicación.

Parecía como un pequeño terremoto que, aunque no hizo daño, sí dejó su huella.

El escenario no podía ser mejor, y aunque está claro que no lo premeditó se pudo notar que se sentía como en casa, pues todo lo hizo bien.

El alcalde Rafael Martínez llegó hasta el lugar a cumplir con el protocolo de su posesión, lo acompañaron su esposa Zoila Luna y sus tres hijos, allí hizo el respectivo juramento y dio su primer discurso.

Hasta el momento todo transcurría con normalidad. Lo que no estaba programado era que la pequeña Isabella, aprovecharía de la ocasión para hacer lo que más le gusta, jugar.

Ella respetó, hizo su entrada triunfal, posó para la foto, saludó, pidió agua, se sentó y en par de minutos inició su rutina recreativa.

Sorprendida ante el número de personas que le daban el frente, demostró que lo menos que sintió fue pena o quizá temor. Por el contrario se acercaba a una de las esquinas de la tarima y sin tener problema pedía juguetes y regresaba a su silla.

Isabella Martínez Luna, solo tiene dos años de edad, es inquieta, inteligente, tierna y linda. En aquel momento donde su papá era posesionado como nuevo alcalde de la ciudad, ella observaba cada detalle, esperando la ocasión perfecta para moverse y robar, sin intención, la atención de toda la multitud.

Fue notorio que desde que llegó captó la atención de todos los periodistas y reporteros gráficos.

Mientras ella solo pensaba en jugar, a un lado su mamá dejaba entrever en sus ojos la incomodidad y el desespero por querer evitar que Isabella hiciera una travesura.

Sus hermanos queriendo detenerla activaban sus ganas de continuar merodeando por la tarima, mientras su padre el alcalde, solo la miraba de reojo, pues la conoce muy bien y sabía que nada la iba a detener.

Siguió paseando, gritaba el nombre de su progenitor en la pantalla y hasta lo atendió llevándole una botella de agua en pleno discurso. Vi de cerca los movimientos de Isa, y como madre que soy, decidí aplicar una estrategia que funciona cuando debo tranquilizar a mi hija que también está en esa edad.

Para distraerla por lo menos un momento, hice barcos de papel, la llamé por su nombre, ella volteó, le mostré el barco y se sentó en la tarima muy cerca al borde donde estaban los periodistas, ahí estuvo no más de 20 minutos, pero logré entretenerla el tiempo máximo que puede un niño de su edad estar quieto. Su madre sonrió y suspiró, como si el alma llegara a su cuerpo.

¡SALTA, SALTA!

En una de esas exploraciones por lo largo y ancho de la tarima, Isa encontró un peldaño o un escalón justamente en la mitad de la plataforma, ahí empezó su juego de saltar, subir y bajar. Eso era para ella una especie de “Divercity”.

Subía un pie, luego el otro, miraba hacia el frente y saltaba fuerte, y luego soltaba una risa divertida, así lo hizo en repetidas ocasiones. Hasta que se cansó de ese juego.

Los secretarios del gabinete Distrital querían salir corriendo para atraparla y evitar que se cayera e interrumpiera el discurso de su papá. Era un momento de tensión pero divertido. Ellos se reían y trataban de prestarle atención al nuevo alcalde de Santa Marta, pero Isa se robaba toda la atención.

Luego de esto, Isabella dio un par de vueltas más y se acomodó en los brazos de su mamá y descansó. Se quedó dormida.

EL VESTIDO

Sin duda alguna Isa, estaba muy elegante para la ocasión, un vestido largo, flores bordadas en rosa pálido, y en la parte del torso un fondo transparente, de la cintura hacia abajo su falda era vistosa y sus zapatillas doradas hacían un juego perfecto, peinada para el evento con un aplique que adornaba su cabeza, que entre otras cosas tal adorno terminó en todos lados menos en donde iba.

Desfilaba sin quererlo, al escuchar música tomaba su vestido de un lado y lo movía al son de la melodía, daba vueltas y su atuendo la engalanaba, nadie podía dejar de mirarla, Isa sonreía, si veía un flash de una cámara posaba y sonreía sutil y delicada.

No hay duda que desde ese instante se apropió del legado y protagonismo que su señor padre ha logrado tener en cada cargo que ha desempeñado. Y ese día, el de la posesión, parecía que Isabella estuviera demarcando el destino de un gobierno que será activo, que llamará la atención y que no tendrá papel secundario en estos cuatro años, sino que llevará siempre la bandera de quienes se destacan, tal como ha ocurrido hasta el momento.

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