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De la marginación, ¿qué?

Opinión Caribe

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Por Rubén Darío Ceballos

La marginación es definida por expertos académicos, como un fenómeno multidimensional y estructural originado, en última instancia, por el modelo de producción económica expresado en la desigual distribución del progreso, en la estructura productiva y en la exclusión de diversos grupos sociales, tanto del proceso como de los beneficios del desarrollo, asociado a la carencia de oportunidades sociales y a la ausencia de capacidades individuales y sistémica para crearlas, siendo importante atenuar pobreza y marginación ante la incapacidad estructural de la economía para crecer y distribuir adecuadamente la riqueza, invirtiendo en políticas de transformación pública, infraestructura social y modernización de los municipios.

No obstante y a pesar de ser definida como un fenómeno multidimensional, producto de un modelo de desarrollo que impide generar equidad, las políticas para combatirla se centran en el mejoramiento de la infraestructura social disponible, dizque con el fin de garantizar ‘objetividad e imparcialidad’ en la asignación de los recursos públicos a entidades y municipios, lo que genera señalamientos en relación con la forma cómo usan los recursos, dadas sus patéticas resultas: opacidad, desvío de recursos, inconsistencia inversión/resultados; en pocas palabras, desperdicio y despilfarro económico.

Por otra parte, el proceso de evaluación y rendición de cuentas, debido a que el índice de Marginación no permite una medición longitudinal ni mostrar los avances en cuanto a la reducción de la marginación desde que esta se mide.

Dable es proponer, entonces, y frente a lo cual, una profunda revisión en torno al método con base en el cual se estima el índice de marginación, y mediante la cual han diseñado una nueva metodología que bien valdría revisar, con el fin de estar en posibilidad de medir en el tiempo cómo y cuánto varía la marginación en el país.

Es claro que el modelo de desarrollo vigente, es generador de mayor desigualdad; ineficaz en la reducción de la pobreza y la marginación; además de que propicia corrupción, opacidad y dispersión de recursos y acciones. Es permitir abrir el debate sobre cómo medimos la marginación, sobre todo ante la perversión de gobiernos que lo usan como indicador de aparentes avances cuando ni los conceptos relativos al nivel de marginación ni la metodología de cálculo están diseñados para tal fin, urgiendo debatir cómo y qué entendemos por conceptos fundamentales (desarrollo, progreso, bienestar, prosperidad) y, en consecuencia, cuáles son las tareas que el Estado debe asumir, con qué prioridades y con qué mecanismos. Discutirlo abriría la posibilidad de plantear un nuevo curso de desarrollo que debe asumir la cúpula del poder económico y político.

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