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Edición Especial

Virna Johnson, responsabilidad y disciplina

Opinión Caribe

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OPINIÓN CARIBE llegó a la oficina de Virna Lizi Johnson Salcedo en la sede del Sistema Estratégico de Transporte Público de Santa Marta, Setp, ubicada en el edificio Bancolombia, desde donde también gerencia los Juegos Bolivarianos 2017. Se desocupa de una reunión para conceder la entrevista, se maquilla para las fotos y nos cuenta su historia.

Trabaja desde los 16 años, empezó como secretaria en la Centro de Cirugía Ocular del doctor Rafael Guida. Por cinco años laboró en Avianca y al mismo tiempo pagó su carrera como administradora de empresas en la UCC. Después comenzó a trabajar como secretaria, en la Universidad del Magdalena, donde ocupó varios cargos por más de diez años, Vicerrectoría Administrativa y Financiera, Jefe de Cartera, Directora de Estampilla y Directora de Prácticas.

“Hay mucha gente que piensa que arranqué siendo jefe y la verdad es que he hecho el curso”, aclaró Virna de manera jocosa. Al Setp llegué el 31 de mayo de 2013. Encontré una empresa aún en ejecución, sin los diseños aprobados siquiera. Acudimos a la Asociación Colombiana de Ingenieros para que verificaran obra por obra, y así organizar cómo debían ser las licitaciones. Este fue un proceso que solo hasta el 2014 obtuvo resultados.

A partir de ahí pudimos empezar a organizar las licitaciones. Mi mayor logro fue empezar la ejecución de un proyecto estancado”, narró Virna Johnson, gerente del Setp.

Sentada en un escritorio decorado con fotografías de su gran amor, Isabella Paredes, su hija de 11 años, cuenta cómo es un día de su rutina como mujer, esposa, madre, hija y gerente de dos importantes proyectos para la ciudad, el Setp y los Juegos Bolivarianos 2017.

Su día empieza a las 5:30 de la mañana. Lo primero que hace es ponerse en manos de Dios, porque piensa que, si no lo hace, las cosas no le salen bien. Despierta a su hija para ir a clases. Ella se encarga de llevarla al colegio. “No he querido soltarla, porque tengo tantas responsabilidades al día que, el tiempo que nos queda para vernos es poco. Por eso las mañanas son tan importantes para ambas”, expresó. En el camino pone a Isabella en manos de Dios, oran juntas y hablan de lo que tienen que hacer durante el día. Una vez deja a Isabella en el colegio, empieza su jornada laboral, la cual debe compartir entre el Sept y los Juegos Bolivarianos.

No suele organizar su trabajo por jornadas, sino por actividades. Una mañana puede tener una reunión sobre el Sistema Estratégico de Transporte y después, una sobre los Juegos Bolivarianos. “En el Sistema Estratégico tengo un equipo que ya está muy cohesionado. Tengo la ventaja de trabajar con gente que sabe cuáles son sus deberes, pero eso no quiere decir que no le haga seguimiento. Sé delegar, y creo que es bueno hacerlo, pero no suelto todo, porque mi deber es velar porque se lleven a cabo los procesos, mirar qué está bien o qué hace falta. En los Juegos Bolivarianos, por lo contrario, apenas se está conformando el equipo. Trabajo con seis personas nada más. Esperamos tener el equipo completo entre enero y febrero, administrativamente hablando”, explicó.

Con su esposo, Alfredo Habeych, se conocieron en el barrio Taminaca cuando ella vivía en la casa de su madre con su hija, en el 2011. Alfredo es un administrador de empresas que trabaja independiente. “Pienso que todas las cosas me las organiza Dios. Mi esposo es un regalo del cielo. Cuando lo conocí tenía tres años sin pareja. Tuvimos dos años y medio de novios y nos casamos en enero de 2014. Afortunadamente, es una persona que entiende mi trabajo”.

La confianza es la clave para esta pareja. Por su trabajo, nunca sabe a qué hora llegar. “No importa la hora, siempre llego a almorzar a mi casa y él me espera. Es nuestro momento íntimo, porque la niña sale a las 3:00 de la tarde del colegio y aprovechamos para hablar sobre algunos asuntos”, añadió Johnson.

Su descanso al mediodía le permite renovar sus energías para enfrentar la jornada laboral. Por las noches, saca tiempo para conversar con su esposo, además de revisa las tareas de su hija. “Tampoco descuido a mi madre. Como el carro deja a mi hija en la casa de ella, procuro verla todos los días. Me nace del corazón”, afirmó.

Creyente, fiel y cristiana, Virna Johnson procura inculcar los mejores valores en Isabella. La honestidad, la responsabilidad y, sobre todo, el temor a Dios, son su legado. Como ella misma sostiene, “creo que de ahí parte todo. Si uno combina esos valores con la parte espiritual, puede salir delante de cualquier situación que se le presente”.

“Yo combino todo, señala, mi mamá, mi esposo, mi hija, mi trabajo y hasta ahora todo me ha funcionado bien”. Sin embargo, sabe que siempre habrá cosas por construir y mejorar. Confiesa que su perfeccionismo es una cualidad de doble filo. “Sé que la perfección es difícil de alcanzar, aunque, un buen profesional debe apuntar siempre hacia allá. Trabajo de forma disciplinada, pienso las cosas antes de decirlas, me autor regulo para no explotar, para ser más asertiva, pues no me gustaría que me trataran mal. Ahora, si voy a llamarle la atención a una persona, pienso antes cómo hacerlo de la mejor manera, con el carácter y fortaleza necesarios, pero sin lastimar ni ofender. Lógico, siempre habrá momentos en los que uno se sale de sus casillas, pero se precisa esa condición de mi carácter, es lo que estoy trabajando interiormente”.

Para lograr nuestros propósitos en la vida, Virna Johnson aconseja cultivar valores como la disciplina, el compromiso, la lealtad y la responsabilidad. “Para mí, la lealtad es el valor que más cultivo. Si una persona es leal, puede ser alguien confiable, se le pueden delegar funciones importantes”.

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