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Columnistas

Gestionar, clave y razón

Opinión Caribe

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Por Rubén Darío Ceballos

Desde muchas de mis columnas he alzado la voz varias veces contra quienes nada aportan a la posibilidad de procurar para nuestras unidades territoriales un desarrollo coherente y un crecimiento real, como también contra quienes, sin soporte alguno, más allá del partidismo ramplón o del borreguísimo inane, salen en defensa de lo indefendible. Y lo que es peor, Protegen, escudan, amparan, preservan, resguardan, salvaguardan y hasta patrocinan a una serie de individuos que nos dañan, por corruptos, ineptos y responsables directos o indirectos de los desfalcos y demás acciones proclives con el delito, que llevan al traste a nuestros entes territoriales. ¿Y qué se muestra frente a todo lo cual? Una complacencia inmerecida. Horror de horrores.

No es que impulse desde esta tribuna el acometimiento de actos irreflexivos contra todo lo que nos huela a servidores públicos, no. Ni mucho menos una proclividad desesperante hacia los esquemas elementales y maniqueos prohijados desde núcleos adversos con propósitos políticos y económicos oscuros, que adivino con facilidad pero que me son imposibles precisar.

En esto es obligado poner las cosas que se suceden en una balanza. Desde la libertad y la verdad, que no desde la mentira, la manipulación, la injusticia y la estulticia. Hay que proceder sin piedad, concesión ni conmiseración alguna, contra todos aquellos que, de una u otra forma, atentan contra el erario público en manifiesto detrimento de la ciudadanía y comunidad en general. Estamos en la obligación de denunciar una y otra vez, sin cortapisas, los actos deleznables que se cometen contra la administración pública, cuyos episodios son múltiples y estamos cansados de conocer.

Progresaremos de la mejor manera en la medida en que todos a una entendamos que la corrupción a nada nos conduce, que el planeamiento territorial cuenta, que requerimos de reflexiones, estudios, análisis y ensayos encaminados a un mejor e integral progreso. Que debemos estar inmersos en vigencias administrativas y llevarlas a la aplicación efectiva. Que requerimos evoluciones ciertas y mayor interdependencia e integración del espacio. Que requerimos de ejercicios de cooperación interadministrativa. Facilitar los debates ciudadanos a través de procesos de información pública. Que no debemos ceñirnos solamente a enunciar un marco de referencia o unos criterios orientativos, sino fijar normativas y directrices de carácter prescriptivo y vinculante. Interesa que entendamos la necesidad de desarrollarnos y la importancia de la gestión para lograrlo. Que todas las circunstancias administrativas hay que ponerlas a favor en contexto de una definida y positiva orientación política y social que no sólo cope el presente, sino también el futuro. Entender como lo dice el pasaje bíblico: “Si la colectividad no defendiera la ciudad, en vano habrían velado quienes han tratado de ordenarla”. No a la corrupción, si a la gestión. Es la tarea.

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