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Figura Caribe

El desmovilizado que dejó las armas por la panadería en Santa Marta

Opinión Caribe

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En una casa de alquiler en Santa Marta, a la que se llega por un camino destapado que se desprende de la vía alterna al puerto a la altura del barrio San Jorge, trabaja Edwin Cárdenas. Los vecinos lo conocen como el panadero del barrio.

Dos sobrinos trabajan como empleados desde las seis de la mañana preparando la masa que se formará en panes, pastelitos, cruasanes y donas. Justo después de que Edwin llega de hacer las compras en el mercado local, a donde va todos los días.

Aprendió el arte de la panadería justo después de su desmovilización del grupo armado. Cuando llegó a vivir a la ciudad de Santa Marta y se reencontró con su familia; un conocido le permitió trabajar como ayudante en una panadería del centro de la ciudad. Comenzó realizando las tareas básicas, y con el tiempo, a punta de ver trabajar a los panaderos, le fueron delegando a él la producción de los panes.

Fue entonces que descubrió que era bueno trabajando con las manos y que disfrutaba de la labor de hacer el pan. Hoy, su pequeña microempresa produce al día aproximadamente unos 2.000 amasijos, que Edwin distribuye personalmente, con su motocicleta, en 50 tiendas ubicadas en los barrios San Jorge, San Fernando, Nacho Vives, 20 de Julio, 17 de Diciembre, 11 de Noviembre de Santa Marta.

Los hornos, hornillas, amasador y mezclador eléctrico los fue comprando de a poco con el dinero del beneficio económico que recibió por cumplir a cabalidad con los diferentes componentes de su proceso de reintegración con la Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR). “Cada mes ahorraba e iba comprando alguno de los implementos; luego de dos años me pude independizar”, dice.

Para distinguir sus productos en el punto de venta se ha ideado unas vitrinas en vidrio que él mismo fabrica. “Yo les presto a los tenderos las vitrinas para que exhiban ahí los panes, pastelitos y donas que yo produzco. Así me aseguro de que el producto esté siempre fresco”.

Terminó su proceso de reintegración en 2016. Su sueño: terminar de organizar su negocio, abrir un local, tener más empleados y que sus productos sean conocidos en toda Santa Marta. “La reintegración me permitió volver a comenzar con mi vida; ahora yo quiero brindarle trabajo a quienes lo necesitan”, enfatiza.

En el Magdalena, al igual que Cárdenas, 939 reintegrados han recibido un Beneficio de Inserción Económica por parte de la ACR; que se traduce en un capital semilla para comenzar un nuevo negocio o fortalecer alguno existente.

*con información de Agencia Colombiana para la Reintegración (ACR)

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