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Análisis

El Caribe en la ruta migratoria

Opinión Caribe

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“Me hubiera gustado ser un pájaro para cruzar las fronteras con un golpe de ala”  Juan Goytisolo

Por la gran diversidad de climas, Colombia se convierte en estación ideal para estas especies. Ellas llegan al país usando diferentes rutas, como el corredor del Pacífico, seguido de la cordillera para arribar a la Amazonia o primero a la costa Caribe para luego desplazarse a la Región Andina y continuar su ruta hacia el sur.

Los escenarios preferidos para tomar un descanso o para alimentarse son las costas, bosques y humedales, gracias a la amplia oferta de recursos naturales que ofrecen estos lugares; Incluso, la mayoría ya tienen elegidos los sitios favoritos para su llegada.

Por ejemplo, los espacios ideales para aves rapaces son la Costa Atlántica, Llanos Orientales y la Región Andina. Para los patos Anatidae, provenientes de Estados Unidos y Canadá, las ciénagas como el Parque Isla de Salamanca, Santuario de flora y fauna de Santa Marta y humedales costeros de La Guajira son la mejor opción.

También, los humedales de la sabana de Bogotá y lagunas como Fuquene, El Sonso, Cucunubá y Palacio, así como haciendas ganaderas del norte del Cauca albergan otro importante número de poblaciones.

Sin embargo, de acuerdo con la publicación ambiental Revista Catorce, la destrucción y alteración de su hábitat natural, desarrollo turístico urbano, expansiones agrícolas indiscriminadas, deforestación, contaminación de aguas y suelos con pesticidas y herbicidas, así como la cacería a gran escala, son las causas más relevantes para que varias especies se encuentren en peligro de extinción.

Así mismo, acciones cotidianas como la domesticación de aves, uso en recetas culinarias y su atribución de propiedades curativas contribuyen a que una parte significativa de la población desaparezca y no se pueda completar su ciclo de migración.

Durante más de dos mil años, el hombre se ha preguntado por qué algunas aves están todo el año en el mismo sitio, mientras otras desaparecen, al final del verano o principios del otoño, y vuelven a aparecer en la primavera. Hay otras aves que hacen esto, pero al revés, vienen en otoño y se van en primavera.

DE QUÉ SE TRATA LA MIGRACIÓN

A lo largo del tiempo se han dado varias explicaciones de este hecho, algunas de ellas bastante ridículas, según la manera de pensar de hoy, aunque antaño eran creídas firmemente. Se suponía que los cucos se transformaban en gavilanes durante el invierno, y que las golondrinas pasaban el invierno en el fondo de los lagos.

Hasta la mitad del siglo XVIII no se desechó la segunda de estas teorías, gracias al naturalista alemán Johann Fritsch, quien ató a las patas de las golondrinas cordones con colorante. Cuando al siguiente año volvieron las golondrinas al mismo nido, observó que los cordones estaban aún allí y que el colorante no había desaparecido. También fue en el siglo XVIII cuando los naturalistas empezaron a comparar sus trabajos, llegando a la conclusión de que muchas aves pasan el invierno en un sitio y el verano en otro.

El interés fue creciendo y se idearon nuevos métodos de observación. A medida que se iban construyendo más faros y barcos con luces, se observó que las aves, generalmente, vuelan hacia la luz. William Eagle Clark, del Real Museo Escocés, pasó muchas semanas en faros y barcos con luces, tomando notas, después se le unieron otros muchos observadores. Se fundaron observatorios de aves, como el famoso de la isla de Heligoland.

En 1891, Christian C. Mortensen, en Dinamarca, comenzó a fijar delgadas piezas de cinc en las patas de las aves, que fueron las precursoras de los anillos de aluminio que hoy se usan. Desde entonces, han sido anillados más de un millón de aves sólo en Alemania, EE. UU., Gran Bretaña y España. Se cazan las aves, indemnes, y se les pone uno de estos anillos en una pata. El anillo lleva un número y una dirección, cuando se vuelve a cazar el ave, el anillo dice de dónde viene y cuándo y dónde fue anillado.

ESQUEMA DE LA MIGRACIÓN

Toda la información obtenida de esta manera se ha ido reuniendo, pacientemente, de modo que hoy se dispone del esquema general de un vasto movimiento migratorio, que tiene lugar dos veces al año. Algunas aves vuelan de Norte a Sur, mientras otras lo hacen de Este a Oeste, con viaje de ida y vuelta. Otras viven en los bosques de confieras, en las laderas de las montañas, durante el verano, y bajan a altitudes menores, a medida que el clima se hace más riguroso, durante el invierno.

Las aves que viajan a climas más cálidos en el invierno no escapan del frío. Sus plumas les proporcionan un aislamiento natural perfecto: un escudo contra los rigores del invierno. Muchas especies emigran porque su alimento se agota o queda sepultado bajo una gruesa capa de hielo y nieve.

El cambio suele ser mínimo. Los habitantes de montañas templadas pueden emigrar a tierras más bajas. Aves como el pinzón, el mirlo y el petirrojo europeo tienen fama de viajar solo en parte: algunas lo hacen y otras no. Tras una serie de inviernos benignos, más aves permanecen cerca de sus zonas de cría; tras un invierno severo, más aves emigran, aunque no por fuerza a un sitio distante.

En contraste, aves como el sílvido del sauce, que cría en Siberia, vuelan a África en el invierno a una distancia de 11.000 kilómetros. La golondrina del Ártico es la más viajera de todas las aves. En el verano, antes de que se congele el agua donde se alimenta, abandona la zona de cría cerca del Círculo Polar Ártico y vuela hasta 18.000 kilómetros a las heladas tierras de la Antártida.

LA DISPONIBILIDAD DE ALIMENTO Y LA MIGRACIÓN

Pero, ¿por qué lameauca rabicorta, que se alimenta de peces y cría en las frías costas de Nueva Zelanda y el sur de Australia, emprende un viaje redondo de 30.000 kilómetros al mar de Bering y regresa cada año? Las aguas de su hogar no se congelan, en realidad, no están mucho más frías en invierno. Los peces son, si es posible, más abundantes.

Algunas, como el petirrojo inglés (imagen), están todo el año en el mismo sitio, a lo sumo, realizan pequeños desplazamientos. Los mirlos apenas se trasladan de un jardín a otro. Otras aves hacen viajes increíblemente largos.

La golondrina europea pasa el verano en Europa y el invierno en África del Sur, alcanzando algunas el cabo de Buena Esperanza, a una distancia de cerca de 8.000 kilómetros. Las golondrinas se reúnen en grandes bandadas, para emigrar en el otoño.

Desde el Canadá y la mitad norte de los Estados Unidos, vuelan hasta el sur de México y regiones que bordean el golfo de México.

El viaje más largo lo realiza la golondrina (imagen) marina del Ártico. En verano anida en el Ártico y en invierno vuela al Antártico (donde es verano): una distancia de unos 18.000 kilómetros.

Otra de las migraciones más notables es la del chorlo dorado, que vuela de Alaska a las islas Hawaii, con una distancia de unos 3.000 kilómetros sin posarse.

RUTAS DE MIGRACIÓN

Las rutas de migración no siempre están en línea recta, sino que tienden a seguir caminos bien definidos, generalmente a lo largo de la costa (durante el día, no por la noche), a través de valles o sobre cordilleras.

En Europa, los pájaros migratorios siguen, principalmente, tres rutas que constituyen las más cortas travesías del mar: sobre Francia, y cruzando la Península Ibérica y el estrecho de Gibraltar hacia África; sobre Italia o sobre Los Balcanes, por Turquía y Asia Menor, hacia Egipto. Sin embargo, las migraciones se hacen, frecuentemente sobre el mar.

Las aves migratorias realizan viajes fenomenales, por ejemplo, la gaviota del Ártico hace un viaje de 36.000 kilómetros. La cigüeña blanca europea viaja a África, recorriendo 20.000 kilómetros. Otras aves como el Chambergo, que viaja desde el norte de EE.UU. y Canadá hasta el norte de Argentina llegan a recorrer 16.000.

¿A QUÉ ALTURA VUELAN LAS AVES QUE EMIGRAN?

En general, las aves cuando emigran, no suelen volar alto: alrededor de unos 100 metros. No es extraño oír por la noche, incluso en las grandes ciudades, bandadas de aves que emigran.

En otoño, cuando va de Europa a Inglaterra a pasar el invierno, al Zorzal malvis (imagen), concretamente, se lo puede oír piar durante el vuelo. Algunas veces, las aves vuelan muy bajo, especialmente sobre el mar o cuando tienen viento en contra. Otras vuelan alto, para evitar temporales. Se ha visto volar a los gansos a alturas de 8.000 metros.

¿CÓMO Y POR QUÉ EMIGRAN LAS AVES?

Hay muchas teorías acerca de la migración de los pájaros y de cómo hallan su camino. Una teoría es que usan el magnetismo terrestre para guiarse. Otra es que tienen una especie de memoria racial, por lo que cada generación sigue el mismo camino, todos los años. Una tercera teoría es que las aves viejas actúan de guías, pero se ha encontrado que los cucos que no han visto nunca a sus padres vuelan hacia el Sur, un mes después de haber partido los cucos viejos.

Uno de los aspectos más notables de la migración de las aves es el hecho de que pájaros como el vencejo y la golondrina puedan viajar miles de kilómetros y volver al mismo nido que usaron el año anterior. Se sabe de un vencejo que hizo el viaje de Inglaterra a África, durante cuatro años seguidos, yendo siempre al mismo sitio. Hay claras ventajas y desventajas en la migración.

La principal ventaja para las aves que viven en altas latitudes parece ser el mayor espacio que obtienen. En verano, pueden habitar regiones que son inhabitables en invierno, bien por el frío o por falta de alimento. El hecho de que vuelen al Norte en los meses de verano quiere decir que han de volar hacia el Sur con la llegada del invierno, para evitar condiciones desfavorables. Sin embargo, habitan las latitudes más septentrionales cuando las condiciones son óptimas.

Un ave como la golondrina marina o charrán del Ártico, tiene lo mejor de los dos mundos, porque disfruta de la luz casi constante de ambos veranos, el ártico y el antártico. Gracias a la migración, cada especie se dispersa y explora las mayores áreas posibles de terreno.

Esto aumenta la probabilidad de encontrar condiciones desfavorables, aunque también aumenta la de encontrar nuevas condiciones favorables. La Collalba gris de Groenlandia ha aumentado su área hacia el Norte, en tiempos recientes. Esto se ha relacionado con las temperaturas mayores que actualmente predominan en estas latitudes.

El radar se ha usado ampliamente desde 1945 en el estudio de las migraciones. De la misma manera que las ondas de radio son reflejadas por un avión o un barco, también son reflejadas por las aves. De hecho, en la segunda guerra mundial a veces aparecían señales en las pantallas del radar, que, se creía, eran barcos o aviones, y luego resultaban ser bandadas de aves. El uso del radar nos ha dado información sobre cómo vuelan las grandes aves, a qué velocidad y cómo influye el mal tiempo en las migraciones.

Las representaciones de los observadores de aves están limitadas al pequeño campo de visión y de escucha en que pueden trabajar. La ventaja de las pantallas de radar es el amplio campo que pueden cubrir. Por ejemplo, en 1953 se pudo comprobar que, de un grupo de aves que emigraban en un gran frente a través de la costa, unas pocas retrocedían, después de cruzarla, y se movían paralelas a ella. Un observador estacionado en un punto podía observar e informar de esta bandada, pero desconocía completamente que el movimiento principal se producía en ángulo recto a la ruta que él percibía.

También han aparecido nuevas informaciones por otros caminos. El doctor G. Kramer, un científico alemán, ha llevado a cabo experimentos que demuestran que las aves encuentran su ruta por el Sol. Más adelante, se encontró que, cuando se mantenía a las aves encerradas en una cúpula con estrellas pintadas en el techo, cambiaban de posición cuando se hacía girar la cúpula (y, por tanto, las estrellas).

Parece indudable que las aves tienen un ‘cronómetro interno’, con lo que pueden notar la diferente posición del Sol en cada momento, y que, al usar este sentido temporal, pueden navegar guiándose por el Sol durante el día o por la noche, con ayuda de las estrellas.

Esto explica por qué las aves que emigran se pierden en tiempo nublado o con niebla; estas condiciones, por lo general, aplazan temporalmente las grandes migraciones. Otra razón de la pérdida de la dirección es que, en cierta medida, usan también puntos de referencia terrestres. Una golondrina que vuela de África a Europa se puede guiar por el Sol y las estrellas y, de esta manera, se orienta a través de ambos continentes. Cuando está cerca de su destino, sin duda tiene en cuenta señales del terreno para encontrar el establo o la granja en que anidó el año anterior. La habilidad que tienen las aves para encontrar su hogar es extraordinaria.

La paloma, por ejemplo, puede ser entrenada para que encuentre el palomar desde considerables distancias. Esto se lleva a cabo soltando a la paloma desde distancias cada vez mayores de su nido.

Una paloma (imagen) encontró su camino al palomar desde unos 1.500 kilómetros. Las palomas sin entrenar no encuentran tan fácilmente el camino como las entrenadas, lo que es una gran evidencia de la importancia de las señales en el terreno, cerca del sitio del nido.

Se debe recordar, la sorprendente historia de los científicos de Georgia del Sur, en el Antártico, que anillaron pingüinos aún en los nidos, y tomaron cuidadosa nota de la posición de estos.

Los pingüinos emigraron después, cientos de kilómetros nadando o deslizándose por el hielo, sobre el vientre. Al año siguiente, volvieron al área donde estaban los nidos, pero el invierno era más largo que de costumbre y, prácticamente, toda Georgia del Sur estaba cubierta de nieve y los puntos de referencia terrestres habían desaparecido.

Los pingüinos empezaron a recoger piedras de la playa, con las que hicieron sus nidos como de costumbre, aunque tuvieron que construirlos sobre la nieve.

Cuando la nieve se derritió, las piedras empezaron a descender, hasta que, finalmente, descansaron en el suelo, ¡en los mismos sitios, exactamente, en que habían estado los nidos el año anterior! Estos fenómenos no pueden explicarse por el momento, aunque una cosa es cierta: que la habilidad de las aves para encontrar su hogar está muchísimo más desarrollada que en el hombre.

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