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“Me despedí de Jaime con un beso, sin saber que sería el último”: esposa de un hombre al que desaparecieron

Opinión Caribe

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Maryuris Rodríguez, esposa de un hombre al que un grupo armado ilegal desapareció en el departamento del Magdalena, relata su historia llena de fortaleza y esperanza.

“Esa semana él trabajó de 5:00 de la tarde a 12:00 del mediodía siguiente, hasta el viernes, que fue que desapareció”, contaba Maryuris su compañera permanente y madre de sus dos hijos.

El viernes hacia la una de la tarde Maryuris veía que Jaime no había llegado a almorzar. Él volvía, se acostaba un rato con ella y se regresaba a trabajar, incluso esa semana en la que le tocó doblarse porque el administrador de la compraventa le había pedido que lo cubriera ya que estaba recibiendo visita de su familia.

“Yo viendo que era la una de la tarde y Jaime no había llegado lo llamé a la compraventa y me respondió la hija del administrador y me informó que ya había salido y que no sabía para dónde; pensé que había salido a hacer un mandado o algo, pero dieron las cinco y me llamaron de la compraventa y me dijeron que Jaime no se había presentado a trabajar. Fue en ese momento que llamé a un primo que también trabajaba en otra compraventa a ver si se encontraba con él, pero tampoco sabía nada”, relata Maryuris.

Desde ese momento comenzó la tragedia de la familia Franco Rodríguez. Su familia y amigos comenzaron una búsqueda incansable para saber dónde se encontraba su compañero. “Todos salieron en su búsqueda, yo me quedé en casa esperando a que él apareciera, pero mi espera fue en vano, al día siguiente me fui para la compraventa a ver si ya sabían de su paradero, pero ahí tampoco me tenían respuesta, la única respuesta que le dio la hija del administrador de la compraventa fue: ‘Cuando uno necesita los Paras, ellos no están’. En ese momento se decía que los paramilitares eran los que mandaban en la región”.

Es en ese momento que Maryuris comenzó la búsqueda personalizada, rodeando a pie las playas de Santa Marta, hasta llegar al municipio de Ciénaga. Buscó alguna pista que sirviera para dar con el paradero de Jaime Segundo. “No sé quién en ese momento nos decía que lo habían visto por la playa, así que todos fuimos en su búsqueda hasta llegar a Ciénaga, pero jamás dimos con su paradero; me despedí de Jaime con un beso, sin saber que sería el último que le daría”, recuerda ella.

En el transcurso de la búsqueda y del proceso hacia el año 2005, cada 3 meses los sobrevivientes que pertenecían a la organización Familiares Colombia se reunían con Justicia y Paz de la Fiscalía General de la Nación para que no cesara la búsqueda.  Entonces, inició la desmovilización de los paramilitares, entre ellos el clan al que le fue atribuido este hecho.  “Yo fui a todas las audiencias y en una de ellas le pregunté por mi familiar al menor de los Rojas, que me dijo: ‘El que me comentó de eso fue Wilinton, él dijo que a Jaime lo había desaparecido otra persona y no ellos”.

En una audiencia posterior Willinton dijo dónde estaba sepultada su pareja y lo buscaron sin resultado alguno. Hasta el momento no lo han encontrado. “Todo el camino que he recorrido no ha sido fácil, me tocó hacer de papá y mamá y asumir los gastos de mi hogar completamente, les confieso que hasta el momento no puedo recordar como fue el crecimiento de mis hijos, sé que les celebré sus cumpleaños y que los ayudaba con sus estudios, pero siendo sincera no recuerdo ni sus caritas al crecer”, expresó Maryuris en medio de lágrimas y mirando las fotos de Jaime.

De la zozobra, la angustia y el dolor, a la reconciliación y la paz

Luego de 13 años de angustia, dolor, tristeza, Maryuris formó un nuevo hogar y junto a sus hijos y a su nieto de un año de nacido, ha salido adelante. “Recibí mi indemnización por parte de la Unidad para las Víctimas y con ella reformé mi casa, construí una pieza y compré unas máquinas para coser, hice cursos de patronaje, confección, trazo, corte, etc., en el Sena y formé mi propia microempresa, también les compré a mis hijos un computador para que pudieran hacer sus tareas y hasta me alcanzó para un televisor. He reconstruido mi vida y solo le pido a la Fiscalía que retomen el caso y busquen bien a Jaime, porque quiero que mis hijos reciban el cuerpo de su padre y puedan darle cristiana sepultura para poder estar yo en paz”.

“Ustedes no saben lo doloroso que es cuando mi hija cumplió los 15 años y su padre no estaba ahí para bailar con ella el vals, así que tomé la foto de ella ese día y la de mi hijo y quité su rostro y coloqué el de su papá, en ese momento ella se sintió feliz porque sintió que su papá estuvo con ella”, expresó Maryuris mientras señalaba la foto que se encontraba detrás de ella.

Nada de lo sucedido le impidió a Maryuris salir adelante. “Luchen por seguir adelante, a pesar de todo lo que uno vive, que es duro y cruel y que jamás se olvida. Por sus familiares deben seguir adelante, yo aún no recuerdo muchas cosas de mis hijos, pero en ese momento solo pensaba en luchar y pensaba que si Jaime volvía algún día él se daría cuenta que luché y trabajé por nuestros hijos y jamás me di por vencida”.

En sus palabras aun alberga la esperanza de que Jaime toque a la puerta de su hogar y abrace a sus hijos y que todo lo que han vivido hasta el momento haya sido una pesadilla.

Mientras tanto Maryuris continúa con su vida y como todos los colombianos espera que nunca más familia alguna tenga que vivir lo que su familia ha vivido.

Según el Registro Único de Víctimas de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas en Colombia, 46.970 personas fueron desaparecidas dejando a 120.584 familiares hoy no cuentan con sus seres queridos.

“En nuestro Departamento 1.604 personas fueron desaparecidas y 4.241 personas quedaron como víctimas indirectas, el desaparecer a un ser humano y ejecutarlo es un acto canalla y miserable, por eso necesitamos que estas personas reconozcan sus actos y asuman las consecuencias y entiendan los daños que causa la ambigüedad entre la presencia y la ausencia sostenida de un ser querido”, expresó Carlos Alejandro Ortiz Ruiz, director territorial del Magdalena.

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