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El significado poético de los himnos

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Rosario Pisciotti Lara

El himno nacional de la República de Colombia es la composición musical patriótica que representa al país y que, junto con la bandera y el escudo tiene la categoría de símbolo patrio. La letra del himno está compuesta por un coro y once estrofas, fue escrita por el presidente Rafael Núñez, originalmente como una oda.

Este es solo un referente de lo que es un himno que forma parte de la unión, solidaridad, la glorificación de la historia y las tradiciones de las naciones o pueblos.
Pero, ¿se ha detenido a analizar lo que significa cada estrofa? ¿Se ha tomado el trabajo de buscar el significado de cada palabra que entona con tanto fervor?

OPINIÓN CARIBE pretende que sus lectores conozcan algunos referentes sobre los himnos de Colombia y de Santa Marta, con el objeto de que haya más de sentido de pertenencia hacia un símbolo que se toca todos los días, antes de comenzar las clases en las escuelas, en los estadios e incluso, en contextos religiosos (por ejemplo, en procesiones), además de determinados canales de televisión o en cada intervención del presidente de turno.

La letra del que hoy es el himno fue compuesta por Rafael Núñez (1825-1894, Presidente de Colombia en varios periodos), originalmente como una oda para celebrar la independencia de su tierra natal Cartagena. Fue publicado en 1850 en el periódico ‘La Democracia’, cuando Núñez era secretario de gobierno de su provincia natal, y declamado públicamente en las celebraciones de la Independencia de Cartagena en ese año.

Años después, la melodía del himno fue compuesta por el italiano Oreste Síndici, un músico reconocido en la época. El encargo de componer la música lo hizo el actor y director bogotano José Domingo Torres, quien quería musicalizar el poema escrito por Núñez, presidente de Colombia en ese momento, para la celebración de la independencia de Cartagena de 1887.

Antes de que se adoptara el que hoy es reconocido como el himno nacional de Colombia, ya se habían hecho múltiples intentos para construir un tema musical que sirviera como identificación patriótica de los colombianos. Historiadores dan cuenta de por lo menos seis intentos: Francisco Villalba (1836), Enrique Price.

No fue sino hasta la ley 33 del 28 de octubre de 1920, sancionada por el presidente Marco Fidel Suárez, que se declaró oficialmente el himno como un símbolo patrio.

Una posterior edición realizada en 1933, durante la presidencia de Alberto Lleras Camargo, por el músico nortesantandereano José Rozo Contreras, le dio una mayor formalidad a la musicalización al himno, y creó las transcripciones para orquesta sinfónica que son interpretadas y conocidas actualmente.

En 1995, la ley 198 del 17 de julio, convirtió en obligatoria la difusión del himno nacional en todas las emisoras de radio y televisión del país tanto a las 6:00 (6 de la mañana) como a las 18:00 (6 de la tarde), con el objetivo de que formara parte de la cotidianidad de los colombianos.

Sin embargo, según C. S. Lewis, “la educación sin valores, por más útil que pueda parecer, solo hace de los hombres un demonio más inteligente”.
Así las cosas, es preocupante que hoy, las personas no respetan la entonación de los himnos, los aplauden como si estuvieran en una feria o en un circo. A unos, inclusive, en grandes escenarios, se les olvida la letra de manera significativa; otros los entonan con grandes dificultades porque no tienen ese sentido de pertenencia frente a sus símbolos patrios.

Para contextualizar, ¡Oh gloria inmarcesible, oh júbilo inmortal!
Una gloria inmarchitable con una alegría inmortal. Unos caminos llenos de dolores, el bien nace, brota del manantial del amor de Dios…Esa libertad sublime, que es la intención del poeta de destacar la sangre y el fuego que costó esa liberación del yugo español, de tener un nuevo amanecer cuando cesó esa horrible noche…Para cada noche oscura hay auroras para que renazcan nuevas esperanzas. La humanidad entera, que llora inconsolablemente, aún tiene el optimismo de renacer a través de las palabras llenas de amor de Jesucristo que murió en la cruz.

Solo es un esbozo de lo que usted como colombiano puede interpretar de la letra de su himno. Es fundamental que surjan esos valores, que su educación le despierte inquietudes, que haga transformaciones de su entorno.

HIMNO DE SANTA MARTA
La letra del himno de ‘La Perla’ de América también tiene su contexto histórico, porque es importante despertar el fervor de los samarios, que sepan qué quiere decir cada estrofa para que penetre con conocimiento de causa en su mente y en su corazón.

El consejo municipal de Santa Marta, por medio de acuerdo No 9 de Julio de 1949, en su artículo II declaró como Himno Oficial de la ciudad de Santa Marta, el presente, cuya letra es del poeta Mariano Barreneche y la música del compositor samario Roberto Linero De Castro, himno que fue declarado cívico por la sociedad de mejoras públicas en un concurso abierto. Confirmaron este acuerdo, el presidente del concejo de ese entonces, Aquileo Lanao y el secretario Enrique Estrada.

OPINIÓN CARIBE busca la reflexión, la motivación para alimentar y sostener un proceso necesariamente colectivo de este símbolo de la ciudad de Santa Marta, que desde su nombre hasta su tradición ha conservado el sentido de la religiosidad heredado.
El coro dice así: ¡Dios te salve ciudad dos veces Santa! Por la gracia del nombre y la divina Unción casi materna, con que un día, amparaste la trágica agonía, que en tu regazo soportara el hombre, más grande de la América Latina. ¡Dios te salve, ciudad en cada día!
¿Por qué dos veces Santa? Está la gracia de su nombre con el que la bautizó Rodrigo Galván de Bastidas y la divina Unción para simbolizar la introducción de una influencia sacramental o divina (la virgen María).

Amparó los últimos días del gran libertador Simón Bolívar, el único latinoamericano que tiene estatuas en casi todo el mundo. Pero, irónicamente casi no lo conocen en estas latitudes. Gracias a la Providencia este hombre murió por estos lares.

Bajo un sol radiante se mueve la ciudad, en un valle lleno de las bondades naturales, que despiertan la envidia de cualquier entorno. Unos fantásticos joyeles que designan a distintos objetos de adornos preciosos, que traían las antiguas embarcaciones (bajeles) de considerables dimensiones, generalmente de vela. Que encandilan a quien escribe, en la Edad Media, es un oficio público de quien estaba autorizado para dar fe de las escrituras y demás actos que se desarrollaban ante él.

Es fascinante el recorrido histórico y lexical que se puede hacer cuando hay inquietudes por apropiarse de lo que se debe respetar, porque cuando usted no tiene ni idea de lo que le dicen o escriben, tenga por seguro que siempre será un histérico de la historia.

 

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