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Una huella de amor y fe

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Se inauguró en Garagoa una iglesia en honor a la niña que logró cambiar la vida de miles de personas con su historia de fe y esperanza.

Paola Murillo García

Luego de que se conociera el sensible fallecimiento de Cristy Dangond Lacouture, una niña hermosa y luchadora incansable, se fortaleció la esperanza y la fe en la ciudad de Santa Marta, tan así, que se trabajó arduamente para construir la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, como un homenaje al testimonio de fe y misericordia que enmarcó la vida de ella y la de su familia.

Cientos de personas se reunieron en la Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, en una hermosa y emotiva misa, que giró en torno a un solo espíritu y a una misma esperanza. La vida de Cristy, quien dejó una huella en el corazón de todos los que tuvieron la oportunidad de conocerla y también de aquellos que aún sin tener un contacto directo con ella se conmovieron espiritualmente con su historia.

La iglesia se encuentra ubicada en el barrio Garagoa, en las instalaciones del Colegio San Francisco Javier, lugar en las que los jóvenes estudiantes y habitantes del barrio pueden ir y recibir la palabra de Dios. Uno de los sueños de este hermoso ángel, que todos aprendieran las enseñanzas de Dios.

“Ojalá todos dejáramos lo que dejó Cristy en este mundo, una huella de amor y fe”, estas fueron las palabras dichas en cada uno de los rincones de la iglesia. Algunos feligreses lloraban al recordar como aún en su corta edad, Cristy logró llegar a tantos corazones cambiando de forma definitiva la vida de cada uno de los que la conocieron. Unos oraban secretamente a Dios y otros lo hacían de manera más abierta con dinámicas alabanzas, como si se tratara de la celebración de la entrada al cielo de la pequeña.

LA TRÁGICA NOTICIA

La fe de Cristy y su familia se robusteció un 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe, cuando su padre Fernando Dangond tuvo que llevar a su hija de seis años, Cristina, a la zona de Urgencias del Hospital de Niños de Boston, por un fuerte dolor de cabeza, ¿el resultado? Cristy tenía un cáncer metastásico. Pronóstico era desalentador.

Esta pareja de esposos colombianos, él vallenato; ella samaria, luchó por más de cinco años, junto a Cristy, para combatir esta terrible enfermedad que, de acurdo con las estadísticas, mata a miles de personas en el mundo cada año. Sus padres procuraron siempre mostrarle su fuerza, su optimismo, su esperanza, cuando la embargaban los dolores y cuando sufrió la pérdida de su cabello.

Fernando Dangond Castro se preguntaba si los milagros de Jesucristo en la tierra fueron ciertos. Tres meses después de su viaje a Jerusalén, el 12 de diciembre de 2012, su esposa, Mónica Lacouture, y una junta de médicos lo esperaban en la sala de urgencias del Children Hospital de Boston para darle una noticia. Su amplia trayectoria en la medicina, y el cargo de director médico de Neurología en Estados Unidos de la farmacéutica Merck Serono, no le servirían de nada en ese momento.

Cristy tenía un rabdomiosarcoma alveolar metastásico, uno de los cánceres más agresivos que existen en el mundo. El tumor primario, de gran tamaño, fue encontrado en el tórax y le había causado un colapso del pulmón izquierdo. Además, tenía nueve metástasis en el cráneo y diseminación por múltiples cuerpos vertebrales (los huesos de la columna vertebral).

“Nunca en todos mis años de trabajo había visto un caso tan avanzado en un niño, y lo peor es que era mi hija”, recordó Fernando.

A finales de 2012, a Cristy le hicieron una escanografía de los huesos. Los esposos Dangond Lacouture sabían que este último examen era solo un formalismo antes de empezar el tratamiento de quimioterapias.

Mientras salían los resultados que ya conocían, Mónica cerró los ojos para rezar. Luego de 25 minutos de espera se acercó a Fernando y, antes de contarle lo que estaba viendo y oyendo, le pidió que no pensara que ella había enloquecido. “Mi papá está aquí, a mi lado”, le dijo. Alfredo Lacouture, quien había muerto hacía un año, tras caer del segundo piso de su casa, le estaba dando un mensaje a su familia:

“No se equivoquen. Cristina sí tiene cáncer, pero ella va a ser un milagro de Dios en el Año de la Fe. Dile a Fernando que no sienta más culpa, que él no pudo haber hecho nada por mí cuando me accidenté, porque yo tenía que morir para estar al lado de la niña. Ella atraerá a un ejército de personas para acercarse a Dios” le contaba con fe Mónica a su esposo.

Hacía mucho tiempo que Fernando no rezaba, sin embargo, en ese momento se arrodilló junto a la camilla de Cristy y oraron por varios minutos. Al poco tiempo de lo dicho por su esposa, la cara sorprendida y sonriente del radiólogo, que regresaba con los resultados del examen, confirmaban el mensaje del más allá. Todo salió normal, los huesos de la niña estaban sanos. A las seis semanas de iniciado el tratamiento de quimioterapia para combatir el tumor del tórax, los exámenes de seguimiento revelaron que todo el cáncer había desaparecido.

JESÚS, EN TI CONFÍO

Jesús, en ti confío se convirtió en el gran ejemplo de vida que dejó Cristy, y es también la frase llena de fe con la que Fernando y Mónica recordarán a Cristy Dangond Lacouture, una encantadora niña que luchó por varios años contra el cáncer y perdió la batalla en la tierra, pero ganó un espacio en el cielo, al lado de Dios como un ángel más.

Desde que se conoció que Cristy padecía la enfermedad, sus padres Fernando Dangond Castro y Mónica Lacouture, crearon un grupo de oración en Facebook, llamado “1 millón de oraciones por Cristy Dangond Lacouture”, en el que hay más de 32 mil personas, sin contar sus familiares y círculo de amigos, quienes oraron por Cristy y por muchas otras personas que padecen graves enfermedades.

La niña falleció el 26 de enero a las 3:40 de la mañana, en Boston, en ese  momento, Fernando Dangond, padre de la niña, con el dolor del padre que ve morir a su hija, escribió lo siguiente en la página de Facebook: 1 millón de oraciones por Cristy Dangond Lacouture. “Cristy descansó hoy en la paz del Señor, estamos eternamente agradecidos con todos ustedes, miembros de este ejército del amor, la fe y la esperanza, y a quienes consideramos nuestra familia extendida, por tanto amor y apoyo en los últimos cinco años”.

Sin dudas, Cristy fue una guerrera, una luchadora, vivió una vida pura y entregada a Jesús, transformó a su familia luego de que sus padres se enteraran que a sus 6 años de edad padecía un cáncer terminal. Ella se aferró aún más al Dios divino, lo que la llevó a vivir de manera ejemplar en la que nunca participaron el odio ni la maldad.

“Ahora es nuestro ángel de Dios en la tierra y como padres nos sentimos enormemente privilegiados de haberla consentido y haberla visto crecer llena de felicidad en nuestro hogar”, señaló, con voz entrecortada su padre, el compositor de canciones como Nació mi poesía.

EL AGRADECIMIENTO

En 2016, el papa Francisco puso su mano sobre la cabeza de Cristy Dangond Lacouture, en un verdadero acto de fe y de amor, del que su madre, Mónica Lacouture, fue testigo.

El agradecimiento a Dios se traduce en la página de Facebook: 1 millón de oraciones por Cristy Dangond Lacouture. El testimonio de la niña alentó a las personas que a diario piden oración por sus familiares enfermos en esta red social. Con su ejemplo, ella fortaleció la fe de los más de 34 mil miembros que la siguen. La pequeña, les recordaba que llevaran presente la frase: “Jesús, en ti confío”.

“Cuando ocurren estás tragedias uno se da cuenta de que la vida es un regalo precioso, pero al mismo tiempo la visión sobre la muerte cambia. Cristy, quien era muy espiritual, siempre nos habló del tema de la forma más natural”, explicó Fernando.

Cristy hizo muchos amigos a lo largo de su vida, entre esos, en algunos niños que también padecían cáncer o alguna otra enfermedad terminal. Cristy con frecuencia asistió a algunos funerales de los niños enfermos, su padre recordó entre lágrimas y alegría como su pequeña y adorada hija, no entendía el llanto y los colores negros y opacos con los que vestían las personas en esos lugares, le decía: “papi, ellos deberían vestir con los colores del arco iris y estar felices, ese niño se va a encontrar con Dios”, que para ella era el mayor motivo de felicidad que podían tener.

Fernando Dangond Castro comenta, que su misión es dar ese testimonio de fe y esperanza. Con el acento musical de su tierra, que no ha perdido, a pesar de llevar 25 años viviendo en Boston. Confiesa, que siente “un ardor en el corazón”  cuando sabe que la gente cree en el inmenso amor de Dios.

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