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Una tradición de pitos y matracas

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Emulando la canción, “entre pitos y matracas; entre música y sonrisas, el reloj ya nos avisa que ha llegado un año más…” así es el recuerdo de los samarios sobre el famoso pito de Bavaria.

Andrea Perozo

El Viejo Continente, cuna de la civilización, alberga muchas costumbres procedentes de la multitud de pobladores de estas tierras. Las influencias en las diferentes regiones del terreno europeo varían, y se pueden encontrar algunas tradiciones que resaltan por lo cómico o lo curioso.

Tan así, que se refleja por ósmosis en Latinoamérica, en especial, en todo lo que tiene que ver con expresiones de tipo cultural o religioso. Una de esas influencias europea es el pito que por muchos acompañó grandes acontecimientos de las ciudades y anunciaba la llegada del Año Nuevo o sonaba en las iglesias a las seis de la tarde para el Angelus, para recordarles a los feligreses que se debían persignar.

Durante muchos años, en Colombia formó parte del imaginario colectivo un símbolo grabado y compartido que reforzaba el sentido de comunidad y un ícono de muchas ciudades, mensajero de hechos que no se conocían por otros medios.

Por ejemplo, en Santa Marta, en la iglesia de San Francisco se tocaba la campana a las seis de la tarde y a las doce del mediodía. Acontecimiento que se fue trasladando también a las empresas, donde a falta de los instrumentos electrónicos con los que se cuenta en la época actual como las luces u otras herramientas magnéticas, se anunciaba el cierre de la jornada laboral.

Una de esas empresas fue Bavaria, para esa época de 1978 era muy común escuchar una sirena o un estruendoso pito que les anunciaba la culminación de su horario laboral,  los invitaba al descanso y que pasaran a otros sitios a reposar o a cambiarse el uniforme por sus atuendos tradicionales; repitiéndose así en horas de la tarde. Esta sirena sonaba tan fuerte que en el actual barrio de su mismo nombre, Bavaria, de  estrato social seis, los moradores de ese entonces sabían, por ejemplo, que a la empleada doméstica se la había acabado su jornada laboral a pesar de no haber una relación laboral directa con la empresa cervecera.

Elías George González, exalcalde y promotor turistico

Los estudiantes de ese tiempo recuerdan la costumbre de tocar la campana en instituciones emblemáticas como el Liceo Celedón y Liceo del Caribe, que anunciaba de esta manera que se había acabado el recreo.

UNA HISTORIA EN COMÚN

Santa Marta y Bavaria, por tanto, tienen su historia común, porque era prácticamente la única empresa con la que la ciudad contaba. Este anuncio sonoro que ejecutaba Bavaria se escuchaba en casi toda la ciudad, anunciándoles a todos los habitantes no solo la culminación de sus actividades laborales, sino también el comienzo de ellas.

Jairo Soto Hernández, historiador e investigador de la Universidad del Atlántico, explica, que por la explosión del vapor de  tres calderas  industriales con el fin de calentar fluidos y a través de la transferencia de calor a presión se produce el sonido que en la ciudad se reconoce como los ‘pitos’.

Pero, después se convirtió en el campanazo de alerta para avisar sobre el descanso a sus empleados. Estaba a cargo de un funcionario específico dentro de la empresa. Más adelante, se volvió un instrumento laboral para aplicar correctivos disciplinarios si se encontraba a un trabajador por fuera de su área antes de que sonara el pito.

Pedro Sánchez, por su parte, recuerda que durante más de 30 años bailó las canciones típicas de fin de año combinado de los ‘pitos’ de la Cervecería, que “hace una década se extendía por toda Santa Marta. Yo vivía en Manzanares y hasta allá llegaba ese sonido”.

De acuerdo con trabajadores de la empresa, los populares ‘pitos’ también eran utilizados para alertar por simulacros de evacuación.

“Pueden sonar las veces que sean necesario. No hay un número, pero para nosotros era tradición en el festejo por Año Nuevo”, cuenta otro de esos empleados.

Elías George González, el exalcalde y también experto en temas de turismo hizo parte de la planta de Bavaria, quien guarda en su mente todos los procesos internos que se llevaban a cabo en la elaboración de la cerveza. A sus 70 años recuerda que cuando no sonaba el pito a la hora exacta todos en la planta empezaban a hacerle reclamos al presidente del sindicato por el cansancio y el afán de salir, convirtiéndose así este elemento en el reloj de ese momento.

Además, agrega que los hermanos Leo Siegfried y Emil Kopp Koppel, provenientes de Alemania, llegaron en 1876 a Santander, Colombia. Tres años después, se asociaron con los hermanos Santiago y Carlos Arturo Castello y conformaron en Bogotá la sociedad Kopp y Castello, quienes en 1889 adquirieron un lote para la construcción de una fábrica de cerveza. Esta transacción es considerada como el hecho fundacional de Bavaria.

El 31 de diciembre de 2009 sonó por última el ronco sonido del pito de la cervecería Águila. Agregó, que fue el referente esperado para el abrazo de año nuevo en cada 31 de diciembre, pero desde que se apagó, las generaciones más veteranas seguían esperando su ‘resurrección’. “Con él se fue ese enorme sonido que arropaba toda la urbe y nos daba la esperada orden para dar rienda suelta, entre abrazos, lágrimas, risas y esperanzas, a las desbordantes celebraciones de Año Nuevo”, dijo Elías George.

Ese ‘Big- Big’ volverá a sonar en Barranquilla, pero no en Santa Marta porque de esta ciudad se marchó la industria Bavaria.

EN BARRANQUILLA

El director y representante de la marca Alejandro Molina, actualmente se comprometió a continuar con esta tradición para marcar los inicios de actos de suma importancia como festividades propias de la población, así como también reconocimientos deportivos como sucedió la primera vez que el Junior se coronó campeón de la Liga. En cualquier carretera colombiana hay un aviso de Águila.

Todos estos recuerdos están atados a la icónica Barranquilla con El Jardín Águila de la calle Murillo con el callejón de Líbano; el aviso luminoso de las focas de Germania jugando bolos sobre la azotea del edificio Baquero; la Cerveza Germania, fabricada en la misma planta de Barranquillita; el Festival de la Cerveza; la camiseta del Júnior de Barranquilla; el famoso calendario de Las Chicas Águila, que ahora se puede descargar por la Internet si la persona es mayor de edad; el equipo de béisbol profesional fundado en 1951 y varias veces campeón de Liga colombiana; la Nutrimalta, bebida no alcohólica a base de malta cuya etiqueta decía “Cervecería Aguila S.A.” y, claro está, el pito que sonó durante más de 60 años en toda la ciudad, cuando la urbe era más pequeña y menos ruidosa.

En Santa Marta, solo quedarán recuerdos en la mente de las personas mayores, porque Bavaria desapareció como empresa, en su lugar hay centros comerciales y conjuntos cerrados, además del nombre de uno de sus barrios.

Elkin Alberto Núñez Cabarcas, funcionario del Archivo Histórico del Atlántico, en una crónica publicada el 29 de diciembre de 2013 en uno de los medios costeños, titulada “La Arenosa y los recuerdos decembrinos”, escribió:

“De los momentos emblemáticos de los diciembres barranquilleros y samarios, por más de sesenta años, fue la presencia sonora del famoso pito de la Cervecería Águila.

Un sonido, que, además de despedir el año viejo, año tras año, también se le sentía todos los mediodías avisando la hora del almuerzo; y hasta para enunciar nefastas noticias en cualquier momento.

Hoy, el Gerente Regional le devolverá solo a Barranquilla ese ícono cultural, porque en Santa Marta no volverán a sonar esos pitos que se guardaron en el baúl de los recuerdos.

 

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