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¿Experimentando con la erosión costera?

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Tras varios estudios hechos y muchas hipótesis alrededor del caso, la problemática del avance del mar hacia la carretera que comunica a los dos departamentos del Atlántico y Magdalena va cada día en aumento. A partir de esta edición OPINIÓN CARIBE presenta una serie de informes referentes a la realidad, que ya pasó de tratarse como un simple fenómeno de la naturaleza, para convertirse en todo un reto para evitar que se desconecte por vía terrestre a dos importantes regiones del Caribe colombiano.

Paola Ramírez Caballero

Como consecuencia de la descoordinación institucional que existe actualmente entre las autoridades ambientales, de infraestructura y oceanográficas, para afrontar los problemas erosivos que se presentan en varios puntos de la vía Ciénaga-Barranquilla, siendo el kilómetro 19 el más crítico, se ha experimentado en la búsqueda de una solución definitiva para contrarrestar este fenómeno natural que mantiene en riesgo la estabilidad de una de las arterias económicas más importantes del país.

Hasta la fecha, no se conocen pronunciamientos recientes o de seguimiento oficial del Ministerio de Ambiente, ni de la Corporación Autónoma Regional del Magdalena, ni mucho menos de la Unidad de Parque Nacionales Naturales, esta última, encargada de velar por el mantenimiento del Parque Isla de Salamanca, ubicado en la ciénaga Grande, área donde se están dando los procesos erosivos.

Sólo se conocen los intentos hechos por la Gobernación del Magdalena en los trabajos de mitigación en esta zona.

Una fuente oficial consultada por OPINIÓN CARIBE, deja en evidencia que no existe una unidad de criterio institucional para abordar conjuntamente la erosión costera que se produce con mayor fuerza en el kilómetro 19 de la vía Ciénaga–Barranquilla, y las autoridades competentes para abordar este problema, pareciera que no les importara.

“No hay una integración por parte de las instituciones para pensar por lo menos en un trabajo conjunto entorno a mitigar el problema de la erosión costera, que no sólo le atañe al Magdalena sino también al Atlántico, y que de seguir este fenómeno ambiental se perjudicarían económicamente”, añadió la fuente consultada.

“A la Gobernación del Magdalena, le han dejado todo el problema. Invemar dice que lo está estudiando, pero también hacen comentarios sobre la mala ejecución de la obra que no tienen como sustentar”, explica Luis Barraza Escamilla, coordinador de la Oficina de gestión del riesgo de la Gobernación.

Para el ingeniero entrevistado y quien es funcionario del orden regional, el Invemar sabe poco de erosión. “Está aprendiendo sobre la marcha empezando a descubrir información biológica de nuestras costas. Diez años atrás no se tenía conocimiento absoluto de nada, por eso se declaró impedido para abordarla, no tenían la experiencia para hacer los estudios”, expresó.

El año anterior el Ministerio de Ambiente contrató a holandeses para que le buscaran la solución a este problema de todos los litorales del país. Según pudo establecer OPINIÓN CARIBE, los expertos se negaron a emitir un informe sin antes conocer el contexto donde se desarrolla la erosión costera.

“Ni ellos siendo expertos se atrevieron a tomar decisiones sobre la forma de mitigar la erosión. No hay validez, no hay suficiente conocimiento, los estudios de impacto hechos por autoridades locales son copias de otros similares, y de informaciones secundarias. Con el mar no se puede inventar”, sostuvo la persona consultada.

Para Luis Barraza, Corpamag no tiene especialistas en el tema, no está trabajando, ni le interesa hacerlo, pero son críticos incisivos. La Unidad de Parques observa el problema desde la parte ecológica y el Ministerio de Ambiente desde el enfoque especifico del dinero aprobado”, manifestó.

Por otro lado el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe (CIOH), conoce la información oceanográfica física, pero para quienes conocen el tema no tiene estudios como tal al no poseer recursos.

En su momento la única entidad que se interesó por advertir el fenómeno erosivo que se estaba dando sobre la vía Ciénaga–Barranquilla fue Promigas, con el propósito de proteger la tubería de gas que bordea el litoral.

Ante esta advertencia realizada hace diez años, ninguna autoridad nacional, ni regional y mucho menos local, se preocupó por tomar medidas que permitieran frenar el proceso erosivo que actualmente se ha agudizado, al punto de llegar afectar la movilidad vehicular de una vía importante para el país.

“Como la Gobernación del Magdalena se adueñó del problema todo se lo han dejado a ella. Exigen acciones cuando todas las autoridades y entes territoriales deberían actuar en bloque entorno a una propuesta, para que finalmente se haga una bolsa común para una obra de gran envergadura”, puntualizó el ingeniero entrevistado.

La erosión costera es un problema de todos los litorales de Caribe; es decir, un asunto que le compete solucionar a la Nación, generando una sinergia entre las autoridades regionales y locales.

UNA MALA CONSTRUCCIÓN

De 1956 a 1960 el Ministerio de Transporte construyó la carretera Ciénaga- Barranquilla, la cual después de 54 años de funcionamiento, continúa generando un impacto ambiental acelerando cada día el fenómeno de erosión costera.

La falta del componente ambiental, causó el desecamiento de miles de hectáreas de manglares, lo cual afectó el grado de acidez del agua, produciendo la muerte de miles de peces.

Esto interrumpió el funcionamiento del ecosistema de un área considerable del enorme sistema acuático de la ciénaga Grande de Santa Marta.

El sistema dinámico de mangles evolucionó naturalmente hasta la construcción de la Troncal del Caribe, para lo cual se impuso una localización que generó un desequilibrio sedimentario, el cual no ha logrado estabilizarse. Esto se hizo evidente en el análisis realizado por el Cioh.

La zona costera del Caribe colombiano es un mosaico de ecosistemas estratégicos, altamente sensibles a los cambios ambientales inducidos por el hombre. Las playas son ambientes extremadamente dinámicos y frágiles donde arena, agua y aire se encuentran siempre en movimiento produciendo erosiones costeras.

ESTUDIOS EN TORNO A LA EROSIÓN

Entre los estudios adelantados para identificar el problema de la erosión costera y buscar soluciones al fenómeno natural, se encuentra el realizado en el 2002 por el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas del Caribe contratado por Promigas.

En este informe fue analizada la evolución de la línea de costa entre 1953 y 2002, donde se destaca como el cambio más grande dentro del sector de la boca de de la ciénaga Grande, dividiendo las poblaciones de Puebloviejo y Tasajera.

Entre el 2002 y 2008 se presentaron cambios en la zona occidental de la boca en el sector del puente de la Barra, con progresiones en la línea de la costa que alcanzaban hasta 170 metros. En el costado oriental se detectó la continua llegada de arena acumulada en la punta de la boca.

Pero lo más delicado ocurría en el kilómetro 19 de la vía Ciénaga-Barranquilla, donde se identificó que la erosión hizo retroceder la playa un kilómetro en 65 años.

Entre el 2002 y 2008 se detectó que la tasa de erosión promedia a lo largo de todo el sector estaba en los 10 metros por año, con un retroceso en la línea de costa de 60 metros.

Ya en 1968, el Laboratorio central de hidráulica de Francia, analizó la evolución costera entre 1960 y 1968 en los sectores aledaños a la boca de la Barra. Se reportó que sobre la margen izquierda hubo un retroceso de 200 metros. También se mencionó que sobre la margen derecha de la antigua locación de Puebloviejo se presentó una fuerte erosión entre 1963 y 1964, en donde dos de los tres espolones construidos para evitar este fenómeno natural estaban sumergidos.

Otro de los resultados interesantes ocurrió en el 2008 cuando Invemar adelantó un estudio en el que detectó la probable desviación de las olas que genera la zona de muelles de carbones localizados cerca al sector.

Esto debido a que al encontrarse con la estructura rígida, los frentes de oleajes pueden verse afectados al impactar contra la misma, generando cambios en los patrones de las corrientes producidas por la rotura de la marea sobre la costa, responsables del transporte de sedimentos.

LA OBRA DE MITIGACIÓN

Para contrarrestar la erosión costera de la vía Ciénaga – Barranquilla se instalaron 253 módulos prefabricados en concreto reforzado, anclados unos con otros para conformar una barrera de arrecifes artificiales. Estos fueron colocados a lo largo de 810 metros para evitar el avance del problema.

En sólo el kilómetro 19 fueron invertidos 13 mil millones de pesos de los 22 mil millones que costó la recuperación del litoral costero en varios puntos críticos como Costa Verde e Isla del Rosario.

En el más reciente informe técnico sobre el tema realizado por el ingeniero especialista en dinámica de mares, Serguei Lonín, de la empresa Oceanmet Ltda.- M.N.P. S.A, precisa que estas obras ejecutadas en el 2011 funcionaron durante dos años hasta cuando se presentó la pérdida del material arenoso.

El jefe de la oficina asesora de Gestión del Riesgo del Magdalena, Luis Barraza Escamilla, aseguró que estas obras de protección lograron estabilizar la zona que al momento de su ejecución tenía 30 metros de playa, pero en agosto de 2013 se presentó un fenómeno que provocó la pérdida de material arenoso.

“Por efectos de las corrientes, se descubrió una base de las antiguas torres de interconexión eléctrica, esto generó un proceso de socavación que desestabilizó todo el sector. Formó una especie de canal que se llevó todo el material que estaba ahí”, explicó Barraza.

Aunque la estructura fue demolida en septiembre, el proceso erosivo continuó de forma acelerada.

UNA OBRA DE CONTINGENCIA

Las altas mareas de los últimos meses tienen a la carretera a tan sólo seis metros del mar y con una socavación al pie del talud, lo cual podría desestabilizar en cualquier momento la vía. En este sentido, la firma contratista Edgardo Navarro Vives presentó a la Gobernación del Magdalena un plan de contingencia ambiental que consistía en la construcción de una estructura de protección marginal levantada paralela a la línea de playa, y una barrera de retención de sedimentos.

Este plan hizo parte del estudio oceanográfico realizado por la empresa Oceanmet para determinar las causas de la erosión costera que ha afectado la estabilidad de las obras de protección construidas en el kilómetro 19, donde en el último semestre de 2013 se registró un retroceso de 3 a 4 centímetros.

La primera etapa comprendió la protección marginal, que tiene una longitud aproximada de 350 metros. Esta estructura actúa como una barrera entre la costa vulnerable y la dinámica oceánica, disminuyendo el rompimiento de la ola y evitando que siga causando erosión.

La segunda etapa consistió en la construcción paulatina de tres estructuras de retención, dos de ellas ubicadas para permitir la acumulación de arena proveniente de la deriva del litoral.

Estas obras fueron ejecutadas con bolsacretos ecológicos rellenos de suelocemento, un material que, según los contratistas, no afecta el ambiente, teniendo en cuenta que este tramo está dentro de la Vía Parque Isla de Salamanca.

El costo de estas estructuras de contingencia fue de 450 millones de pesos, asumidos por la firma contratista.

UN PROBLEMA QUE TOCA BOLSILLOS

En el kilómetro 19, el mar amenaza con llevarse parte de la vía Ciénaga- Barranquilla, una de las más transitadas del país, comunica a la capital del Atlántico con Santa Marta y que conecta con el departamento de La Guajira hasta Venezuela.

Este ha sido el detonante para que después de más de diez años, las autoridades regionales y locales volteen sus miradas hacia el problema de erosión costera que amenaza con afectar la economía de la región. “Este problema serio ha sido desatendido, quien le vino a poner el cascabel al gato fue la Gobernación”, dice Luis Barraza, coordinador de Gestión del riesgo.

Para los más escépticos basta sólo un año para tener el mar en la carretera.
“Esto sucede porque las autoridades actúan de forma aislada, por eso experimentan sobre las hipótesis que ejecutan para ver cómo reacciona el fenómeno”, aseguró un funcionario entrevistado.

EN RECUADRO UN NUEVO ESTUDIO

Existe incertidumbre frente al agravamiento que podría tener el problema erosivo si la obra dejará de funcionar. Por esta razón, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales solicita a la Gobernación del Magdalena adelantar un nuevo estudio de impacto ambiental para brindar una solución definitiva al problema.

“La Gobernación no va hacer más estudios, porque ya los adelantó para ejecutar las obras en los diferentes puntos de la vía. No hay capacidad ni técnica ni financiera. No se puede partir de cero porque hay una obra construida que está funcionando como contingencia para un impacto ambiental no previsto”, manifestó el coordinador de Gestión del riesgo.

Actualmente la Universidad del Norte en articulación con las gobernaciones de La Guajira y del Magdalena realizan un proyecto de investigación financiado con recursos de regalías. Un propósito académico que sirve para nutrir de formación, pero liderados por expertos en el tema.

Autoridades ambientales desde la barrera
Las autoridades ambientales y de infraestructura, son las responsables de liderar articuladamente con la Nación y el Departamento las acciones necesarias para contrarrestar definitivamente la erosión costera que se produce en varios puntos de la vía Ciénaga – Barranquilla. Si el Magdalena estuviera representado en el Congreso de la República se habría hecho visible esta problemática en el Gobierno Nacional, el cual hubiese adjudicado recursos para una obra de alta ingeniería. Para vencer este fenómeno natural las instituciones deben unirse conjugando todos los factores biológicos, ecológicos, oceanográficos y de infraestructura.

 

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