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¿Fuego en tierra de quién?

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Humedales han desaparecido por las llamas

Hace más de un mes no deja de salir humo del suelo en los playones donde en las desembocaduras de los ríos que alimentan a la Ciénaga Grande.
1.200 hectáreas consumidas por las llamas y otras 2.000 afectadas, es el balance que entregan las autoridades después de un intenso esfuerzo por mitigar las llamas provocadas por acción del hombre y cuya humareda ha llegado a cubrir gran parte de la zona norte del Magdalena.

Pero más allá de todas las acciones para evitar un daño ecológico, por demás irreversible, la situación que acontece a orillas de la Ciénaga Grande, en la parte sur del municipio de Puebloviejo es aún más preocupante. Allí miles de hectáreas que décadas atrás pertenecían ya sea al área de amortiguación de los ríos o a su desembocadura, están hoy convertidas en fértiles terrenos que se lo disputan terratenientes y colonos en su afán de expandir sus cultivos o de siembra como medio de supervivencia.
Aún no se tiene certeza de los responsables que iniciaron una quema que ha consumido plantas, animales y ha puesto en peligro varios caseríos de los municipios de la Zona Bananera y de Puebloviejo, pero las razones que condujeron a realizar tan peligrosa acción es clara: abrir más terreno aprovechando la poco a agua que viene río arriba.

EL PROBLEMA VIENE DE ARIBA

Para analizar este problema se tienen que recorrer unos diez kilómetros hacia donde inician las zonas bajas de los ríos que abastecen a la Ciénaga Grande de Santa Marta, la más grande en su género del mundo y que es hoy santuario de la flora y fauna nacional.
Algunos de los caudales provienen de la Sierra Nevada y por los menos tres de ellos como Riofrío, Sevilla y Tucurinca, aportan hacia el lado norte del gran lago el agua dulce que requiere para el equilibrarla con la proveniente del mar, esto sumada a las abastecidas desde caños que la comunican con el río Magdalena.

Decenas de cientos de fincas son regadas a diario por las corrientes a través de distritos de riegos, entes que distribuyen por concesión parte de las aguas que llevan los caudales y que a su vez son vigilados para su buen uso por la autoridad ambiental, Corpamag.
La tala de árboles en la parte alta en territorio de la Sierra Nevada, influye para que no tenga una corriente normal, y más bien se abra paso hacia los lados.

Sumado a lo anterior la invasión de los márgenes del río, que mantenía árboles frondosos que servían como barrera en un trayecto de ocho kilómetros desde la línea férrea hasta su antigua desembocadura.

Edgar Santrich, coordinador de operaciones de uno de los distritos de riego que funcionan en el municipio Zona Bananera, Asoriofrío, comenta que un 53% del caudal en su margen derecha es utilizado para proveer a 6.500 hectáreas que albergan unas 540 fincas y que por cosas del intenso verano hoy sólo logran abastecer a un poco más de la mitad de dicha extensión.

El resto de las aguas que corren por Riofrío quedan para parceleros afiliados a la concesión de aguas y que captan un 12% del caudal y otro 22% queda para su curso normal.
El problema es que el poco porcentaje de los que reciben esas aguas los obliga a tener que buscar otros métodos, no legales, para captar el líquido y así poder mantener sus cultivos en su gran mayoría banano, palma y productos cítricos.

Provistos de troncos, pedazos de tablas y latas, sacos llenos de piedras, algunos se las ingenian para tapar el cauce del río, desviar su curso y por efecto de gravedad zanjar para conducir las aguas a las zonas de riego.

“La mayoría son obras artesanales que en época de creciente provoca desbordamientos”, afirma el profesional del área ante una costumbre que data de más de varias, décadas y que viene en aumento por el creciente espacio para la actividad agrícola y ganadera.
El caso del río Riofrío aunque comparte el mismo destino que los otros caudales, tiene la particularidad que su desembocadura fue cambiada en su totalidad.
“Hoy la ciénaga del chino está totalmente sedimentada, llena de maleza y con el problema de aguas estancadas que quedaron ciegas”, describió Edgar Santrich.
Se trata del sitio que por naturaleza desembocaba en la ciénaga y que en la actualidad toma un curso diferente, hacia el río Sevilla que recibe sus aguas.

MÁS Y MÁS TALANQUERAS

Se estima que en la parte baja del rio Riofrío hay unos 15 represamientos ilegales.

Y las consecuencias se notan en la propia desembocaduras que llegan a la Ciénaga Grande, donde el área donde se desparramaban las aguas provenientes de la extinta Ciénaga del Chino se han convertido a la fuerza y desafiando a la naturaleza en tierras cultivables.
“Ahí viene el problema, porque grandes y pequeños finqueros se fueron metiendo en las franjas de la Ciénaga Grande, sedimentándolas, haciéndolas un terreno fértil para cultivo y ganadería”, afirmó Edgar Santrich, quien ha recorrido la zona por más de treinta años.

Aproximadamente una franja de dos kilómetros que debe poseer la Ciénaga Grande, es ahora una extensa zona agrícola.

DISPUTA POR TIERRAS BALDIAS

Por años la práctica de secar tierras pertenecientes a ríos y a la ciénaga ha sido común entre los propietarios de grandes fincas que limitan en el sector, pero hoy las consecuencias ambientales llegan a ser evidentes.

La disminución del flujo de agua dulce quede proveerse a la Ciénaga Grandes ha disminuido. Sumada a la intensa sequía que no avizora su fin, la mayor parte del agua es usada para el riego de tierras, sin importar la cantidad ideal que se debe verter para el equilibrio del ecosistema de la ciénaga.

El otro inconveniente es qué pasa con las nuevas tierras que en su momento eran de la ciénaga y hoy están sedimentadas y ocupadas.
Según el decreto 165 del 2013 del Ministerio de Agricultura estas zonas se les puede reconocer como playones comunales. “Son los terrenos baldíos que periódicamente se inundan con las aguas de las ciénagas que los forman, o con las avenidas de los ríos, los cuales han venido siendo ocupados tradicionalmente y en forma común por los vecinos del lugar”.

El área devastada por el incendio en jurisdicción de Puebloviejo, hace parte de esos playones, y que hoy algunos gozan de títulos de propiedad.

“Hay legalidad en las tierras sedimentadas, porque les aparecen dueños de las zonas, que por más de 25 años se viene presentando y sólo hasta hoy se dan las consecuencias”, aseguró un conocedor de la región que no quiso revelar su identidad.

“Esa quema hay que valorarla mucho. Existe una guerra entre parceleros y colonos que son pequeños agricultores, personas que buscan donde ellos puedan cultivar. Es una guerra que el grande saca el pequeño y este tiene que defenderse”, agregó la fuente consultada.

Según datos del Incoder en el año 2013 sobre el tema de disputa de tierras baldías hubo 488 procesos, que comprometieron a 151 mil hectáreas, quedando todos resueltos. Fueron casos relacionados con adjudicaciones irregulares y apropiación de lagunas, ciénagas y playas.

Según pudo conocer OPINIÓN CARIBE, por parte de funcionarios de la región, hay grandes terrenos de propiedad de poderosas familias que la mayoría residen en Santa Marta que desvían el curso de forma ilegal.

Aunque la autoridad ambiental hace controles a las captaciones ilegales, estas aparecen de nuevo en cualquier punto de los cauces en la Zona Bananera.

Problema similar presenta el río Cataca, el cual su desembocadura se ha reducido a un pequeño porcentaje hacia la ciénaga.
Allí, la población de Bocas de Cataca se ve en la necesidad de recorrer hasta un kilómetro en busca de agua para su subsistencia.

“Esos playones son zonas baldías, pero la única forma de hacerse dueño es sembrando”, explicó un funcionario local.

Sobre la legalización de esos terrenos dijo: “Incoder puede hacer de todo”.

Asegura la persona que ya ha sido amenazada por cuestionar estos temas que los incendios se harán más frecuentes y más bien aumentarán porque simplemente no hay control.

El administrador de la finca Marín, Carlos Vergara, había denunciado días atrás ante los medios, que en los predios de propiedad del señor Carlos Lacouture, estaban un grupo aproximado de 35 personas, que se hacen llamar el ‘Comité’, lideradas por Manuel Berrío conocido como el ‘Pastor’.

En su declaración relata que “han tratado de meterse a la fuerza, y le han hallado cuero de reses en un matadero clandestino que tenían allí”, relacionando este hecho con un robo de ganado que se le presentado en las tierras que maneja.

“Estas gente fue la que inició las quemas tratando de alegar posesión de tierras, pero se les fue de las manos y se fueron cientos de hectáreas quemadas”, explicó el administrador del predio.

Joaquin Rebollo Bustamante, de la finca El Bongo, también denuncia el cierre del río, que es donde riegan los lotes.
“La gente que quieren tierras las seca a la fuerza, taponando el río y el ganado no tiene donde comer”, manifestó.
Responsabiliza a Corpamag porque según desde hace dos meses viene conociendo el caso de la muerte de animales y no ha tomado acciones determinantes al respecto.

Zoila Bolívar residente en la zona aseguró que “de nada sirven que las autoridades vengan y controlen y al día siguiente lleguen personas y quemen de nuevo por 20 mil pesos que les paguen”.

Afirmó que las tierras son adjudicadas por el Incoder y que dicen ser dueños. “Tienen adjudicaciones con colindantes que no existen en la región y vienen tomando posesión de esto por los medios que sean”.

La pelea ha llegado el punto de extender las zonas de los playones con sus cercas los hacendados, antes que sean invadidas por los colones, que en algunos casos ambos realizan la quema de plantaciones para allanar el terreno fértil.

DAÑO IRREVERSIBLE

Quienes han recorrido en sus embarcaciones las extensas zonas de la ciénaga recuerdan como en las desembocaduras de los ríos verdosos humedales cubiertos de juncos manglares y eneas era el sitio de reunión de cientos de especies acuáticas y terrestres que ya no tienen un hábitat.

Aves migratorias como guacharacas y barraquetes, completaban el paraíso que hoy solo quedaron en cenizas y fuego ardiendo bajo tierra.

Las llamas incontrolables tomaron fuerza a la estructura natural de las plantas como la enea, un rizoma cuyo tallo se extiendo por cientos de metros de forma subterránea. La resequedad del árbol propició la propagación del fuego complicando la tarea de bomberos y personal voluntario dedicado a extinguir las llamas.

“Ahora los finqueros han tenido que prestar sus máquinas, para que en planchones retroexcavadoras abran caños para que lleguen a los antiguos humedales”, explicó la Capitana Lourdes Peña, comandante del Cuerpo de Bomberos de Ciénaga.

Una tarea que pudo evitarse de no haber sido porque los mismos dueños de esas grandes fincas se encargaron de taponar los caños.

Pero para el pescador Juan Bautista Obispo hay once caños estancados. “Hace más de 30 años, cuando estaba el Inderena, se prohibió la tala de leña y mangle y a raíz de ello los caños se fueron llenando de maleza, impidiendo el paso de las aguas dulces hacia la ciénaga”.

Según el veterano habitante del corregimiento de Sevillano, la poca agua que ha llegado a la ciénaga ha permitido que la proveniente del mar haga escasear peces que comúnmente se encuentran.
Especies como el mapalé, róbalo, carita, chivo, se han ido desapareciendo poco a poco.

“El hijo mío salió ayer bien temprano con su compañero a pescar, vinieron hoy en la tarde; se gastaron 20 mil pesos en la faena y sólo trajeron 7 mil pesos de pescado que vender”, relata con frustración don Juan Bautista.
La situación ha llegado a tal extremo que los pescadores tienen que ir al otro lado de la ciénaga, cerca al río Magdalena, para buscar su sustento.

Para él pescador esto va empeorar: “Estamos viendo como la ciénaga grande se nos va a convertir en una salina, porque el mar que no tiene límites”.

RESPUESTA A MEDIAS DE LA AUTORIDAD

Según fuentes consultadas en la Corporación Autónoma Regional, la situación del gran incendio está controlada en un 80%, pero les preocupa el incremento de las prácticas para extender áreas cultivables.
“Aquí falta la autoridad de una entidad como el Incoder, que legalizan terrenos que son zonas de amortiguación de los caudales”, refirió un funcionario de Corpamag.

También da una explicación a la situación de especies que ya no encuentran en la ciénaga y a la última mortandad de peces, fenómeno ya común. “Es algo cíclico, mientras las temperaturas aumenten, menos oxígeno consumen los peces y estos mueren”.

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