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Más de las redes sociales

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Saúl Alfonso Herrera

El avance tecnológico lo he referido en artículo anterior, ha proyectado rápidos cambios en los sistemas políticos tradicionales, debido a que el número de poderes formales e informales, esencia del juego democrático, ha sido incrementado y diferenciado en proporciones antes impensadas.

En el siglo XVIII (o de la Ilustración), se habló de los tres poderes formales del Estado, base de la construcción de las democracias constitucionales (Ejecutivo, Legislativo y Judicial), para evitar la concentración y el abuso por parte de uno solo de ellos. 

Igualmente, se reconoció un cuarto poder, que dio a la prensa y a sus similares el papel de veedores del funcionamiento del ejercicio público, los que bien ejercido ayudan a mejorar la rendición de cuentas al generar contrapesos, estimular la crítica y evidenciar los excesos del poder; pero, no obstante, su capital importancia, los poderes han sido exiguos para el eficiente funcionamiento de los sistemas políticos del presente siglo, dado que Internet, redes sociales y tecnología móvil dan a la ciudadanía herramientas para manifestarse y actuar. 

Las nuevas y novísimas formas de comunicación y participación de la ciudadanía, interconectada en tiempo real, indican la aparición de otro poder, independiente, impredecible, insurrecto. Un nuevo modo de presión social en el que ciudadanos en línea con sus computadoras y teléfonos inteligentes, debaten y expresan opiniones, críticas, juicios sumarios; de ahí que se diga que las redes sociales virtuales son el quinto poder y se les reconozca como el nuevo activismo ciudadano habilitado por actuales tecnologías, lo que para una verdadera democracia o gobierno de opinión, como la define Albert Venn Dicey, es importante al estar los ciudadanos cada vez más en línea, saber que la desconfianza ciudadana en las instituciones continúa siendo preocupante y sigue creciendo la desconfianza respecto de los medios tradicionales. 

Las redes sociales están equiparando a los medios tradicionales de difusión como fuentes principales de consumo de noticias; y, crecientemente, las mismas cada día y cada vez más adquiere mayor poder; y aunque decir hoy que es un determinante efecto de presión y cambio social sea exagerado, es innegable que por su instantaneidad ha influido la naturaleza del juego político.

Entender esta nueva dinámica y adaptarse a ella es un desafío a cumplir para la democracia contemporánea, ya que sirven ellas para informarse, generar opiniones y difundirlas gracias a diversos factores, pues al ser abiertas, gratuitas y de fácil acceso, estimulan su uso, permiten un diálogo más abierto y horizontal, ayudan a dar a conocer asuntos de interés de manera más oportuna, contribuyendo a hacer más público lo público, exponer el ejercicio de gobierno, una mayor pluralidad de ideas lo que amplía y diversifica el análisis, diálogo, discusión y debate de temas, han ayudado a romper el cerco informativo que algunos medios presentan, abrir espacios que actúan de manera independiente; y, crear una nueva dinámica en la relación políticos y ciudadanos, la cual puede ser ventajosa o no dependiendo del uso que se dé a las hoy tan necesarias redes sociales virtuales.

 

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